Sigue siendo un «Demócrata»

Si algo tienen los «demócratas» (miembros del Partido Demócrata) en Estados Unidos es el poder de cambiar de chaqueta tres veces el mismo día, de decir una cosa y hacer la contraria sin despeinarse y de afirmar que una pared es azul aunque ni sea azul ni sea una pared. Algunos dirigentes demócratas son viejos conocidos, ya sabemos con qué pies patean y todo eso, les tenemos, más bien, calados, mientras que otros son un misterio de hoy digo azul y mañana verde, mientras tanto, voto fucsia, como el aclamado por las masas Barack Obama. Aún no está ni en la carrera presidencial y ya nos muestra su «verdadera» cara (y no será ni esa), vota a favor del presupuesto para la guerra de Iraq sin calendario de salida, vota a favor del espionaje gubernamental.

Y los gringos se dan cuenta de la fragilidad de las ideas del candidato demócrata a la Casa Blanca, y así lo reflejan las encuestas cuando se interesan en porqué el republicano, el indeseable John McCain, recorta la ventaja del mulato Obama: Los estadounidenses «creen que Obama ha cambiado su posición en temas clave con tal de obtener un beneficio político».

Si ya lo hizo durante las primarias, ¿Por qué debía de dejar de hacerlo ahora? Obama arrancó con un discurso fuerte y tajante, sin, realmente, un programa que sustentara su «sí al cambio» (¿cambio en qué sentido? nos preguntábamos todos). Luego le medio copió el programa a Hillary (en sus puntos fuertes, entre ellos el seguro de salud universal) y a Edwards (¿el tema económico sobre todo? eso parecía al menos), que copiar lo bueno de otros está bien, siempre y cuando se vaya a ejecutar luego, y no sea un tema sólo del discurso.

Pero Obama gira. Ni eso, Obama se queda donde otros demócratas terminan, en una derecha que en nada se diferencia de los Republicanos. Tal vez con menos insultos a la inteligencia, pero con más hipocresía (mucho más, como ver a Bill Clinton hablando del respeto al Derecho Internacional mientras bombardea, sin ton ni son, Kósovo), pero que en la práctica, es más de lo mismo.

Obama se queja de quienes le critican, él, asegura, no se ha movido de donde estaba. Claro que no, en eso le doy la razón. Lo que pasa es que el lugar que ocupa no es el mismo que el discurso que pronuncia, y si promete un tipo de medidas distintas al actual gobierno y a las que reprochaba en Hillary Rodham Clinton (por su apoyo inicial a la guerra de Iraq y demás), no se explica, no se puede explicar racionalmente, el apoyo a las escuchas telefónicas sin orden judicial (al menos en estos temas el giro de Edwards fue el contrario, de votar por la guerra y la Ley Patriótica, a considerar lo de Iraq un error provocado por los engaños de Bush y un abuso lo que el actual presidente hace con la Ley Patriótica). Encima tiende a ser más papista que el Papa, y ahora es más «anti Irán» que el propio George Bush.

Pero el camino de Barack es inescrutable, así pues, continúa con su «donde dije digo, digo Diego» y sin despeinarse, incluso se permite continuar el ataque a sus críticos, y siempre con el dichoso tema de la guerra de Iraq. Así pues, donde antes eran 16 meses ahora es «terminaré la guerra», pero como no dice cómo (ni mucho menos cuándo o qué rayos entiende por terminar la guerra) podemos imaginarnos mil y un formas de estar en Iraq (ocupándola o destruyéndola), mientras dice que no hay guerra y que cumplió con su promesa. Y es que al final, estos demócratas (en contra de lo que muchos analistas republicanos sugieren) son tan intervencionistas en el plano militar con los republicanos, no renuncian a hacer política exterior a punta de pistola ni, mucho menos, a los negocios que ahí se generan.

