Cábala sobre la reforma laboral (I)

Cartel editado de un primero de mayo en Valladolid

Hace unos años (¡cómo pasa el tiempo!) le di bastante «caña» a eso de la reforma laboral, al punto de que todo acabó recopilado en un librito muy majo que está disponible para su descarga gratuita; desde las izquierdas y no tan izquierdas (sí, pienso en el PSOE) se habla y hablaba de derogar la reforma del gobierno de Mariano Rajoy y, ahora, el tema casi cuesta un gobierno de coalición. En parte porque un ala del PSOE sí está cómoda con ciertas reformas del PP (no podemos obviar algo claro: la primera reforma antitrabajadoras fue la de Rodríguez Zapatero en 2010; las reformas del 2012 se presentaron como una continuación de esa puñalada asestada dos años antes por el gobierno del PSOE). Esta minisaga de artículos es una «apuesta» de qué se va a tocar y qué no, referida fundamentalmente a lo que se reformó en el 2012 (porque la reforma tocará más artículos, eso fijo).

Antes de eso, un pequeño recordatorio: no es obligatorio el acuerdo con los agentes sociales. Que sí, que está muy bien el pacto con sindicatos y patronales, que eso siempre viene bien, pero que no puede ser impedimento para ninguna reforma. Ojo, quienes están defendiendo esto a capa y espada son, fundamentalmente, los que quieren mantener la «reforma de 2012» que, recordemos, no tuvo acuerdo (¡si hasta fuimos a huelgas generales y protestas!, tanto en el 2010 como en el 2012). Vamos, no sé por qué se tiene que asumir la necesidad de pacto para reformar algo que no vino de un pacto previo (de hecho, es una razón más para cambiar esos puntos, si tanto se defiende la necesidad de acuerdo con patronales y sindicatos). Pero está bien que se negocio y pacte esto, no digo lo contrario, solo recuerdo de dónde vienen esas reformas y que no es un requisito por ningún lado (además del doble rasero que supone el pedirlo para variar algo que se hizo sin acuerdo).

Bien, comencemos por el final: ¿es posible sacar una ley solo para derogar otra? Sí. Hace poco se publicó una que su único artículo (después de una larga exposición de motivos) era derogar otra ley. Punto. No traía legislación nueva, simplemente derogaba una ley que, en la práctica, ya no se podía aplicar (las competencias están cedidas) y que mantenerla creaba más confusión que quitarla de cuajo. Se hizo y punto. También se podría hacer de otras dos formas: pones como nuevo articulado lo que era el antiguo articulado o derogas una ley y mencionas como vigente el articulado anterior (que, aunque en la práctica es lo mismo, resulta increíblemente más confuso y mejor si se hace declarando el nuevo articulado).

(Sí, he dicho muchas veces «articulado»).

En todo caso, acá nos encontramos con algo: el Estatuto de los Trabajadores no es el mismo que en 2012. No me refiero a lo típico de «ha sido reformado muchas veces», es que directamente no es el mismo. Las reformas de 2012 operaron sobre el Real Decreto Legislativo 1/1995, de 24 de marzo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores (ET95, desde ahora), mientras que actualmente está vigente el Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores (ET, desde ahora). Ambos son «reales decretos legislativos», esto significa que son «legislación delegada» normalmente para pulir, aclarar y fundir normas. Los dos ET tienen las normas prácticamente en su mismo sitio, pero ya no podemos hacer eso de derogar una norma (reforma de 2012) para decir que está vigente lo anterior (porque sería decir que está vigente el ET95 en esos artículos, lo que a su vez derogaría los mismos preceptos del ET actual).

¿Se puede hablar de derogación formalmente hablando? Sí, claro, cuando se modifica un artículo se deroga su versión anterior (pero eso pasa siempre). En realidad, y esto sí que lo dicen personas metidas en los partidos de la coalición gobernante, hablamos de una derogación «sustantiva», esto es, que esas cosas por las que protestamos en el 2012 (porque con el PSOE en este fregado difícilmente nos meteremos con la de 2010) se cambien… ¿en el sentido que estaban antes del 2012? Y ese es el tema de fondo, que igual ni conviene dejarlo igual que en enero de 2012, algunas cosas se han modificado posteriormente y otras dudo mucho que se vuelvan a cambiar o, lo que es peor, otras que sí se modifican no lo harán con efecto retroactivo. Algunas de las cosas de 2012 ya no existen y hay otros cambios que igual sí conviene mantenerlos (o que el PSOE y la patronal querrán mantener y sindicatos junto con UP cederán en pos de un acuerdo global).

La reforma de 2012 en realidad se hizo en dos pasos: real decreto ley y luego una ley; esta ley modificaba el RDL en algunos puntos, iba más allá en otros y copiaba y pegaba la mayoría de las normas. Aunque se habla como «una» reforma, al final lo que quedó fue la segunda (que reemplazaba a la primera). Durante el 2012 también se reformaron otros artículos (fuera de lo que fue la «gran reforma») y el ET95 se siguió modificando los años siguientes; luego llegó el ET actual que, a su vez, ha sido modificado varias veces.

Así que vamos a tener la Ley 3/2012, de 6 de julio, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral como referente cuando hablamos de «la reforma de 2012», que es básicamente lo mismo que lo traído en el librito que se basa, a su vez, en el Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral. Por supuesto, la Ley 3/2012 no solo modificó el ET, sino que tuvo su propio articulado que, a su vez, fue modificado por leyes posteriores (de hecho, la última reforma de esta ley se hizo mediante la Ley 11/2020, de diciembre del año pasado). La Ley 3/2012 contiene normativa nueva que tampoco conviene simplemente derogar, por cierto.

Ahora sí, vamos a algunos puntos del articulado… bueno, lo hago en las próximas publicaciones.

3 comentarios en «Cábala sobre la reforma laboral (I)»

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