Por el derecho de quemar símbolos

Muchos reconocen la figura de los reyes como símbolos, incluso muchos constitucionalistas hablan de que el verdadero papel de la monarquía es ser símbolo del Estado actual, muestra inequívoca de la Unidad final y del funcionamiento como Estado Social, Democrático y de Derecho que debe ser España. Vamos, como la bandera, escudo incluido. Así pues, dentro de esa idea, hay que admitir el derecho a quemar Símbolos. El derecho subjetivo, quiero decir, no el Derecho objetivo. Pocas cosas se me ocurren más anacrónicas o autoritarias que un Estado que prohiba a sus ciudadanos manifestarse, sin hacer daños a otros (contando, incluso, sus propiedades) si es que irán contra un símbolo de la patria. Sobre todo cuando la manifestación, siempre simbólica, va contra lo que representa un símbolo concreto, o una institución que se ve reflejada en dicho símbolo.

Hay que entender, en este contexto, que el Rey es un símbolo odiado no sólo por los nacionalismos periféricos (muchos de ellos, que tanto hablan de derechos históricos, debieran acordarse de quién es su Señor, y por qué lo es), sino también detestado por cualquier republicano, sea o no accidentalista (aunque un accidentalista le da un poco más igual que el Rey esté ahí), y por tanto, atacar la figura del rey, y la institución monárquica no es un ataque frontal a la Unidad de España y todo lo que ello conlleva, el tener Rey no es garantía de Unidad, y el no tenerlo (en las dos ocasiones que ha pasado en España) no ha supuesto la independencia de ninguna parte de España, cosa que con Rey mediante sí ha pasado (toda la descolonización, sin ir más lejos). Aunque sí, si hablamos de la quema de reyes por parte de seguidores de Esquerra Republicana en tierras catalanas, parte de la simbólica quema de la monarquía representada en las fotos de Don Juan Carlos I, Rey por la Gracia de Dios, Franco y el Constituyente, supone por supuesto una declaración independentista, contraria a una unidad forjada (siempre para ellos) bajo el yugo de la dominación, y en esa idea contribuye la actitud perpetua de la Corona Española.


Volviendo al tema: La quema de Símbolos

La derecha españolista pide, desea, exige, que se reprima fuertemente a los quemadores de fotos, puesto que están atacando a España (llevan la protesta a un nivel de revolución armada nunca vistos en esta España que tanto adoran), y al Rey, menoscabando su dignidad. Lo mismo con las banderas, ponen el grito en el cielo cuando una bandera española es quemada en un acto, sea en el País Vasco o en Cataluña, como si pasa en Aguilar de Campoo, acá nadie se salva, los signo de la patria son intocables para estas personas que reniegan de Educación para la Ciudadanía y olvidan la asignatura de Formación del Espíritu Nacional existente antaño, en esa época en los que ellos defienden que la educación era más libre. Se ha vuelto un arma política arrojadiza, en la que el gobierno no se quiere mojar. Condena pero no actúa, es su actitud.

¿Cómo es posible que la quema de símbolos nacionales sea un delito? ¿Cómo es posible que en el transcurso de una manifestación contra lo que representa un símbolo no se pueda hacer nada para no caer en alguna figura delictiva? ¿Cómo es posible que una foto del Rey necesite tamaña protección? ¿Cómo es posible sacralizar tantas cosas en un país aconfesional? ¿Cómo es posible que se quiera coartar de esta forma una manifestación de la expresión? Sí, de la libertad de Expresión. No están quemando un edificio público, ni a una persona, es un acto simbólico, y se debe entender de esa forma, únicamente. No van a atentar contra todos los españoles, ni contra el Rey. No querer entender eso es ir contra la razón.

Ahora, si se reprimen estas manifestaciones, sobre todo a posteriori, se fomenta su repetición (eso lo vimos con la quema de las fotos del rey, fue simple, una manifestación como otra cualquiera en que se quema una foto del monarca constitucional y la fiscalía, por lo que sea, encausa a uno de los participantes, ¿Qué se consiguió? que medio mundo, más ajeno a esas manifestaciones, se solidarizaran con el brevemente encausado, y que se quemaran muchas más fotos del Rey). ¿Alguien cree que la quema de una foto suponga un desprestigio del Rey o la unidad de la Corona, o incluso una amenaza real contra los monarcas? Por supuesto que no, entre quienes se manifiestan odian la monarquía y a quien la representa, y quienes están al frente, viendo la manifestación, la idea pro o en contra de la monarquía no cambiará.

Pero quemar un símbolo es algo más, es, en sí mismo, otro símbolo. Y es lo importante, es una manifestación de la libertad de Expresión que no hace daño a nadie (esto es importante, no confundamos quemar una foto con quemar una persona, quemar una bandera con quemar un edificio público lleno de gente), y hay que ser muy nacionalista, de la forma más irracional y represora, para querer encausar a todo aquél que realice una quema simbólica de algo, ya lo hemos visto muchas veces cuando en el País Vasco se quemaban banderas de España. Que se queme una bandera o la foto del Rey, para algunos grupos, es exactamente lo mismo (la carga simbólica del acto) y no tiene nada que ver con la persona concreta (esto es, se odiará igual a Juan Carlos I que a Felipe), ni es una amenaza a su persona (de forma real y directa).

La derecha española, que tantas veces se ha burlado o condenado de la quema de banderas estadounidenses en manifestaciones contra Bush y sus actos, se olvida que en Estados Unidos esa quema de banderas, de símbolos, fueron declarados como manifestación de la Libertad de Expresión; como bien nos recuerda Javier Valenzuela en un artículo en El Plural. La quema de banderas es habitual en esas tierras, y aunque la Derecha rancia es Derecha rancia en todos los países, y en esas tierras aún intenten volver en delito Federal lo que el TS considera constitucional (por suerte, el TS o la otra cámara ha parado los pies a estas medidas criminalizadoras). Es importante entender la necesidad de la queja, del berrinche, del pataleo, y todo ello sobre los símbolos nacionales, en tanto que representan el ahora contra el que ese grupo lucha.

La quema de fotos de reyes se ha presentado como un ataque intolerable a las instituciones, como un acto de kale Borroka (máxime expresión de la exageración y la confusión, una cosa no tiene nada que ver con la otra por ninguna parte, pero por ninguna), como el más pueril de los actos. Y no entiendo, realmente no entiendo, por qué. ¿Por qué es distinta una manifestación independentista en que se quema un trozo de tela o una foto de una en que no se quema nada? Lo que se pide es lo mismo. Hay una carga simbólica visual distinta, pero, más allá de la molestia de ver tus símbolos quemados, el efecto de un grito o la quema de una bandera es el mismo. Pero hay que entender algo de nuestra derecha rancia. Es nacionalista, y su nación está por encima del resto de cuestiones, y la libertad sólo existe, o debe existir, en el mercado -si es que ellos lo controlan, además-.

Así que desde esta pequeña tribuna abogo por el derecho de quemar símbolos, patrios o no, como sana demostración de la libertad de expresión y del necesario desahogo que dicha quema representa, y como sano ejercicio social de aceptación de las ideas del otro dentro del juego democrático de los dimes y diretes. El republicanismo y el independentismo no están prohibidos, no pueden estarlo. El pedir una república o la independencia de la parte de un todo no puede significarse como un ataque, sino como la discrepancia necesaria en el debate público. Para mal o para bien, eso es democracia, y eso es democracia en las calles, sin tabús, sin prohibiciones en los símbolos.

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3 comentarios sobre “Por el derecho de quemar símbolos”

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