No ganó nadie… pero alguien ganará

ganadores I vuelta Perú

Hablar de las elecciones en Perú se vuelve difícil una vez se ven los resultados. Existe la tentación de analizar los votos según unos parámetros que suponen, en el fondo, que tanto quien ganó como la segunda opción más votada representan buena parte del electorado y eso está francamente lejos de la realidad. Al menos en buena parte del Perú. Si sumamos a Perú Libre (PL) y a Fuerza Popular (FP) tenemos que han recibido 4 655 514 votos, lo que supone el 26,28 % de los emitidos; entre los dos primeros lugares a duras penas se supera 1 de cada 4 votos. De hecho, FP tiene menos votos en primera vuelta que los votos en blanco. Ojo, que ese es un 26,28 % de los votos emitidos, si nos fijamos en el padrón electoral, tenemos que solo han recibido el apoyo del 18,41 % de la gente con derecho a voto. ¿Les parece que esos son números dignos para quienes se muestran como las representantes de las mayorías en Perú? Están muy lejos de serlo; de hecho, lo que vemos es una gran dispersión del voto en general (hay zonas que no es así).

Creo que hay que pisar un poco el freno en el triunfalismo de la izquierda. Estas elecciones tenían tres partidos que se reconocían sin problemas como izquierdas* sumaron el 27,24 % de los votos válidos, el 22,15 % de los votos emitidos y el 15,51 % de los votos de personas con derecho a votar. ¿Estos son los números que demuestran un movimiento fuerte de masas? Lejos está de eso. Los votos de las derechas, por contra, suman el 72,76 % de los votos válidos, el 59,15 % de los votos emitidos y el 41,43 % de los votos de la ciudadanía con derecho al sufragio activo. Por ahora, Perú Libre va primero en las encuestas, con crecimiento entre las clases más populares (con ello, también entre las que cuentan con más masa electoral, que cuando se habla de los porcentajes de variación en cada segmento socioeconómico es un detalle que se «olvida», como bien señaló Sifuentes en un reciente vídeo).

Por otro lado, el voto por PL no se explica tanto desde una consciencia de clases y un voto claro a una opción de izquierdas (donde ha ganado se parece mucho a donde lo hizo en el pasado Mendoza –hoy muy relegada– y antes Humala –que, aunque la izquierda lo apoyara, él no lo era, tampoco su partido–), sí es un voto disconformista con el actual reparto en Perú, con las reglas de juego actuales.

Por último, sí, PL ha ganado en la primera vuelta, pero en general su apoyo es «suave», en el conjunto del país ha obtenido menos votos (absolutos) que Mendoza en el 2016, ¡y ella quedó tercera! Sí, tiene un poco más de porcentaje de voto válido (aunque no llega a dos décimas). Ha ganado más por lo disperso del voto del resto que por concentrarlo con fuerza por su parte. Es cierto que, como opción ganadora, lo ha sido en muchas partes del país, pero insisto en lo disperso del voto.

Creo que es importante, entonces, esta dispersión de votos:

Tabla de dispersión de votos (Perú, 2021 vuelta primera).

Encontramos con que solo en 3 regiones (acá se suma Lima de forma conjunta) una candidatura superó el 50 % de votos válidos, como curiosidad, en una de ellas los votos a candidaturas no suman el 50 % del electorado. En 22 lugares (de 26), al menos una candidatura superó el 20 % de los votos válidos, en solo 2 de ellas fueron 2 las candidaturas que superaron ese porcentaje de voto, siendo una de ellas la que más concentrado tiene el voto (al punto que esas dos candidaturas suman más del 50 % del voto del electorado hábil). Además de las 3 regiones donde una única candidatura supera el 50 % del voto válido (en todas la victoria es de PL), encontramos que en otras 5 la suma de las dos candidaturas ganadoras también supera dicho 50 %. Curiosamente, en todas ha ganado Perú Libre pero su acompañante ha variado bastante, solo en una de ellas (Cajamarca) el segundo lugar (FP) ha pasado a segunda vuelta; Acción Popular fue segundo dos veces entre estas regiones (Moquegua y Puna), Juntos por el Perú en una (Cusco) y Avanza País en otra (Arequipa). En 11 de las regiones se deben sumar 4 candidaturas para conseguir superar el 50 % del voto válido. Son 5 los partidos que han «ganado» en alguna circunscripción, PL en 16, FP en 7 (si se separa Lima provincia del resto de Lima, como se debe hacer, serían 8), Avanza País en 2, Alianza para el Progreso en 1 y Renovación Popular en 1 (en el extranjero).

