«La única forma en que yo veo que la población salga de la pobreza no es con caridad, ni con políticas públicas y sociales de bienestar, es con empleo», dice Carlos Slim, el hombre más rico del planeta.
Empleo. Trabajo. Emprender. Palabras mágicas con las que se solucionan todos los problemas del mundo y algunos más. Estoy de acuerdo con algo: La caridad no soluciona nada. Ahí deben entrar otros conceptos, que aunque suenen parecidos no son lo mismo, como puede ser «solidaridad». Ahora bien, el trabajo no nos saca de pobres ni del subdesarrollo. Esto lo debe saber más que bien Carlos Slim (el trabajo por sí mismo no es digno, hay que dignificarlo), puesto que vive en un país cuyas estadísticas muestran un nivel de ocupación de las fuerzas activas alto (según las estadísticas de la OCDE, el desempelo en agosto de este año era del 5,4%, frente, por ejemplo, al 20,2% de España), por delante de países como Bélgica, Canadá, Chile, Dinamarca, Francia, Finlandia, Alemania, Italia, Holanda, Reino Unido, Estados Unidos, Suecia, entre otros. Y no, no es un país ni más rico ni menos pobre que todos los mencionados. Más aun, en México hay empleo, y mucho, y hay más pobreza que desempleo. Mucha más.