Correa, Socialismos y otros

«El Socialismo del Siglo XXI™ no tiene modelos económicos sino ideas» dice Correa. Repito un par de veces la frase para conseguir tragarla. Esta es la tercera vía. No, es la cuarta. Es la de Dieterich, ese invento futurista que se reclama marxista pero no llega ni a socialista en los postulados más básicos. Lo mejor de este nuevo Socialismo del Siglo XXI es que resulta totalmente cambiante, y no tiene ningún problema de vivir del capitalismo de Estado (capitalismo a fin de cuentas) como lo hace China desde hace muchos años (¿Son los pervertidores del maoísmo una suerte de visionarios del Socialismo del Siglo XXI y nadie se ha dado cuenta?), no tiene problemas de coherencia, porque siempre enarbolará la bandera del cambio constante. Es práctica, no cabe duda.

Leo a Correa, juega a dos bandas, esto es, tranquiliza a los inversores nacionales y extranjeros (sobre todo a los extranjeros) pidiendo más inversiones y diciendo que si la empresa se porta bien (paga impuestos, respeta las leyes laborales y el medio ambiente) Ecuador se portará bien con la empresa. Sin olvidar que, dentro de los postulados soberanistas del movimiento de Correa, está la pretensión de recobrar una moneda propia… Correa, este detalle, lo pone como un objetivo a largo plazo. A su vez, apunta su mira a las petroleras, la pela es la pela, pensará, y una cosa es hablar bien de Movistar (a la que revisará la concesión pero ya ha sido mencionada como la «más cumplidora») y otra es olvidarse de las petroleras, que tanto ganan y tan poco dan, máxime cuando sus contratos son de una época en que el barril estaba cuatro veces más barato que el precio de ahora. No pues, no es justa esa situación.

Gastar mucho en lo importante (educación y sanidad, indispensable sin lugar a dudas) y seguir con la línea semicontinuista en lo económico, haciendo cambios acá y allá (tal vez fundamentales en la raíz, a tanto no llego). Prudencia que algunos llamarían, socialismo del Siglo XXI también vale como etiqueta, siempre y cuando sirva para atraer un poco de petrodólares del vecino bolivariano. Oiga, que reconstruir un país sumido en la miseria y las crisis políticas gracias a una oligarquía burguesa apestosa no es nada fácil, y, sobre todo, no es nada barato. Cualquier ayuda en dinero es bien recibida, y si hay que hablar de Socialismo del Siglo XXI, se habla.

Correa, al igual que Chávez, avisa que su plan no es nacionalizar todo lo que se le cruce enfrente, recuerda, como lo hace el ideólogo del Socialismo del Siglo XXI, que estatizar no es sinónimo de realizar la revolución socialista (recordemos que en este Socialismo del Siglo XXI la economía mixta -tan socialdemócrata ella- es la principal basa para equilibrar las fuerzas y llevar a la clase revolucionaria -no el proletariado, sino los afectados por el imperialismo rebautizado como neoliberalismo, siendo estos afectados también los burgueses subregionales- a realizar la transformación social). Lástima que Chávez, que también se afana en recordar que no se debe estatizar todo (en referencia sobre todo a las viviendas privadas, olvidándose por completo del valor de la propiedad inmobiliaria y de la necesidad de la socialización de los espacios por ella ocupada), pero muchas veces estatiza sin socializar (como fue el caso de RCTV). Espero que Correa no caiga en esos errores del chavismo, y que en realidad la parte del discurso socialista siglo veintiunero sea sobre todo para ganarse un aliado adinerado más que un convencimiento programático real (porque poco programa veo en ese socialismo autoritario que no pasa de una socialdemocracia de caciques y clientelismo medianoburgués).

Creo realmente que Correa no quiere caer en los errores, frente a la opinión pública extranjera sobre todo, de su compadre Chávez, y tiene un par de gestos que le honran y que, espero, sean realidad. Elecciones tras la constituyente y que no se quiere quedar con el cargo demasiado tiempo (perpetuarse dijo), tras la constituyente borrón y cuenta nueva de los mandatarios, y esperemos que sea tras una buena constitución que ayude a sacar adelante al país, a darle una seguridad jurídica de la que no cuenta desde hace un par de décadas (y el desfile de presidentes en el último es un buen ejemplo de ello), y todo ello con un programa que sí se acuerde de los más desfavorecidos, que son la gran mayoría de nuestros hermanos norteños. Hay que seguir de cerca la experiencia en Ecuador, a ver qué tal la encausan (hay momentos en que lo han hecho demasiado mal, aunque han tratado de corregir el rumbo, y otros que han ido bien, y esperemos que no se desvíen del camino…).

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Para la próxima entrada prometo estructurar el contenido.

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