De la XVII cumbre Iberoamericana se puede decir mucho. De lo cual poco es positivo. Y es un tema del que quiero escribir “en serio” (y por eso no he puesto nada como “avance” ni sobre esas “cumbres paralelas”, todas ella subregionales o simplemente bilaterales), pero hoy las chiquilladas durante el fin de la Cumbre merecen una entrada breve, lúdica, pero breve. Más o menos sabemos lo que pasó ayer y tal, que Chávez hizo uno de sus típicos discursos donde fallan las formas (no está en su programa de televisión, donde dice lo que quiere y, sobre todo, como quiere, sino en una cumbre, hay que saber distinguir sitios, se puede decir lo mismo con un lenguaje más diplomático), y fallaron cuando se dedicó a repetir lo fascista que es Aznar y lo golpista que son las empresas españolas en Venezuela. Y Rodríguez Zapatero salió en plan “hay que respetar niños, eso no se dice”.

Y bueno, hoy durante la clausura pasó un poco lo mismo, salvo que a Chávez se le olvidó que no puede andar interrumpiendo cuando es el turno del otro (lo entretenido de estas cosas es que no son una conversación de bar), cuando Rodríguez Zapatero sin más le decía que fuera respetuoso con el ex presidente español, que no andara insultándole que quedaba feo (al menos de esa forma, que de mentiroso para abajo los pesoeros llaman un día sí y otro también a Aznar y demás calaña), y Chávez no dejaba de interrumpir (ojo al dato), que si Aznar le había faltado el respeto, que era él quien debía respetar al presidente electo de Venezuela (y ahí tiene razón, pero el “él comenzó” no sirve, nunca ha servido, cuando viene una maestra a regañar a dos niños que andan a greñas).

Juan Carlos I soltó un “¿Por qué no te callas?” que pasará a la triste historia de las Cumbres Iberoamericanas. ¿Interrumpir a quien interrumpe desinterrumpirá la interrumpida intervención? El Rey, cansado de las interrupciones abusivas de Chávez, decidió callarle. O mandarle a callar.

El Rey de España, mal que bien el Jefe del Estado, en contra de las palabras de todos los demócratas españoles, ya sean del PP o del PSOE (a los que más he escuchado en este corto periodo de tiempo) tampoco ha actuado bien. No está en su casa. No puede soltar un “¿Por qué no te callas?” de esa forma. Repito: no estamos en una barra de bar, el Rey no puede saltar de esa forma. Creo que el hombrecito ya está mayor, en poco tiempo lo he visto más veces enfadado haciendo declaraciones un poco fuera de lugar o defensivas que en años anteriores. ¿Estará perdiendo la correa que le volvió un diplomático reconocido?

Es una exageración decir que al defender al ex presidente Aznar se esté defendiendo el “sistema democrático español” -como ha dicho Gabriel Elorriaga, secretario de Comunicación del PP-, ya que en España nadie representa todo el sistema (ni siquiera el propio Rey), y que llamen fascista a un dirigente es lo que vemos un día sí y otro también con otros presidentes y a nadie se le ocurre que pueda ser una ofensa contra todo el país (lo mismo cuando se ataca a Venezuela). La intervención del Rey no ha bajado la crispación, sino que la elevó. Por ese lado, fue peor que el discurso conciliador del presidente Rodríguez Zapatero, esto es, decir “¿Por qué no te callas?” no es, en ningún caso, una “defensa de la imagen de España” con “notable éxito”. ¿Acaso hizo que Chávez rectificara y reconociera un error de formas -que no de fondo, acá no hablamos del fondo del asunto-? ¿Acaso consiguió un acercamiento entre Aznar y Chávez? ¿Acaso consiguió que la Cumbre avanzara con normalidad? Leñes, simplemente saltó enfadado diciendo a otra persona que se callara, si eso es un logro de acción diplomática, ya entiendo que la España de Aznar apoyara la invasión de Iraq.

En cambio la solución que tomó frente al presidente de Nicaragua es más dura que un grito barriobajero y más diplomática a la vez. Mientras Daniel Ortega criticaba a las empresas españolas, en particular a Unión Fenosa, el Rey se levantó y se fue de la ceremonia. Así de simple. Mucho más tradicional en las lides diplomáticas es esa actitud que andar gritando o insultando sin más. En realidad, les fastidia que se critique a ciertas empresas que, por cierto, son cuestionadas dentro de España también. Ahora bien, ni que las empresas patrias de los dos países criticones funcionaran mejor, respetaran más, y cumplieran los derechos laborales. Sabemos que, lamentablemente, no es así.

