De congresistas y cerdadas

¿Pero a alguien le sorprende que los votos estén en venta? ¿Que los congresistas se chantajeen los unos a los otros? ¿Que existan grupos de poder que, finalmente, hacen «variar» las decisiones de nuestros representantes? ¿De verdad alguien se sorprende de que el sistema realmente no funcione? ¡Pero si está claro que no lo hace ni lo hizo nunca! Se puede argumentar que es, entre los malos, el «menos peor», pero eso no significa que sea óptimo, bueno, o que no debamos reemplazarlo e intentar otros sistemas. ¿Qué estoy diciendo? Bueno, un escándalo más en el Congreso de la República del Perú: Legisladores que graban a otros pidiendo sobornos a empresarios para tráfico de influencias, legisladores que graban cómo se retiran denuncias ante la comisión de ética tras «arreglar» acusaciones graves por lo bajo y cómo el que quiere ser presidente de la cámara se esfuerza para «comprar» votos. Nada fuera de lo normal, lamentablemente.

Lo curioso es que todo el mundo se ha tirado encima de Gustavo Espinoza Soto (Congresista algo cínico que confunde la prosa con el verso) mentándolo como el «montesinito» en recuerdo de Vladimiro Montesinos y la harta de vídeos que hizo caer al fujimorismo del poder. Si los vídeos y grabaciones de voz de este señor hacen caer a un Congreso corrupto, bien empleados estarán. Me dirán que no es ético ni legal realizar dichas grabaciones, y tendrán toda la razón del mundo. Pero en el presente caso, una cosa no quita la otra.

Esta vez los contrincantes y enlodados con todo el tema son, de forma directa e inmediata, los congresistas Carlos Torres Caro y Gustavo Espinoza Soto, y le cae una buena también al aprista Javier Velásquez Quesquén, candidato a la presidencia del Congreso que anda mendigando votos en una previsible votación complicada. Quien mejor nos cuenta los antecedentes de CTC y GES es, como suele ser habitual, José Alejandro Godoy, en el artículo «Julio, mes de circos» (en el que además hace un buen resumen y análisis de todo el asunto):

«En la esquina roja, Carlos Torres Caro. Antecedentes: Vicepresidente de la plancha humalista que fue el primer tránsfuga de este periodo parlamentario, paparazzi oficial de un viaje a Brasil y actual Tercer Vicepresidente del Congreso de la República, gracias al APRA.

En la esquina naranja, Gustavo Espinoza Soto. Antecedentes: Tránsfuga igual que Torres Caro, autor de un proyecto de Ley para amnistíar a Antauro Humala y Alberto Fujimori y autor de la falsa acusación de violación contra Alejandro Toledo.» [He variado un enlace en la cita a D. JAG, en vez de apuntar a la bitácora de GES, enlazo un reportaje – entrevista de ocraM al polémico congresista.]

Lo malo es que tanto GES como CTC son dos congresistas paradigmáticos de nuestra fauna parlamentaria, no son la excepción que mancha el hemiciclo, sino la punta del iceberg de nuestra podredumbre política, otras puntas más de las que ya vemos en los despachos regionales, las alcaldías y los pasillos de los ministerios, porquería por todos lados y para todos, y siempre por unos cuantos billetes verdes. Que todo eso lo hacen única y exclusivamente con un fin económico. Es el Mercado de la Política.

Un infeliz desliz de Gustavo Espinoza Soto en un comentario en El Útero de Marita (en la entrada en que ocraM abordó el tema acá tratado) le aúpa al panteón de las frases célebres de los políticos más cínicos del mundo cuando escribe, sin tapujo, que «ninguno de los congresistas, incluído yo, pensamos en el Perú» (sic).

Ahora lo matizará. Dirá que se refería sólo al resto, o que cada cual representa a una región en concreto y no a todo el Perú, o cualquier otra barbaridad del estilo. El inconsciente le ha jugado una mala pasada y nos ha dejado en claro lo que ya sabíamos: En el Perú (como en el resto del mundo) los Congresistas no piensan en el país, sino en su beneficio personal (y esta legislatura está plagada de suspensiones e investigaciones por casos de malversación de fondos, pago a asistentes inexistentes y demás asuntos turbios).

