En Estados Unidos el pasado martes 3 de noviembre se celebraron elecciones generales y muchas locales. Se renovaba parte del Senado y toda la Cámara de Representantes, además de las elecciones presidenciales.
Biden y Harris, del Partido Demócrata, han lanzado un discurso ganador tras superar los 279 votos electorales con lo que matemáticamente ya serían presidente y vicepresidenta respectivamente. Mientras tanto, Trump, el actual presidente y candidato del Partido Republicano, lleva denunciando fraude electoral desde antes de la jornada de votación. Se proclamó vencedor el martes y ha intentado que se pare de contar los votos.
Llevo demasiado tiempo sin actualizar la web, ni avisé del final de la campaña de VoraZ Desangre (¡y ya lo hemos hasta presentado!). Y muchas cosas han pasado, desde la conformación del primer gobierno de coalición en España hasta las elecciones extraordinarias en Perú, pasando por varios hechos relevantes (y absurdos) que me he quedado con ganas de comentar. En fin, que ando sin comunicar porque no consigo sacar tiempo, por un lado, y darle una forma correcta al texto… por ahora, les traigo unas pequeñas recomendaciones de lecturas:
En estas épocas de constantes repeticiones electorales, adelantos y otras historias, se han concentrado muchas elecciones en poco tiempo. Las he intentado seguir (no todas, pero sí la mayoría), aunque no he escrito nada al respecto… al menos nada específico. Acá les dejo enlaces a resultados de cuatro de estos procesos electorales (así pruebo, de paso, lo de incrustar enlace):
Martín Alberto
Vizcarra Cornejo, presidente constitucional de Perú tras asumir
el cargo cuando dimitió Pedro Pablo Kuczynski, presentó una
Cuestión de Confianza junto con el proyecto que reformaba el
procedimiento de elección de los miembros del Tribunal
Constitucional; el Congreso de la República pasó tanto de la
cuestión como del proyecto y siguió tramitando los nombramientos
(produciéndose uno de ellos); el presidente de la república
entendió que esta era una forma de «rechazo tácito» de la
cuestión de confianza planteada y, por tanto, al cumplirse dos
cuestiones denegadas (el Presidente ha presentado tres, una se votó
a favor, otra en contra y esta no se votó realmente), Vizcarra se
sintió legitimado por el art. 134.º de la Constitución Política
del Perú para disolver el Congreso de la República y llamar
elecciones para este órgano (institución, cabe recordar, de las más
rechazadas por la ciudadanía).
2019 posiblemente pase como el año con más comicios en la historia reciente española. En casi todo el país se han celebrado: elecciones generales (abril 2019), elecciones al Parlamento Europeo, elecciones autonómicas (en casi todo el país) y elecciones locales
(estas tres, a la vez en mayo del presente año). El 10 de noviembre,
salvo cosa rarísima y casi imposible que ocurra mañana, habrá elecciones
generales nuevamente.
La historia de Sánchez, líder del PSOE, es curiosa: intentó la presidencia perteneciendo al partido que quedó segundo en el Congreso de los Diputados tras las elecciones de fines de 2015; lo intentó con un matrimonio con la derecha (con Ciudadanos), en ese momento el cuarto partido. No consiguió el apoyo de su izquierda (Podemos, principalmente, tercer partido, mucho más fuerte entonces que ahora, sea dicho) y solo otro partido de derechas votó con ellos (CC). No salió elegido, claro. Dos meses después se repetía la ronda de consultas y nadie se presentó. Acá hay que destacar algo: Mariano Rajoy, presidente del gobierno español y líder del partido ganador, no lo intentó. Ni en la primera ronda ni en la segunda. Ofreció una suerte de gran coalición y, como no salió, se quedó a la espera del fracaso del PSOE.
En
esta entrada, a diferencia de la del
tema laboral, no voy a recoger todas las principales propuestas
de los distintos programas sobre este tema (más adelante lo
explico), sino que resumiré lo que entiendo de las distintas
propuestas que tienen que ver con el Estado. Por supuesto, es una
lectura subjetiva apoyada en lo que aparece en los programas. Sí que
haré referencia a medidas concretas que me parecen especialmente
relevantes (para lo bueno y para lo malo, claro).
Intentaré no extenderme mucho.
En un tema anterior, coloqué todos los programas electorales, ahora voy a hablar un poco sobre las medidas en distintos apartados. Antes de comenzar, tres cosillas: a) verán mi opinión incluida dentro de todos los textos, esta es una lectura personal de los programas políticos, que si bien intenta ser «divulgativa» (contar lo que ahí ponen) es totalmente «subjetiva» (lo cuento desde mi postura); b) también es posible que alguna medida propuesta por algún partido no esté reflejada; puede ser porque me pareció que no significaba nada o porque se me escapó por completo; y c) el orden de los partidos es el de la proclamación en el BOE.
Como pueden observar en la tabla, es casi un triple empate: los socialdemócratas de Antti Juhani Rinne, Suomen Sosialidemokraattinen Puolue (SDP), consiguen imponerse por la mínima, pasando del cuarto al primer puesto con una pequeña diferencia, colocándose como primer partido con 40 diputados de 200 totales (aunque está lejos del resultado con el que ganó la última vez, en 1999, con el 28.3% y 63 parlamentarios). Entre el veto dado por las otras dos grandes formaciones de derechas dado en 2017 a Verdaderos Finlandeses y la tradición de «grandes coaliciones», todo hace prever que Rinne, exministro en un gobierno presidido por la Coalición Nacional, pueda ser el próximo primer ministro. [Continúe leyendo en Elecciones De Igual a Igual].