FJ ha hecho un análisis muy interesante sobre el voto rural y el urbano en estas presidenciales (lo pueden encontrar acá); me parece importante destacar que: Castillo ha ganado también en el urbano general y, sobre todo, en el Urbano que excluye Lima y Callao. El ámbito urbano está mucho más disperso que el rural, pero es un tema de «colores» y no de modelo económico, siendo un voto claramente más de derechas que el rural (de las cuatro fuerzas que superan el 10 %, 3 son muy de derechas); si hablamos del ámbito urbano de Lima, el voto es completamente distinto (Castillo es séptimo, siendo solo 3 partidos los que superan el 10 %, los tres son de derechas y Fujimori fue la tercera de esas opciones). En el rural hay más concentración de voto, solo 3 partidos superan el 10 %, siendo el tercero una opción con un modelo económico desarrollista (y no tan neoliberal como las otras), además, la cuarta candidatura es de centroizquierda. El 1.º y el 2.º del ámbito urbano de Lima en el ámbito rural tienen los puestos 7.º y 6.º respectivamente. Así de distinto se ha votado no solo en el Perú, visto por regiones, provincias y distritos (geniales mapas de FJ), sino entre el ámbito rural y el urbano.

Desde Lima, desde esa Lima dirigente, no se comprende lo que ha pasado en estas elecciones, cómo Castillo, con un partido que en el pasado era un fracaso total (y hablo de hace cinco años), con un dirigente condenado por corrupción, ha conseguido el triunfo en las elecciones. Tampoco se termina de entender cómo el fujimorismo sigue donde está, otra vez en una segunda vuelta; pero ahora lo tienen claro: apoyarán al fujimorismo. Ya salió Vargas Llosa para dar por bueno a la candidata naranja, porque antes cualquier cosa que rojo.

El fujimorismo, y esto no es nada nuevo, sí tiene el apoyo de las clases dirigentes de Perú (por favor, miren cualquier encuesta y fíjense en el sector A, que cuantitativamente es poco numeroso pero es el que controla los medios de producción y comunicación del país, ahí Fujimori tiene al rededor del 80 % de los votos), puede que como primera opción prefieran algunas otras «marcas blancas» de la derecha peruana, pero el modelo económico que defienden no deja de ser el mismo. Solo los pasivos de la corrupción les alejan de un apoyo más frontal y claro desde el minuto cero. Porque la «dictadura» no les asusta, el problema con Perú Libre no es que quiera poner un Estado Autoritario, si así fuera, el fujimorismo estaría completamente vetado en el país y no es así. El autoritarismo fue abrazado (y lo será) por las clases dirigentes siempre y cuando les favorezca.

Esta, como casi todas las segundas vueltas, es un voto más «anti» alguien que «pro» alguien, sobre todo si consideramos que las dos primeras candidaturas a duras penas suman el 32,33 % de los votos válidos (para que nos demos cuenta de lo malo que es un sistema en que solo pasan 2 candidaturas, ninguna de ellas es realmente «popular»), el 26,28 % de los votos emitidos (poco más de un cuarto) y el 18,41 % de los votos de personas con derecho a ello. Ese 32,33 % está muy lejos de lo que sumaban las dos primeras candidaturas otros años: 2001: 61,93 %; 2006: 54,94 %; 2011: 55,25 % y 2016: 60,91 %. Desde que acabó el fujimorismo, esta es la primera vez que si sumamos las dos primeras candidaturas no llegamos a 50 % del voto válido… pero es que tendríamos que sumar 4 para llegar a ese 50 %. Por cierto, en dos de las cuatro quien ganó fue la candidatura que quedó segunda en la primera vuelta (2006 y 2016), en ambos casos un gran voto «anti» (antihumalismo en el 2006 que se tornó en victoria de Humala en el 2011 como voto antifujimorista; la otra fue en el 2016 con el triunfo de PPK por el voto antifujimorista).

