Una de las correcciones que se están haciendo al llamado “cheque bebé” es que no todos los niños vendrán con la misma cuantía de ayuda. Así pues, a las situaciones más difíciles consideradas a priori se les da más ayuda: Familias numerosas, familias con hijos con deficiencias y familias monoparentales. En esos casos, la ayuda puede llegar hasta los 3500 euros (1000 euros más que la cantidad inicialmente determinada “para todos”). Hasta aquí todo bien (al margen de la crítica a esto de los cheques-loquesea poco redistributivos), parece que lo más justo es dar más a quienes más problemas o gastos tienen o pueden tener. Pues no para todos, la Conferencia Episcopal nos ha recordado, una vez más, que está anclada en el pasado de la propia Iglesia.

El portavoz de la Conferencia episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, pone en duda las ayudas a familias monoparentales:

«”Ayudar a la natalidad está bien”, señaló el portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, pero “promover que los hijos vengan al mundo sin padre o sin madre, nadie lo va a ver bien”. La jerarquía católica critica de esta manera que el Ejecutivo conceda ayudas también a los niños que no nacen en “condiciones óptimas”, que se dan, según Martínez Camino, cuando concurren tres circunstancias: “Un padre y una madre conocidos, que se aman, y que están unidos por un pacto estable y permanente”.» (Fuente: Público)

En fin, no sé qué creen, que la gente decidirá cuidar a un niño en un ambiente monoparental por mil euros (si fueran cien mil podría, pero ¿Sólo por mil?) o que esto resulta realmente un incentivo para la natalidad (hablo de la medida en general, no creo que mucha gente decida tener un hijo por dos mil quinientos euros -y quienes lo hagan por esa cantidad es que están demasiado necesitados y requieren de otro tipo de ayudas, a la par que no han valorado lo que cuesta un crío-).

Una vez dicho esto, la postura de la Conferencia Episcopal no sorprende, está en la línea de su postura con respecto a Educación para la Ciudadanía (en contra de la mayoría de sus bases, sea dicho), en su planteamiento sobre los matrimonios homosexuales, y un sin fin de temas más, donde se afanan en mostrar que no sólo están muy por detrás de la realidad social, sino de la realidad de las bases de las que tanto se jactan. La Conferencia Episcopal española aún vive en los cuarenta, aún desea retomar las buenas costumbres de esa época, contando gobierno y régimen (porque decir, como aquella vez, que la educación era más libre con el franquismo es… bueno, ya me entienden).

En fin, que las ayudas se deben de dar a quien las necesite, y está claro que una familia monoparental tiene todas las papeletas para necesitar una ayuda extra que una “óptima”. Fuera de eso, es considerar que las ayudas son premios.