Uno de los lugares comunes tras las elecciones andaluzas que, finalmente, han supuesto la investidura de Moreno Bonilla (PP) como presidente de Andalucía, es que gracias a que iban por separado las derechas (PP, Ciudadanos y Vox) consiguieron sumar más. Esta afirmación se puede entender de dos formas, y se puede usar a Adelante Andalucía (la unión, entre otros, de Podemos e Izquierda Unida) como contraejemplo.
¿Qué entendemos con que si iban separados «ganaron más»? Acá he escuchado dos explicaciones distintas: una es que el votante desencantado con un partido como el PP (que ha perdido muchísimos votos) tuvo otros partidos de derechas con posibilidades reales de tener diputados para votar, así Ciudadanos (más «hacia» el centro) o Vox (más «hacia» la derecha) se presentaban como sustitutivos. De esta forma, el votante de derechas tenía a quién votar y podía ser movilizado. Si esta es la interpretación, nada que objetar. Es una afirmación atrevida pero posiblemente cierta. Acá es donde la unión en las izquierdas nos sirve como contraejemplo: que fueran en una candidatura en vez de permitir que se sumen los votos que cada una tenía por separado, ha supuesto una disminución fuerte de la presencia electoral. Nada nos permite pensar que por separado tendrían más votos (la otra fórmula «a la izquierda», el propio PSOE, cayó mucho), pero sí es cierto que una unión de partidos no produce una simple suma de sus votaciones anteriores.
Con una participación baja (58%, 4 puntos menos que en 2015), el PSOE
vuelve a vencer en las elecciones andaluzas, pero perdiendo votos y
escaños y, posiblemente, el gobierno de la comunidad… una autonomía
que lleva gobernando desde que existe. La ultraderecha de Vox entra con
fuerza, obteniendo 12 escaños, según resultados oficiales al 99,9%. Siga leyendo en Elecciones – De Igual a Igual.
Durante toda la campaña se ha repetido que el «sistema electoral» en Cataluña «favorece a los nacionalistas», al punto que la propia Arrimadas, vencedora de los comicios, en su primer discurso soltó la perla que habían conseguido 37 escaños a pesar de ese sistema injusto, «copia del español». La candidata de Ciudadanos aseguró que con una ley más justa habrían conseguido más escaños, obviando que ellos están, actualmente, sobrerrepresentados en la cámara, ocupan el 27% con el 25% de los votos (los tres primeros partidos están en esa situación, luego lo veremos). Es lo que tiene aprenderse un discurso sin entender de dónde viene la queja. [Continúe leyendo en Elecciones D=a=].
Ciutadans-Partido de la Ciudadanía (C’s) pasa a ser la primera fuerza política del parlamento catalán, pero no parece que sea suficiente.
En una situación cuando menos extraña, en un día nada habitual (jueves), se celebraron elecciones al Parlamento Autonómico de Cataluña. Una comunidad autónoma intervenida se vio abocada a elecciones anticipadas tras la declaración de independencia (suspendida inmediatamente por el propio gobierno catalán). La coalición que gobernaba (entre el PDECat y ERC) se disolvió. Entre tanto, el candidato presidencial de una de las formaciones fue puesto en prisión preventiva mientras que el otro se encuentra exiliado en Bélgica… Parece, en todo caso, que los bloques no se han movido mucho desde 2015. [Continúe leyendo en Elecciones – D=a=].
Hace ya muchos años, en Costa Rica se abrió un camino curioso: una norma constitucional puede devenir en inconstitucional, apoyada (al menos en parte) en el Derecho Internacional. Explico un poco el caso: en 1969 se realiza una reforma rápida de la Constitución Política de Costa Rica en que se prohíbe tajantemente la reelección presidencial (para cualquier periodo, no solo la reelección consecutiva); en 2003, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de dicho país decide (sentencia n.º 02771/2003, PDF) que dicho precepto incorporado a la constitución es inconstitucional y lo declara nulo. ¿Con qué argumentos? Básicamente dos: una Asamblea Legislativa ordinaria, que realice una reforma parcial de la Constitución, no puede restringir los derechos fundamentales de las personas (en este caso: el sufragio pasivo); estos derechos solo los puede regular el Poder Constituyente, no un poder constituido. El segundo argumento es que ese límite impuesto vulneraría la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH, copia en PDF), en concreto, sobrepasaría los límites posibles determinados en el apartado 2 del artículo 23 sobre el apartado 1 de dicho artículo, esto es, que no se puede limitar los derechos políticos (sufragio) por ya haber ejercido un cargo (como nota interesante, la reforma del 69 es un año anterior a la ratificación de la CADH por ese país).
El chavismo oficialista tiene un discurso victorioso del que no se baja, aunque le contradigan los resultados
El presidente Nicolás Maduro salió a declarar, tras los comicios para la Asamblea Constituyente, que había sido la mejor jornada electoral… ¿Cómo? ¿Con al menos 10 muertos en todo el país? (La oposición habla de 17, pero 10 están admitidos). Ojo, algunos de los casos «claros» de asesinatos se dieron con tiroteos desde motocicletas contra una manifestación. Si eso es «ganó la paz» y «tranquilidad» (que afirman desde el Poder Electoral), vamos mal con los conceptos. ¿Cómo puede ser «una de las participaciones más emblemáticas que ha logrado la Revolución Bolivariana en estos 18 años», que afirmó Maduro? Estamos hablando de un 41,53% de participación, menos de la mitad de los llamados a votar, veamos las dos últimas elecciones a la Asamblea Nacional: 2010, 66,45%; 2015, 74,17%. Es cierto que la participación fue mayor que en 2005 (las últimas elecciones boicoteadas por la oposición), donde la participación se quedó en el 25,26%; por lo visto, esta como la del 2005, al gobierno le da igual cuántos voten mientras le voten a su opción. [Continúe leyendo en Elecciones – De Igual a Igual].