Con votos y sin confianza (real)

Una pequeña nota de prensa, por lo visto, fue todo lo que necesitó el PPC para cambiar el sentido del voto. Ya saben, no hay como decir «verde» para que dicho color sea verídico y palpable. Así que, con esa advertencia cromática, ya podemos dar por hecho, al menos en principio, que la primera dama, Nadine Heredia, no influirá nadita en este gobierno de gabinete con confianza recién ganada. Por los pelos. Ollanta Humala respira tranquilo.

Todo esto nos lo deberíamos tomar con ese tono de humor inteligente y sarcástico que abunda en El Útero, marca Sifuentes de toda la vida, pero por estas tierras somos más bien del pesimismo florero.

Hablando de humor, me hace gracia ver a los que votaron que no pidiendo a los que votaron que sí que explicaran el cambio de su voto… Esto… ¿les podemos recordar que ellos también cambiaron el sentido de su voto? De votar «abstención» a votar «no» es el mismo salto (o, al menos, muy parecido) que pasar a pulsar el dichoso «sí». También es un cambio «radical» pasar al rotundo «no» en vez del poco determinado «abstención». Al menos SN se mantuvo sin decantarse.

Si el fujimorismo está belicoso, es APRA se sube por las paredes. Quiere (y no puede) ser el partido del pueblo y le recuerda al gobierno que han ganado en el Congreso, pero no en la calle.

Meléndez y Vásquez hacen un recuento de múltiples cuestiones en una nota de El Comercio, sobre el ridículo del gobierno, la baja aprobación o que claro que Heredia seguirá con su poder (¿alguien lo duda?) y traen consigo el posible apoyo parcial del PPC durante un tiempito. Interesante las posturas que mantienen.

Cornejo ya se apuró a ofrecer resultados de su gestión. Ahora bien, eso de legitimidad es… mmmm… ustedes ya le pueden poner un epíteto correcto. Lo más interesante es la mención de la Remuneración Mínima Vital (RMV) que aparece al final del artículo de El Comercio; aunque resulte casi increíble, ahí jugó bien: el tema está en el Consejo Nacional del Trabajo (CNT), que es donde estaba y donde no debía dar tantos problemas como ocasionó.

No quiero terminar esta insulsa nota sin mencionar el tema del «golpismo»: ¿¡cómo han estado hablando de golpe a la institucionalidad democrática!? Hay que ser más consecuentes, la Constitución prevé que no se dé la confianza a un gabinete e incluye las consecuencias de dicha censura, ¿dónde está el problema institucional? Esa «defensa» de lo que hay para que nada se mueva, que todo parece una «amenaza para la democracia» cuando hablamos de su propio funcionamiento, en realidad demuestra nuestra inmadurez al cumplir con las propias normas institucionales.

¿Por qué en este texto no hay más líneas sobre si es o no es el gabinete de Confiep o que el cambio de voto del PPC se deba a la opinión de estos? Porque este gobierno, como poco desde su segundo gabinete (aunque yo pondría el ojo en el primer ministro de Economía, que es el mismo que ahora tenemos), es el de la Confiep. ¿No lo habían notado?

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