Recuerdo las manifestaciones con Aznar en el gobierno, recuerdo lo rápido que las fuerzas y cuperpos de seguridad del Estado (o las que se tercien) cargaban en cualquier momento. Seguridad. Seguridad decían los muy cínicos (no es que haya cambiado radicalmente este panorama, pero sí un poquito). Hoy Mariano Rajoy me ha recordado por qué no se debiera votar por él, y por su partido. No es por su pasado, ni el de los suyos (recordar los orígenes falangistas y antidemocráticos es ocioso, no lleva a ninguna parte), sino por la idea que tienen del Estado, y no lo digo por la economía (que también), sino por el uso de la fuerza. «Ante los ataques a la Corona yo habría usado las Fuerzas de Seguridad del Estado», declaró el sucesor de Aznar.

Está bien que de forma coloquial se hable de “ataques a la corona” a la quema de un par de banderas, a un chiste verde aquí y allá, pero si en la misma frase vas a usar “ataques a la corona” y “fuerzas de seguridad”, o hablamos de un ataque real a las personas que llevan esos hermosos trabajos vitalicios o estamos induciendo a engaño. La palabra de “ataque” es extremadamente fuerte y no se corresponden, realmente, con los hechos contrarios a la corona (y como he manifestado, reclamo nuestro derecho a quemar símbolos, entre ellos, la foto del rey). Rajoy se ha hartado estos días de decir que Rodríguez Zapatero no ha sido contundente en la defensa de la monarquía (a la par que nos hemos cansado de ver a miembros del gobierno, entre ellos a RZ, hablando maravillas de la monarquía y condenando la quema de fotos)…

Rajoy afirma que con él eso no pasaría, y su contundencia sería la de actuar «con los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y con la Fiscalía». Por un lado parece que Rajoy no lee la prensa, ya que la fiscalía está actuando (lamentablemente, pero está actuando), y por otro, no sé qué utilización de los “cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado” hubiera resultado proporcional con la defensa de la monarquía a la par de la libertad de expresión y manifestación (que son derechos subjetivos). No sé hasta qué punto una carga policial (y bajo qué competencias si pasa acá o allá, que en ciertos sitios actúan ciertas fuerzas de seguridad, públicas, pero no del Estado) en una manifestación contra la monarquía resultaría sana para la propia monarquía, o, como digo, proporcional (valorando el bien jurídico a proteger frente a una vulneración completamente menor -quema de una foto- dentro de un acto de manifestación que va más allá de la quema de la foto -sobre todo el momento original de todo este problema-).

Pero Rajoy es así, primero te pega, luego te insulta, y luego te dice que eres libre de pensar lo que quieras, mientras no abras la boca, eres libre de votar a quien quieras, mientras que tu voto sea para él, eres libre de comprar lo que quieras, mientras él lo apruebe, eres libre de pedir democracia, mientras la controle él, y eres libre de recibir toda la represión del Estado, eso sin condicionantes de ningún tipo, simplemente la recibes por el hecho de ser residente.

Rajoy, además, acusa a RZ de provocar todo esto por su “política de cesiones” (recuerdo, que uno ya está viejo y tiene recuerdos, que hay partidos republicanos desde hace mucho, que hay partidos nacionalistas distintos al PP desde hace mucho, que hay manifestaciones en las que se queman símbolos españoles desde hace mucho, y veo que nada tiene que ver con el actuar de RZ). Rajoy atribuye a RZ, por dicha política, el que “se discuta todo” (nación, Constitución, forma de Estado, etc.). ¡Ya quisiera ser RZ la mitad de demócrata para permitir o producir dicho efecto! ¡Qué sana la sociedad que pueda discutir constantemente todos esos puntos y con ello, abiertos todos a distintas ideas, ir avanzando! Pero Rajoy viene de una tradición en que nada se puede discutir, en la que lo sagrado, sea por gracia de Dios o del caudillo, no debe ni mentarse. Una sociedad en la que el Estado debe reprimir cualquier atisbo de crítica.

Una de las pocas buenas enseñanzas en la carrera de Derecho es aprender a justificarlo todo, y a recordar que en un Estado de Derecho el uso de la fuerza (la coacción de las leyes) siempre estará en cuestión, por tanto, en continua justificación. Y esto es importante, debiera ser aplicado a todos los grandes hechos de una sociedad, esto es, su organización (llámese forma del Estado, Constitución), su sentido de ser (llámese comunidad de naciones, nación, personas arrejuntadas), sus símbolos (banderas, escudos, himnos), su todo. El problema es que hay pocos ámbitos de debate, hay temas tabús (a los que ayudan la política de Rajoy hiperrepresiva o la de RZ continuista) que no encuentran salida y discusión (léase debate) en los canales más adecuados y buscan fórmulas para darse a conocer a la luz pública (y acá entra la quema de símbolos).

¡Que todo sea discutido! ¡Que todas las propuestas sean escuchadas! ¡Que todos los participantes sean respetados! Lástima que RZ tampoco esté por la labor de permitir eso, pero al menos no se pondrá a darnos palos a todos por pedir algo distinto a lo que ya tenemos. Espero que Rajoy no sea presidente, volveríamos a años negros recientes.

Excurso: El gran triunfo de Esquerra Republicana de Catalunya, con su actual discurso, fue en el 2003, en las elecciones catalanas de ese año. La formación independentista y republicana (que se manifestaba por aquél año de la misma forma que lo hace ahora) sacó más de medio millón de votos, 23 curules en el parlamento catalán. Dicho triunfo “se repitió” en las generales del 2004, donde sacó menos porcentaje de votos (aunque más votos totales, cosas de la participación) y pasó de tener un escaño en el Congreso de los Diputados a tener 8, aún no gobernaba RZ (más aún, fue ese congreso, con 8 escaños de ERC, quien eligió a RZ presidente). ¿Qué quiero decir con esto? Pues que Rajoy debiera revisar qué tipo de declaraciones y medidas son las que acrecientan el odio “a lo español” y quién alimentó a su bestia.