Estoy impresionado. Tengo la sensación de que el mundo entero ha comprado la moto Demócrata. Es la única forma en que puedo entender esas encuestas “mundiales” (a saber cuál es su real muestra) en que nadie quiere a McCain (un 12% más bien) y todos prefieren a Obama (¿Acaso no hay más opciones?). Cambio. Nunca una campaña publicitaria (exagero, claro) había calado tanto. Cambio se repite, pero ¿En qué? ¿Política internacional? Lo dudo. ¿Política interior? ¡Menos! ¿Porque es negro (mulato realmente) significa que en su mandato todo será diferente? ¿Fue el mandato de Margaret Tatcher diferente porque era mujer? Obama es un demócrata, senador, no es una forma distinta de nada, y que tenga a Biden de segundo nos lo deja claro desde el principio.

Cuando Alan García eligió a Luis Giampietri Rojas ya sabíamos todo lo que significaba en cuanto a políticas de respeto de derechos humanos en su posible gobierno, cuando Rodríguez Zapatero nombró segundo vicepresidente y ministro de economía a Solbes ya sabíamos cómo sería la política económica del gobierno socialdemócrata, cuando Obama elige a Biden y comienza su camino de desdecirse entendimos (entiendo) que eso de cambio no pasaba de una frase electoral mil veces repetida, tan manida que resulta sorprendente que funcione.

Con esto no quiero decir que McCain sea “la opción”, ni mucho menos (efectivamente, Obama es “menos malo”, por principio, que un presidente Republicano, pero poca diferencia real hubo entre Clinton y Bush, salvo el CI del segundo con respecto al ciudadano promedio. Pero de fondo, sobre todo en la parte que nos concierne al resto del mundo, la política internacional estadounidense, las cosas no cambiarán mucho. O mejor, no serían demasiado distintas teniendo a McCain que a Obama en la Casa Blanca.

Seguiremos asistiendo a guerras injustas y contrarias al Derecho Internacional, seguiremos presenciando atónitos el constante apoyo de Estados Unidos a algunas de las grandes masacres modernas (entre ellas, las cometidas por el gobierno de Israel contra Palestinos y el resto de vecinos, en defensa de una teocracia y nacionalismo tan despreciable como el de otros vecinos, algunos amigos y otros enemigos de EUA), seguiremos viendo una administración que avala la tortura y que mantiene Guantánamo mientras dice que quitarán dicha cárcel (aunque nada digan del resto de prisiones similares por el resto del mundo). ¿Que puede cambiar la situación con Cuba? Poco, tal vez al primer mandato Bush, pero no mucho más.

Obama ha sabido capitalizar muy bien sus “puntos fuertes”, ha sabido poner especial énfasis en su origen racial (olvidando por completo su parte “blanca”, obviando que no es como el resto de afroamericanos de tercera o cuarta generación, si no que su padre es un empresario que nada tiene que ver con los nietos de esclavos que vivieron incluso el fin del racismo legal en Estados Unidos, hace menos de 50 años), ha jugado con su edad y, por supuesto, ha tirado de la publicidad (bien invertidos esos cientos de millones, cifras que suenan absurdas cuando le escuchamos hablar de la crisis a sabiendas de lo que se gasta en campaña, y que en la misma incumplió su primera promesa, que era recibir la pública para someterse a sus controles, hay que fastidiarse).

Obama ha convencido al mundo de que es la mejor opción para Estados Unidos y para el mundo. Y solo el racismo oculto, como aquella vez en California, le podrán quitar el trono del Palacio Blanco. En parte se ha ganado el título de ganador antes de jugar (y puede que me equivoque y luego salga electo McCain, no sería tan extraño la verdad, cosas más raras se han visto, como la victoria perdiendo por votos absolutos de Bush en el 2000) gracias a la ineptitud republicana. Mala opción resultó Palin (aunque al comienzo levantó revuelo y enteros en las encuestas, su pasado reciente, su actualidad, le jugó una mala pasada), la estrategia de la descalificación personal por cualquier cuestión (acusar a Obama de socialista o terrorista, o echar la culpa al partido Demócrata de derrotas básicamente republicanas) o mediante la simple demagogia no han hecho sino dejar claro que McCain no tenía nada “real” para ofrecer, distinto a Bush y el fracaso total de su administración (¡si al menos se hubiesen dado cuenta hace cuatro años!)… Si Obama gana será por su asombrosa campaña mercadotécnica y por la propia ineptitud electoral de los republicanos en ese campo.

Hay que fastidiarse, la socialdemocracia casi en bloque lo ha elegido como líder mundial sin que sea siquiera de izquierdas (no lo es queridos lectores, no lo es), la izquierda casi que saluda su triunfo no nato. Todos repiten “representa un aire fresco en la política”, “es otra forma de hacer las cosas”, “un cambio, lo que el mundo necesita”. ¿De verdad? ¿¡Qué va a cambiar con Obama!? ¿Qué cosas “distintas” propone? ¿Qué significa un cambio en “hacer las cosas” en alguien que, desde el Watergate, se niega a la ayuda estatal que significa control sobre los fondos que recauda? ¿Qué cambio? De verdad pregunto: ¿Con Obama qué va a cambiar?

El siempre candidato presidencial Ralph Nader tiene razón cuando afirma: “Si eliges el mal menor entre dos males, al final del día, todavía tienes un mal.” barack Obama, no lo olvidemos, es uno de esos males. Si de verdad esperan un cambio con Obama, con todo lo que hemos visto y oído estas semanas (y no me refiero a los patéticos ataques del bando republicano, sino a las propias palabras y acciones del candidato del Partido Demócrata), es que no han entendido nada (o tenemos, ustedes y yo, conceptos totalmente distintos de lo que significa “cambio”). Pero nada, seguimos insistiendo en el capitalismo y en el bipartidismo, y conformándonos con los restos que nos dejan ambos. Hay que fastidiarse.

(Como decía más arriba, de lejos Obama me parece “mejor” que McCain, pero una piedra perdida dentro del calzado de un sin techo buscando refugio en un soportal de Wall Street me parece mejor que cualquiera de los dos, incluso el chaquetero Nader.)