Pandemia: aporafobia y racismo

«Comedores de papas» de Vincent van Gogh

Medios de comunicación y responsables políticos del espectro derechista han sacado sus filias y fobias estos días con más desparpajo de lo habitual, así se atreven a «acusar» de los problemas en controlar la pandemia a la irresponsabilidad individual, sobre todo de pobres e inmigrantes. Señalan que son los barrios con más inmigrantes los que sufren los mayores rebrotes; la presidenta de una comunidad autónoma en España llegó a decir que es por la «forma de vida» de los inmigrantes (en casas pequeñas, mucha gente junta), confundiendo «forma» con «condiciones». No, el problema no es que los inmigrantes tengamos una forma de vivir que favorece a los contagios (como si tuviéramos las mismas costumbres no importa de dónde seamos), entre otras cosas porque eso nos daría a España muy por debajo que el resto del mundo y esto no ocurre. Pasa que esos inmigrantes viven en barrios con infravivienda, donde los altos porcentajes de contagios se dan en toda la población que vive en esos barrios, no solo entre las personas migrantes.

Señalar la «forma de vivir» de la población migrante, además de falso (la inmigración no tiene la misma incidencia en unas ciudades que en otras, ni en unos barrios que en otros) como el problema del contagio mayor en ciertas zonas no deja de invisibilizar las condiciones de vida de dichos barrios (de todas las personas que viven ahí) y, además, se pone una diana en el pecho de cualquier persona que no «parezca» española (según el imaginario racista), pues se está acusando a un todo de algo en que no tienen ni pueden tener responsabilidad directa.

También se les (se nos) ha acusado de no saber guardar las distancias sociales, de no hacer bien los confinamientos y cuarentenas; a los pobres se les ha señalado de forma constante, titulares vergonzosos de cómo era de difícil para la policía controlar que la gente se quedara en casa (¿pero qué casas?, ah, esos detalles no se dice; hay en casos que se está más seguro en la calle que confinados), políticos y políticas señalando a quienes se tienen que buscar el pan arriesgándose en unos trabajos que no cumplen las mínimas medidas de seguridad.

Los medios de comunicación no cubren igual los brotes o rebrotes en barrios ricos que en barrios pobres, en los pobres es culpa de la ciudadanía, un problema de la irresponsabilidad individual de esas personas que prefieren estar en la calle o donde sea antes que en sus cuchitriles, chabolas, habitaciones donde vive toda una familia; casi casi se les (nos) tacha de asesinos. Cuando un rebrote es identificado en un acto de alta sociedad, en una fiesta privada en una mansión y un hotel, cuando está implicada incluso los hijos y las hijas más sanos y sanas de la alta sociedad (económica y política), se pone como una anécdota y se cubre con preocupación el estado de salud de las personas implicadas. ¿Ven la diferencia de tratamiento?

¿Que los medios de transporte están abarrotados? Nada, culpa de la ciudadanía, por usarlo, por seguir yendo en las mismas horquillas de horas (ejem… como si nosotras pusiéramos los horarios de entrada al trabajo); no nos olvidemos que los medios de transporte son una necesidad en las grandes ciudades y sobre todo para las personas en peor situación económica, que no cuenta con alternativas reales al transporte público.

En este momento hay más gente apiñada en un autobús o vagón de metro que en cualquier otra actividad que desarrollemos. Lugares absolutamente cerrados, donde no solo hay una alta concentración de personas, sino que estas entran y salen de forma constante. Es más seguro un botellón al aire libre (tan señalado) o una reunión privada de 15 personas que usar el metro o el autobús en las típicas condiciones de atún en lata de cualquier hora punta, para acabar en un puesto de trabajo tenga o no las medidas de seguridad.

¿La culpa de que no se cumplan dichas medidas? Se ha señalado rápidamente a los pobres (que tienen que trabajar) y, si son inmigrantes, al propio hecho de su condición migrante. Así, trabajadoras en el campo contagiadas de forma masiva que vivían hacinadas en barracones insalubres y con contratos irregulares, sin ningún tipo de EPI, resultaron responsables (para los medios de comunicación más masivos) las personas trabajadoras, no las nulas medidas de seguridad, no las condiciones de vida de semiesclavitud, no la obligación de ir aunque se tuviera fiebre…

Durante la pandemia, se carga con dureza contra el ocio mientras se da luz verde a que se tenga que ir a los puestos de trabajo, la economía sobre la salud (física y mental) de las personas. Esto hace que quienes tengan peores condiciones laborales, peores condiciones socioeconómicas, sufran el doble y sean muchísimo más vulnerables. En las grandes urbes, donde no es una opción ir andando o en bicicleta al trabajo, el problema crece.

¿Se dan cuenta lo absurdo que es cerrar parques infantiles mientras los colegios están abiertos? ¿Se dan cuenta lo absurdo que es restringir las actividades al aire libre mientras se tiene que usar lugares abarrotados que están cerrados? Limitamos el grupo de niños y niñas en la calle a 10 pero metemos a 20 en un aula, de estas personitas, algunas habrán ido en bus o metro, con más gente por junta se puede encontrar.

Pero esto no es gratuito, no es algo que pase «porque sí», no es una coincidencia. Existe una ideología que realmente acusa al pobre de ser pobre: lo eres (lo somos) porque no te «esfuerzas», porque no quieres salir de tu zona de comodidad, porque no has sido suficientemente listo o lista, inteligente o lo que sea, para ascender en la sociedad y salir de tu pobreza. Esa misma ideología carga contra la inmigración (pobre, a la rica no se le critica, nunca, a veces ni se le trata de «inmigración») porque así puede señalar un enemigo claro, concreto y no está escupiendo en la cara de un tercio de la población (esto es, toda la gente que no anda sobrada de recursos económicos) y la enfrenta entre sí. No pueden acusar a todo un barrio de los contagios, así que señalan a una parte pequeña que vive en dicho barrio (las personas migrantes). Se azuza el racismo para ocultar la aporafobia, el odio al pobre, y se consigue, además, que las clases sociales en la base se peleen entre sí en vez de cuestionar los privilegios de quienes les señalan como culpables.

Para que no quepa duda: no, no hay una causalidad directa entre tener más inmigración y más contagios, pero sí la hay entre las condiciones de vida y más contagios. Pero es más fácil generar odio que proponer soluciones a las condiciones de vida, máxime cuando el responsable político de turno considera que dichas condiciones son culpa (responsabilidad) de la propia persona, de forma individual.

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