Es muy difícil que me sienta cómodo con un partido. Por varias razones, sin dudas una de ellas es mi propia posición ideológica, bastante incompatible con cualquier partido que se mueva más o menos cómodo en el estado actual de las cosas. Pero esto es algo que ya sé. Así que intento un voto más o menos útil (sin pasarnos en el pragmatismo) dentro de los partidos que quepan en una horquilla de posibilidades y que, además, no hayan cruzado líneas rojas (esto es importante, quizá el partido tiene dos o tres propuestas que me gusten, pero si tiene propuestas que atentan contra los derechos de otras personas o no apoyan a colectivos vulnerables, no puedo votar por ellos; al menos no en primera vuelta; en segunda vuelta siempre, en Perú, he votado al «mal menor»).
Esto me ha llevado, en general, a tener dos o tres opciones de voto; en Perú, además, me suelo fijar en las candidaturas al Congreso (ahora Senado y Congreso) para ver si dentro de esas opciones hay personas en concreto que me gustaría apoyar (por el voto preferente), luego eso puede ser una gran pifia, pero nadie tiene una bola de cristal y a veces pasa. Si dudo entre dos o tres partidos, decanta el voto esta posibilidad de apoyar candidaturas específicas.
En estas elecciones no me pasa.
Siga leyendo…