El fujimorismo, por su parte, se tendría que mirar un poco el ombligo y preguntarse cómo es posible que una candidata que superó los 6 millones de votos en 2016 y que controló el Congreso (hasta su disolución prematura) esta vez no ha conseguido llegar a los 2 millones (quedando por debajo de los votos en blanco), cómo es posible que el tercer y cuarto puesto sean formaciones que dicen casi lo mismo que ella, con gente que viene de las filas fujimoristas pero que no se ha sentido ni se siente representada por el Keiko en este momento.

Los pasivos de la corrupción están en los dos partidos, PL tiene a su líder condenado y el fujimorismo también; es cierto que la corrupción del fujimorismo es muchísimo mayor, pero también porque llevan más años entre nosotros y han tocado más poder; PL, con su poca historia, ya viene cargadita.

Sobre el autoritarismo, en PL puede haber dudas, pero en el fujimorismo hay certezas: ese partido dio un golpe de Estado y montó un gobierno cuasidictatorial que acabó por corrupción en el 2000, y no ha cambiado como partido, no se arrepienten de según qué cosas (en sus filas hay congresistas, electos en el pasado y electos ahora, que siguen con causas por las esterilizaciones y temas similares; siguen viendo con buenos ojos el propio autogolpe). FP es violencia del Estado. PL apunta maneras para serlo también.

Si hablamos sobre machismo, ambas formaciones lo son (acá voy a recordar la entrada dedicada al tema), un poco menos, si se puede poner grados, PL que el fujimorismo. Ambas formaciones son xenófobas (sus declaraciones sobre los venezolanos son cualquier cosa menos invitaciones a la integración).

Castillo necesita, necesitará, necesariamente los votos de la derecha y de otras formaciones que, si bien son de derechas, prefieren otros epítetos. Eso a los más puristas les molesta (los llamamientos al Partido Morado no han gustado internamente, parece ser), en el fondo se recuerda lo que pasó con la gran transformación de Humala, que no llegó entera ni a segunda vuelta. Parecido le pasará a Castillo, cuyo plan (que tampoco es revolucionario, no nos creamos eso; ninguno de los partidos de izquierdas de Perú se presenta con planes de gobierno comunistas o socialistas) acabará siendo pequeñas reformas al sistema existente. Y cayendo al olvido más bien pronto por defraudar (como pasó con Humala, insisto).

Por su parte, los apoyos del fujimorismo son más fáciles: cualquiera que no se considere de izquierdas y cualquiera que quiera preservar intacto el modelo socioeconómico, esto es, la gran mayoría de los partidos políticos. El tercero y el cuarto son fujimorismo con otro nombre, pero tampoco alcanzan para llegar al 50 % (por no llegar, no llega ni al 40 % de votos válidos). Muchos partidos ya anunciaron su apoyo más o menos claro a Fujimori, pero no supone que quienes votaron por dichos partidos hagan algún caso a su formación; hay votos que no se irán al fujimorismo porque, bueno, son ante todo antifujimoristas (por eso no votaron por Fujimori en la primera vuelta).

Junto con convencer a la gente que votó a otras formaciones, toca también ganarse el voto de quienes lo hicieron en blanco o nulo, que, no podemos obviarlo, son más de tres millones (sí, más que los votos de PL).

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*Perú Libre, Juntos por el Perú y el Frente Amplio; por favor, a todos esos que meten al Partido Morado como opción de izquierdas, no, no lo hagan, están lejos de serlo; la máxima izquierda de dicha formación se encontrarían en el socioliberalismo que, siendo generosos, es centroderecha, esto por más que tengan alguna persona socialdemócrata en sus filas.

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