Rodríguez Zapatero defiende los impuestos indirectos

Ya es malo que el PSOE siga insistiendo en lo de «socialista» cuando se supone que quiere decir «socialdemócrata», pero aun es peor que, vista la política impositiva de Rodríguez Zapatero y todo su gobierno, sigan hablando de socialdemocracia (o progresismo) cuando tendrían que quitar lo de «social» del nombre. Y lo de obrero de paso. Lo de subir impuestos indirectos para llenar una caja que se vacía a todo galopar es, en general, mal síntoma. A punta de impuestos especiales que no hacen sino engordar, pero bueno, uno es sobre un producto de ocio ya cargadísimo y el otro sobre los hidrocarburos.

El problema no es solo que se suban los impuestos, si hay que pagar, se paga. El problema es qué impuestos se suben y cómo se justifica esa subida. Y la explicación dada hoy por Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados es de vegüenza, la verdad. Por un lado, el presidente del Gobierno recuerda que su gobierno ha suprimido impuestos, el de patrimonio (que gravaba los patrimonios más grandes), y bajado otros, sociedades e IRPF, en otras palabras, ha ido contra los impuestos directos rebajándolos o quitándolos, y por otro, se alegra de ser un gobierno que ha bajado la presión fiscal hasta el 32,8% del PIB, y esto como explicación de por qué ha subido unos impuestos indirectos. Encima el gobierno ha puesto los números sobre la mesa y parece que la operación finalmente tendrá un resultado «negativo», se ingresará menos con esos impuestos indirectos aumentados que por los directos quitados o rebajados (se espera un aumento de los ingresos por 2200 millones, cuando solo por Patrimonio se ha dejado de cobrar 1800 millones, el resto no están cuantificados), o dicho de otra forma: El sistema impositivo sigue dando pasos hacia la falta de progresividad.

Que las políticas económicas de este gobierno son de derechas era algo que ya se sabía, keynesianas, sí, pero de derechas, y bastante populistas y desafortunadas en muchos casos (como el de los 400 euros), pero la defensa final que hace a los impuestos indirectos mientras que baja los directos y les quita progresividad (todas las reformas del IRPF han ido en ese sentido) es simplemente patética y poco digna de una escuela socialdemócrata que desde sus inicios apostó por los directos sobre los indirectos.

El problema es que mientras más se bajan los directos y se suben los indirectos se tiende a una mayor carga fiscal a las rentas bajas (lo cual va en contra de la progresividad necesaria del sistema tributario), es cierto que las rentas más altas pagarán más cantidad, pero lo que pasa es que, proporcionalmente hablando, las rentas más bajas dedican más parte de sus ingresos totales al pago de impuestos.

Así pues, que se haya disminuído la carga global de los impuestos con este gobierno no es ni una buena ni una mala noticia, no en sí misma (Suecia tiene más presión fiscal global y Perú menos), es lo que tienen los números «macro», como la estadística, o se desgranan o sirven de poco, lo que sí me gustaría saber es cómo se distribuye la carga fiscal para los ciudadanos y cómo se distribuye (entre indirectos y directos) la misma, para poder valorar si es una buena o una mala noticia. Como en los últimos años hemos asistido a un desfile de bajadas de directos y tímidas subidas (muy localizadas, aun no se toca el IVA) de indirectos, apuesto a que se ha empeorado en cuanto a la relación indirectos-directos.

Sobre los impuestos directos e indirectos ya me explayé hace algo menos de un año en «De impuestos indirectos y directos«, así que no voy a repetir lo que ya dije (no más de lo ya hecho hasta ahora en esta entrada) y terminaré recomendando, siempre en gerundio, una divertida e irónica columna de Juan Carlos Escudier (Merienda de medios en Público), «El color de los impuestos«.

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