Ya he mencionado por encima la reacción oficial del Partido Popular, me parece patético que acusen al gobierno de no actuar bien, en defensa de Aznar, cuando el grito del Rey justo se hizo para permitir que Rodríguez Zapatero insistiera (ya lo había dicho antes) con la defensa a la figura de Aznar dentro del respeto mutuo que los dirigentes de los países suelen fingir entre sí. También he visto a Miguel Ángel Rodríguez (en esta bitácora últimamente lo menciono mucho) decir que Rodríguez Zapatero tiene la culpa de los insultos contra Aznar por la política internacional del actual presidente, que, además, es amigo de Chávez. Esto es rizar el rizo definitivamente. En todo caso los insultos se los gana Aznar solito, y los Chávez los habría soltado aunque Aznar siguiera en el cargo (porque todos los días insulta a Bush). La cosa es criticar al gobierno definitivamente.

Mención aparte merece la reacción de Aznar, que simplemente ha agradecido al rey la bravuconada del mismo y a Rodríguez Zapatero que intercediera por él y pidiera respeto a su persona (respeto que él no tiene con el presidente, pero, como digo, es otro tema). No sé por qué tiene que agradecer nada, pero ya que le defiende, al menos ha tenido la deferencia de decir “gracias” a los dos líderes españoles en la cumbre (el presidente del gobierno y el jefe del Estado), y no lo que ha hecho su partido, que resulta deleznable.

Derecho al respeto y derecho a la libertad de expresión

¿Insultar está contemplado en la libertad de expresión? ¿Todos tenemos derecho al respeto -entiéndase el puramente verbal- siempre? Lo primero, está claro que los insultos gratuitos no quedan dentro de la libertad de expresión. Lo segundo, también está claro que el respeto se pierde (no se gana, digamos que todos partimos con “respetabilidad”, pero esta, por las propias acciones, se pierde -y se puede recuperar, pero es más difícil-).

Personalmente no respeto a José María Aznar, no me parece una buena persona (esto es, actúa con la mentira y la malicia por delante), pero Chávez debe entender que las formas, en diplomacia, y para casi todo, son importantes. Puede “insultar” bastante a una persona sin repetir mil y un veces “ladrón” o “fascista”, y puede usar, además, sinónimos de los “insultos inteligentes” que profiera. Debe entender que en una Cumbre, en las sesiones, el lenguaje usado no puede ser el mismo que en su programa de televisión (en el cual debiera contratar buenos guionistas, se repite más que una fabada cargada -ven, un chiste de pedos y hasta queda ingenioso-).

Lo espetado por Chávez, de la forma en que lo dijo y dentro del contexto en que lo manifestó, sobraba por completo. Lo declarado por Rodríguez Zapatero, haciéndose el abanderado de las formas, sobraba un poco (no sé si bastante, tal vez el lugar para decir eso era en privado y no en público, a ver si conseguía una declaración de Chávez o luego, simplemente, comentaba en rueda de prensa su conversación recriminatoria con el presidente venezolano), la reacción del Rey (tan protocolario él) a la falta total de respeto de Chávez (al andar interrumpiendo cada dos por tres) la encuentro prepotente, falta de paciencia, y fuera de lugar. Definitivamente la acción del Rey deslució, en su caso, las palabras de Rodríguez Zapatero.

Cero para todos. Hala. También para los que saltan, cual guardia pretoriana, a defender el derecho a insultar sin más. Como si eso fuera libertad de expresión.

Para Chávez, para acabar, un consejo: Búsquese un buen asesor para los discursos. En serio, no son originales, repite y repite los mismos insultos, no tiene el don de la palabra (aunque crea que sí, no lo tiene, no es, por ejemplo, Fidel, Felipe Gonzáles, Alan García, o tantos otros que sí lo tienen o han tenido) y no sabe insultar con finura, esos insultos bien dados, inteligentes, y que no recurren a malsonantes palabras, e incluso hacen pensar en el tema. Decir y repetir “ladrón” y “asesino” cada cinco minutos, quedarse callado pensando en otro insulto, no descubrirlo en un vocabulario más que limitado, y volver a soltar “ladrón” y “asesino”, para acompañarlo con un “miserable” no es un discurso, es pedir a gritos una paliza a la salida de un bareto de poca monta. Y no niego que de vez en cuando venga bien soltar un insulto contra alguien, pero volvemos a la idoneidad de los lugares para decir cada cosa (y no hablo, por supuesto, de mantener dobles discursos, tampoco es eso), y a lo repetido de los mismos.