Los medios están en campaña

Los medios de comunicación están en campaña. Bueno, siempre lo están, pero este año me da la sensación de que es más descarado que otros. No podemos obviar que los medios de comunicación no son neutrales, tienen una línea editorial que responde a un marco ideológico concreto. Algunas veces, en pro de la pluralidad, dan espacio a voces discrepantes o son críticos también con «su bando». A veces, y pareciera que cada vez menos, también son capaces de distinguir lo que es un hecho, lo que es la interpretación y el análisis del hecho, lo que es una opinión pura, de lo que simplemente es propaganda o, en el peor de los casos, mentira y manipulación. Y todo lleno de condicionales para que algo que ni ha ocurrido ni se ha «anunciado» que se quiere que ocurra parezca una realidad palpable, un hecho causal necesario. No es así.

Llenar titulares de lo malo que es el comunismo, contraponerlo a la idea de «libertad» sin siquiera concretar a qué libertad se refieren, y contrabandear muchos condicionales de lo que «podría pasar» sin sustento como si fueran hechos ineludibles es propaganda, y de la deleznable.

No le pido, ni le he pedido ni le pediré a los medios «objetividad» (no existe), ni siquiera «neutralidad» o «imparcialidad»; sí le pido honestidad y profesionalidad, sí le pido que no hagan trampas al solitario.

Traernos constantemente el fantasma de «Venezuela», al margen de que les puede salir por la culata, lleno de «podría pasar» para referirnos al aumento de la pobreza, de la crispación, de la crisis constante, de la corrupción y el autoritarismo, sin que eso se aplique al otro partido en liza

Perú es un país pobre. En Perú tenemos narcotráfico, corrupción, violencia sistémica y del Estado; los crímenes no han dejado de aumentar, en cantidad y en «cualidad»; en Perú los dos últimos congresos que se cerraron fueron por parte de fuerzas de derechas (uno tras el bloqueo de otra fuerza de derechas), en Perú el último partido que dio un golpe de Estado fue el representado por Keiko Fujimori, que sigue sin condenar ese hecho, dibujándolo como el mal menor en el análisis más crítico o como algo justo y necesario, en uno positivo que aún vive en esa formación; en Perú el último presidente que se intentó saltar la propia constitución, que deslegitimó los otros poderes del Estado, que llevó a lo máximo la corrupción fue el de Fujimori (el resto hicieron esfuerzos en el mismo y negativo sentido, pero ninguno a la altura del fujimorismo); en Perú la inestabilidad política de los últimos cinco años no se debe a las izquierdas, sino a las luchas en las derechas, no podemos obviar que el propio fujimorismo, que ahora se presenta como la fuerza que garantizaría la estabilidad, con la misma lideresa al mando, tuvo mayoría absoluta en el Congreso y, además de explotar internamente, demostró la calaña de sus cuadros.

Ahora nos venden la idea de que con el Comunismo (así, en mayúscula y singular) caeríamos en el autoritarismo, falta de libertades políticas, pobreza y violencia. ¿Qué creen que pasa en el país ahora mismo? ¿Qué gobiernos y élites gobernantes -políticas y económicas- han estado a la cabeza del Perú los últimos 30 años?

Y si hablamos de condicionales, ¿por qué solo se ponen ejemplos de fracasos en otros países para el caso de Perú Libre? El fujimorismo no solo tiene un pasado (no solo de sus miembros, como pasa con PL, sino también de la propia formación política), sino un presente y unas alianzas internacionales en países que son ejemplo negativo de primer nivel.. El uribismo comparte mimbres con el fujimorismo; el uribismo ha controlado y controla una Colombia donde la protesta se reprime, donde la pobreza sigue presente, donde la violencia es el pan de cada día. En cada palo ideológico que se pueden encontrar países y decir «podría pasar esto», tanto de signo negativo como de positivo.

Se apunta mucho a Venezuela, entiendo, porque los propios movimientos de izquierdas suelen ser muy permisivas con lo que ahí pasa (y luego a todas y todos nos toca pagar esa blandura); hablamos de un país que no tiene una economía socialista (no digamos ya comunista) y que ha barrido también a la disidencia a su izquierda. En todo caso, el modelo que plantea PL ni es socialista ni es comunista ni es el socialismo del siglo XXI de Venezuela. Tiene mucho estatismo, eso sí, pero está lejos de modelos socialistas.

Sería el colmo, pero nada raro, que se defendiera elegir a Fujimori (hija) para que Castillo no nos trajera un régimen autoritario como el de Fujimori (padre), cuando el fujimorismo actual sigue reivindicando el régimen de su fundador.

Tengo claro que Castillo no es bueno, ni él ni su partido (solo hay que mirar el cacao que tienen con algunos temas, entre ellos el feminismo), pero también que, y esto lo digo parafraseando a un politólogo hace como diez años, mientras de él y su formación tenemos dudas, con el fujimorismo tenemos certezas.

Que si esto se pone como una opción «o libertad», quien nos ha quitado derechos, quien ha atacado a las clases populares, quien ha separado y matado desde la estructura del Estado, quien ha violentado a las mujeres (y sigue defendiendo lo que hicieron, como poco, mintiendo sobre su gravedad u organización), es el fujimorismo.

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