Catalina, en su Cuaderno de Borrador, además de un genial apunte sobre todo el caso, se centra un momento en la generalización realizada por GES (al acusar a todos sus compañeros de no cumplir con su mandato constitucional) para comentar:

«Si bien el cinismo, la ignorancia, la mediocridad, la amoralidad y la falta de criterio han sido las características de muchos políticos (sobre todo de muchos congresistas). Por un lado no se puede ni debe generalizar: si el señor Espinoza está tan contento dentro de su mediocridad, bien por él, pero que no hable por algunos que hacen algún pequeño esfuerzo por jugárselas por el país.»

No son pocos los que, como Catalina, recuerdan a quienes sí hacen su trabajo como deben, a esos que intentan, desde sus ideologías y posibilidades, hacer algo por el país, los que sí luchan día a día para que las cosas salgan adelante (esto al margen de que creamos que van por el buen o mal camino, que hacen lo correcto u óptimo). El problema es que esos «algunos» son la excepción realmente, la norma son los GES, los CTC, los Alan García, los Fujimori. Más aún, mientras más alto escalamos en la cadena del poder (sea del Estado, administración local, partidos, empresas privadas poderosas y demás), más difícil es encontrar gente digna del cargo que ocupa, gente que no se vende ni por todo el oro del Perú. Y es una lástima.

El sistema no está preparado, por otro lado, para esa gente, la que sí vale. Las personas que llegan a las esferas del poder son los Gustavo Espinoza. Y es una pescadilla que se muerde la cola, porque son los patéticos vendepatrias los que marcan las reglas de juego, los que imponen las formas y fondos del actuar político – empresarial, los que, a fin de cuentas, patean el tablero si otro jugador, limpio o impío, intenta llegar al poder.

Tenemos un sistema podrido, tenemos un sistema que se construye a sí mismo para mantenerse podrido, tenemos un sistema que se afana por presentarse como lo que no es, que se parte el crisma para que cantemos las alabanzas a ese humo que nos vendieron hace tanto tiempo en las revoluciones liberales. Lástima. Lástima que los GES no sean la causa, sino el síntoma. Y ni siquiera pueden renunciar.

8 comentarios en «De congresistas y cerdadas»

  1. la verdad qude decir que si pienzo en el pais, nadie me creeria, lo dijo como vacilo«n porque esta es el sistema, sistema tan corrupto, que viene de toledo, auque sew que eres toledista, pero igual, a mi me saqncionaron y la verdad, que lo unico que ize es decir lo que tenia que decir,y hacer lo correpto, por que los peruanos estamos cansados de tanta basura politica, sabia del costo politico pero mas me importo mi pueblo, ahora que diras de lucianita y romilito, y romulote, no te olvides que torrs caro recibio un lujoso carro de romulote, y el argentino, tenia que dejar los 10,000 mil dolares en la oficina de romulote, jajajajajajajaj el tiempo me da la razon hasta pronto amigo.,,……………….

  2. Salud GE

    ¿No deja la dirección de su bitácora como hacía en casa de ocraM (Uterodemarita.com)? Me cuesta creer que usted sea quien dice ser, comete incluso más faltas ortográficas de las habituales…

    Algunos apuntes sobre su comentario:
    – El sistema son ustedes, no se haga la víctimas de «el sistema es corrupto, caí en el sistema» porque no cuela.
    – ¿Hacer lo correcto por «el pueblo»? ¡Venga ya! Usted mismo ha dicho que solo le interesa su propio bolsillo.
    – La corrupción no viene de «época de Toledo», y me permitirá el cinismo, los distintos parlamentarios peruanos, en mayor y menor medida, y el poder político central prácticamente siempre han sido corruptos en Perú, lo fueron con Toledo, lo fueron con Fujimori, con Alan, con Belaúnde, etc. En distintos niveles y formas, pero todos lo fueron.

    Si usted cree que yo soy toledista, es que no me conoce ni entiende lo que lee.

    Hasta luego ;)

    PD: En honor a la verdad, su sanción me parece desproporcionada comparándola con la de algunos de sus compañeros sancionados que han cometido faltas más grandes que la suya. Eso no significa que usted tenga razón.

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