De todas formas, ese no es el punto

Durante la tertulia mañanera del programa «Las Mañanas» de RNE, uno de los periodistas le pregunta al otro, de forma retórica –evidentemente–, si conocía alguna región en Europa que contara con más autonomía que Cataluña; el otro le responde que no, pero que él no era un experto tampoco. Está claro, ninguno de los dos son expertos en estas materias. Lo de «en ningún sitio hay tanta autonomía como en…» se suele aplicar para el País Vasco y Navarra, dentro de España son las dos comunidades con más autonomía (gracias al Concierto y al Convenio, respectivamente), de hecho, ese «otro tratamiento fiscal» es lo que ahora quiere Cataluña. ¿Cómo es posible que el argumento sea que ningún otro territorio tiene más autonomía si en España ya hay dos claros ejemplos?

Pero dentro de Europa –no sé por qué lo circunscribió a Europa, siendo el sujeto que hablaba admirador del sistema estadounidense; señores, cualquier Estado de EE.UU. tiene más autonomía, al menos en ámbitos como el tributario y el penal– también hay otros ejemplos, así, a bote pronto:

  • Navarra y País Vasco en la propia España –¿que el concierto y el convenio solo afecta a la parte económico-impositiva? ¡les parecerá poco!; ya tendrían, esos dos territorios, más autogobierno que Cataluña; lo sé, me repito, pero lo consideré necesario–;
  • Cualquier cantón suizo –al punto que genera una gran diversidad en cómo se ejerce el gobierno dentro de cada uno o las competencias que tienen las entidades subcantonales–;
  • Los länder alemanes –por ejemplo, la legislación penal está compartida, así como la laboral, los estados federados en Alemania son sujetos de Derecho Internacional–;
  • Gibraltar –con todo lo que podemos decir y reclamar, no solo es un territorio europeo, sino que es continental y tiene un estatus especial en la UE;
  • Islas Feroe –con las islas siempre hay que tener especial cuidado; pero su autogobierno es, indudablemente, muy superior al que tiene cualquier territorio español, por más isleño que sea, como Baleares o Canarias; y Dinamarca no tiene problemas con eso–;
  • Alandia –islas que gozan de gran autonomía dentro de Finlandia, es uno de los tres miembros no independientes en el Consejo Nórdico, los otros también tienen gran autonomía, claro, entre ellos las islas Feroe–;
  • Gagauzia –contando que poseen el derecho de autodeterminación con respecto a Moldavia, justo hace nada, en febrero, celebraron un referendo en que decían que si Moldavia se unía a la UE, ellos se independizaban–;
  • Abjasia –¿independiente, como dice Rusia, o es totalmente autónoma pero perteneciente a Georgia?–;
  • Transnistria –¿existe, más allá de los papeles, la Unidad Territorial Autónoma o es un estado independiente?; en todo caso, asumiendo la UTAT, tendría una amplísima autonomía con respecto a Moldavia–.

Con otras tengo más dudas, cómo catalogar las de Reino Unido –si todo esto viene por un referendo que se hará allá y acá dicen que no se puede–, como las regiones especiales italianas –sobre todo por Sicilia–, las comunidades de Bélgica –no termino de ver claro las relaciones competenciales–, el Monte Athos –eso es un chiringuito privado, prácticamente–… En fin, seguro que hay muchos más territorios dentro de Europa –porque fuera es más que seguro, todos esos territorios de ultramar británicos, sin ir más lejos– que gozan de más autonomía que Cataluña.

Pero ese no es el punto. Esto es, la cuestión no es ponerse a ver, competencia por competencia, cómo se distribuye en el extranjero para decirle a los catalanes «¿ves? tenéis más autonomía que una región francesa» –menciono Francia porque los tertulianos compararon el grado de autonomía de Cataluña con los territorios franceses… claro, es mucho más autónoma cualquier autonomía española que esos departamentos–, sino ver como queremos que quede el mapa español en su conjunto, como se trata a las poblaciones que están exigiendo más autogobierno y como, todo eso, se reconduce. Sería más práctico hablar de mecanismos y reformas que cerrarse en banda diciendo que ya se ha llegado al máximo posible de autogobierno.

Hablando de mecanismos, justo es algo de lo que se puede plantear: que el referendo no sea vinculante en ningún caso si solo se celebra en Cataluña, pero que pueda serlo si se celebra en toda España –por poner un ejemplo–. De hecho, uno de los líderes catalanes bramó un desafío que, bien planteado, es la vía: si el tema está en que la soberanía es de los españoles y todos deben decidir qué pasa con la parte –algo con lo que yo estoy de acuerdo–, que se consulte al conjunto del pueblo –el soberano, no la nación, ni la española ni la catalana; el pueblo español es  el soberano, al menos por ahora–. No significa, nada de esto, decir que sí a cuanta demanda venga del parlamento catalán, pero sí estudiarlas con mente abierta.

Porque si en Cataluña se encuentran en el máximo posible de autonomía –como manifiestan tertulianos y políticos varios– solo estamos dejando una opción: la independencia. Y, en teoría, es lo que no se quiere por parte de esos políticos y tertulianos.

Es que el mero hecho de plantear, por lo visto, un estado parecido al que tiene el País Vasco, ya lo llaman sedición y querer romper la igualdad de todos los españoles –no sé si se dan cuenta que si el sistema del PV y Navarra es rupturista de la igualdad, esta no existe ya, con lo que es un argumento absurdo para defender el inmovilismo con respecto a Cataluña–. Hay partidos que defienden que hay que quitar el Concierto y el Convenio para llegar a esa igualdad entre españoles, mercado común y tal; pues al menos ellos están siendo coherentes al querer negárselo a Cataluña, pero ¿y los que defienden los regímenes forales en esas dos comunidades por qué no quieren ni sentarse a discutirlo con los catalanes?

La cuestión se está planteando como «o conmigo o contra mía», se están generando artificialmente bandos y poniendo como «sagrado» determinados elementos que no lo son –Constitución, Estatuto, nación, etc.–. Tal vez es el momento de sentarse y ver dónde estamos –todos–, a dónde queremos ir –todos– y en qué mecanismo nos podemos poner de acuerdo para ello. Un consenso de hace treinta y cinco años está bien como punto de partida, pero no puede funcionar como límite. No, la crisis no puede servir de excusa –porque luego se usará la recuperación–, somos mayorcitos como para poder pensar en solucionar unos y otros problemas a la vez.

Tirón de orejas para esos catalanistas que creen que pueden cambiar el sistema jurídico de un todo del que son parte sin contar con ese todo en el proceso; no ayudan a su propia causa –salvo que solo pretendan romper la cuerda y que quede la única vía de la independencia, palito que están pisando todos los españolistas de una forma bárbara–. Y si el fin real y deseado es la independencia, ahórrennos todo el teatro: pregunta clara y concisa sin más opción que sí o no; explicando bien las consecuencias de una respuesta u otra. Incluso, que la pregunta no sea vinculante, para que nadie se pille los dedos más de la cuenta. Y en nada ayuda a la causa «unionista» ir negando referendos, sea dicho.

Excurso: el peor título de entrada que he puesto en mucho tiempo.

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