En otros puntos, los que más saben, indican que Obama mantiene lo que venía diciendo, aunque durante las primarias haya dado la impresión que defendía otra cosa (como con el tema de la pena de muerte a quienes violen menores de edad, que para él era una posibilidad, y ahora salió a criticar la Corte Suprema por anular una ley en ese sentido), como con las armas, que es un «derecho» que no debiera ser tal, pero ahora aplaude la Corte Suprema por derogar una ley que era restrictiva en su posesión y uso.

Pero donde más puede escocer, al margen de Iraq y los derechos civiles vulnerados por la ley de escuchas, en tanto que encima será usado por McCain como puñal, es el tema de la financiación de la campaña. Los candidatos que reciben financiación pública se someten a unas estrictas normas de transparencia y límites sobre las donaciones que pueden recibir, cuándo las pueden recibir y sobre el uso del dinero ya obtenido en las primarias, y Obama había dicho que, efectivamente, jugaría con esas normas. Pero se desdijo, como en todo. ¿La excusa? Que McCain hace trampa. ¡Claro que sí! Y él también. El problema es que, cuando algo le conviene, su palabra es papel mojado, esto es, Obama se retrata a sí mismo como un político rastrero, del montón, de la doble cara y triple discurso, y todo por unas cochinas monedas. Peor imposible.

La táctica de ir por los gorriones, de suavizar las proclamas y demás, pero eso no es ser «el cambio», no es ser un «político diferente» ni separarse de . Esto es más bien como cuando Fujimori prometía «no shock» para ganarse a la izquierda anti-Vargas Llosa y terminó, a primeras de cambio, haciendo el shock con el mismo programa que Vargas Llosa, esto es lo típico, lo de siempre, elegir a un demócrata para que gobierne un republicano.

Ahora Obama se lanza por el voto hispano-inmigrante: No, no y no. Todo lo que diga será usado en nuestra contra, todo lo que haga será contrario a lo que prometa (no ya incumplimientos de programa, sino actuar en contra del mismo). ¿Que McCain es peor? ¡Claro que es peor! Pero no se puede votar entre dos males y esperar salir bien parado, ya que al final del día te quedará un mal de todas maneras (eso lo dice Ralph Nader, que, claro, quiere ser el tercer candidato). Recordemos que Obama no se opuso al muro entre Estados Unidos y México, cierto que propone carnés de conducir para inmigrantes indocumentados, pero es absurdo un carné oficial que permite trabajar sin un permiso de trabajo ni una estadía legal… ¿enseñarás tu carné de conducir al policía que te lo solicita para que él mismo te lleve a inmigración para ser deportado al darse cuenta que eres ilegal?

Y este puede que sea el próximo presidente de la potencia más grande y beligerante del mundo. O McCain… Hay que fastidiarse.

5 comentarios sobre “Sigue siendo un «Demócrata»”

  1. Nunca entendi estas tacticas suicidas, que si bien en un entorno multipartidario se pueden camuflar mas, en un escenario bipartidista es demasiado evidente, canta demasiado y al final el indeciso puede terminar votando por el original, que se sabe que es malo pero que lo ha sido coherentemente. Si es que a algunos les gusta dispararse en el pie…… y ya le esta pasando factura:
    http://www.peru21.com/p21online/Html/2008-07-14/onp2portada0920460.html

  2. Salud

    O dejan de votar (no sé si llegué a enlazar unos artículos que hablaban del absentismo en las pasadas elecciones de lo que serían los socialdemócratas entre los «demócratas» y de los hispanos «progresistas» en Estados clave, donde por pocos votos ganaron los republicanos, para esas personas, los «giros» de sus posibles candidatos se traducen en no ir a votar, y eso «lo siente» negativamente el partido demócrata).

    Dicen que se pilla más rápido a un mentiroso que a un cojo, y a Obama ya le pillaron antes del inicio de la campaña :S.

    Hasta luego y gracias por el comentario ;)

    PD: No recuerdo qué presidente argentino (reciente, más o menos) dijo eso de «Si yo hubiese dicho durante la campaña lo que pensaba hacer, no hubiese ganado las elecciones», en una muestra más que cínica del divorcio entre discurso y actuar, y de cómo mintiendo sí se puede ganar.

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