¿Motivo de su viaje?

El día comenzó para Raúl como lo hacen todos los días en que uno viaja de vuelta: Con ajetreo. Muchas idas y venidas, de arriba a abajo, de un lado a otro, mirando que todo esté como debe estar al momento de emprender el viaje, que nada se quede en tierra, que las botellas estén bien embaladas y los regalos protegidos de todo golpe, que las maletas tengan los candados debidos y que todo en la habitación quede más o menos ordenado, listo para que el anfitrión durante ese par de semanas pueda volver a usar ese cuarto con su fin usual y no con la visita de esos días. Las llamadas en la mañana para las despedidas apuradas son parte del quehacer. El nunca corto trayecto al aeropuerto ya casi con la hora encima solo sirve para recordar esas pequeñas cosas que faltaron por hacer, esas prendas de vestir que se quedaron sobre la cama dobladas esperando ser ordenadas en la maleta…

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Entre rejas, patios y fútbol

Chica futboleraLa pichanga de barrio, el balón en movimiento, el pase corto, no había espacio para más. Todas esas tardes tiradas en el parque, con sueños incompletos y a medio hacer, apartando las pesadillas del día a día a puro golpe de esférico, de bromas blancas y negras, fiando nuestro bienestar a la pierna en alto del compañero enemigo, ese cuyo nombre jamás recordarás pero que su chapa está escrita en tu propia historia. Esas tardes, mañanas, días enteros de descubrimiento propio y ajeno, de nadedad de barrio, si me permiten el palabro, se fueron acompañando a horas de descubrimiento de «las otras», esa presencia femenina que de compañeras de peloteo pasaban a amigas de la botella, no la que se tomaba, sino la que se giraba contra un asfalto que resistía lo que le echaras.

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