Tijeretazo de derechos, ¿huelga general?

huelga general ya

El gobierno, aceptando los dictados del «mercado» (como siempre), ha decidido hacer un «tijeretazo» en el gasto público en un afán desesperado por bajar un déficit que por primer año, tras muchos de férrea disciplina fiscal, se ha disparado. ¿En qué han recortado? Pues en inversiones (fin de la política keynesiana aplicada hasta el momento, y la patronal feliz, aprovecha para pedir privatizaciones), salarios y gasto social de distintos tipos. Dentro de ese gasto social destaca la congelación de las pensiones no contributivas, la eliminación de la ayuda a las madres mediante pago único (llamado cheque bebé), el fin de la retroactividad de las ayudas por dependencia, reducir la ayuda para el desarrollo exterior, entre otros (como sanidad).

También se endurece el acceso a la jubilación, aunque ya este tema rondaba por las cabezas de nuestros gobernantes, ahora lo plantean como una necesidad inminente, cumplir esas leyes que ayudan a retrasar la edad de jubilación (la media anda por 63 años cuando la legal es a los 65, la idea es que cada vez menos gente se jubile «antes de tiempo»). Pero sobre todas destacan realmente dos, la de las pensiones y la bajada de los salarios de los empleados públicos.

Esa reducción es «en promedio» del 5%, pero depende de la categoría profesional, avisan que los miembros del gobierno (los altos cargos en general) verán sus nóminas reducidas en un 15%, y así cada escala tendrá una reducción «adecuada». Esta es la primera vez que el salario de los empleados de la administración es recortado de forma directa (porque también han perdido poder adquisitivo por subidas insuficientes), aunque a los del sector público empresarial no les afectará (salvo a sus directivos), lo cual deja aun en peor lugar a los trabajadores que laboran directamente para la administración.

Son las pensiones y las madres las que han levantado más el descontento social, sobre el cheque bebé, pues personalmente no lo eliminaría, pero sí lo acomodaría a los ingresos del hogar de la madre, esto es, no veo el sentido de darle dos mil quinientos euros a una señora en cuyo hogar se tienen ingresos superiores a cuarenta mil euros anuales, y que se dé esa misma cantidad a una mujer en un hogar en que no se llega a los catorce mil anuales, la medida asistencialista del gobierno en el cheque bebé era y es demasiado lineal.

Las pensiones, por otro lado, son en España especialmente importantes, como todo lo que afecta a la «gente mayor», hay que tener en cuenta que es un colectivo especialmente numeroso y que suele votar (y decidir elecciones), con lo cual, puede que sea el que más afecte a las posibilidades electorales del PSOE en un futuro próximo.

Me revienta que, por otro lado, mucha gente hasta aplauda el recorte salarial para los trabajadores de la administración. Digo trabajadores, y digo bien, son gente que presta servicios a un empleador, aunque sea el estado. Y no todos son funcionarios de carrera con plaza fija (justificación habitual para esa «alegría»: «tienen trabajo asegurado»), hay interinos y hay personal laboral, entre ellos temporales, igual que en el sector privado… ¿Dónde está la solidaridad de clase?

Los sindicatos están haciendo tímidos movimientos, que si huelga tal vez, por ahora solo sectorial, para los funcionarios, así que CC.OO., UGT y CSI-CSIF (este sindicato, personalmente, es una de las razones por las que los funcionarios no cuenten con solidaridad de clase, han apostado por no estar en formaciones de clase en muchos casos, prefiriendo sindicatos profesionales), CC.OO. y UGT se juntaron con el gobierno y aunque relajaron un poco su primer discurso, tampoco han sido tajantes en cuanto a la convocatoria de una Huelga General contra el previsible «decretazo». Izquierda Unida pide que enseñemos los dientes y tacha de «golpe de estado contra los derechos de los trabajadores» y exige un referendo sobre dichas medidas.

Lo peor es que hace tiempo que el gobierno se rindió al otro bando, si es que alguna vez estuvo en el de los trabajadores, hay que recordar que su reforma fiscal contra la crisis y para poder aumentar los ingresos del estado (para reducir un déficit no solo hay que bajar los gastos, sino aumentar los ingresos) recurrieron a subir el IVA y otros impuestos indirectos, pero no es solo que suban los indirectos, es que los directos se han disminuido, en el pasado cercano ha quitado el impuesto de patrimonio, reducido el IRPF para las rentas más altas, el de sociedades… y en su momento, a última hora, cambió unos pactos con la izquierda para hacer más progresivo tanto los ingresos como los gastos para ser apoyado por las derechas regionales. (Aunque Blanco admite que hay un cierto debate para que los que más tienen más paguen… ejem… esperemos que no quede como la última vez que se debatió esto, o sea, en nada.)

Y ante todo lo antedicho, los ciudadanos callados, sin salir a la calle, dejándonos golpear por el continuo goteo de medidas propias de la derecha económica, así que… ¿De qué nos extrañamos cuando el gobierno pega un tijeretazo al gasto social? Incluso si miramos las propuestas del gobierno para el Diálogo Social han ido a peor en cuanto a la protección de los trabajadores, a dificultar la jubilación, a quitarnos poder en la negociación colectiva, etcétera.

En otras palabras, hace mucho tiempo ya debimos salir a la calle en una huelga general. Y ahora también.

El gobierno debe saber que no estamos de acuerdo con su política fiscal y económica, que los trabajadores defenderemos nuestros derechos y lucharemos por conseguir mejoras en los mismos, no retrocesos, y que a la banca, nacional e internacional, a esa que les hemos dado el dinero de todos para rescatarlos (dinero que están usando contra nuestra moneda), que no nos someteremos a sus deseos, que son ellos los que trabajan para nosotros y no al revés.

No voy a decir que todas las medidas sean malas, algunas dan rabia que no se tomaran antes (algunas de reestructuración de empresas públicas, reduciendo sobre todo el personal directivo y demás, y similares, que vuelven más eficiente a la administración y reduce el número de cargos de designación directa por el político de turno), y otras, pues resultan bastante sensatas (dentro de las medidas vinculadas con la sanidad, la idea de envasar los medicamentos según el tratamiento más habitual y no lo que decidan las farmacéuticas, por ejemplo, si lo habitual es un tratamiento de una pastilla al día durante una semana, que no se vendan -con la rebaja del precio pagada por la Seguridad Social- en envases de 10 cápsulas, sino de siete). Pero en general son unas medidas realmente nefastas para la clase trabajadora.

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