Contrarrespuestas sobre las independencias americanas

Saben ustedes que soy poco entusiasta de las independencias americanas, no por amor a un Imperio cruel y tirano, sino por desamor a quienes las llevaron acabo, las ejecutaron y lo que nos dejaron: Más de lo mismo. Esto es, que no fueron independencias revolucionarias, sino meras reformas de quién manda a quién, un traspase de oligarquía a oligarquía y tiro porque me toca. Leo y releo el texto del historiador Manuel Lucena Giraldo (investigador del CSIC ni más ni menos) publicado el pasado 19 en el ABC y no salgo de mi asombro con algunas de las «respuestas» que da (porque el inicio del artículo es prometedor en todo su esplendor).

Veamos algunos de los puntos del artículo (a sabiendas que seguramente es una versión simplificada y divulgativa escasa de lo que puede ser la obra de un investigador dedicado a la historia latinoamericana, en particular de esa época histórica y de las independencias de nuestras tierras):

«El imperio español tuvo un fuerte componente negociador y de consenso; por eso duró tres siglos. Las deudas históricas no existen. La historia no se cambia con leyes.»

El imperio español fue ante todo y sobre todo un imperio, el componente negociador solo existe en el plano de la rendición. La «convivencia» durante tres siglos se explica de muchas formas, pero no por el «consenso» en la forma de gobernar de virreyes y oligarquías; el indio no contaba, ahí estaba subyugado, como lo estuvo en la mayoría de países tras las independencias. Si bien la opresión no es suficiente para explicar los levantamientos independentistas (fíjense nomás en los líderes), resulta absurdo decir que se debe, ese sustento de 300 años de sometimiento, al consenso, cuando todo se inicia con una guerra de conquista, es como decir que la convivencia entre blancos e indios en Estados Unidos, hasta la fecha, se dio gracias al consenso… ¡Pero si no hay convivencia cuando existe opresión! Las deudas históricas sí existen, y están en el terreno político (no del estudio historiográfico), y no solo la tiene el Imperio español con nuestros países, sino nuestros gobernantes pasados con los actuales ciudadanos. Las leyes no cambian la historia, por supuesto, pero tampoco pueden evitarla ni eludirla (para que solo quede en el campo de la academia), pues gracias a esa historia somos lo que somos.

El punto 2 no es que sea falso lo que él dice que es, sino que es una generalización que un par de excepciones tampoco termina de derrumbar. En general, los americanos tenían un problema para ascender y mandar, y por supuesto, quienes lo hacían debían total sometimiento a la corona española, así que era lo mismo que tener a uno de la metrópolis. Esta fue una de las tantas concausas por las cuales los criollos se levantaban contra el imperio.

«En la América española mandaba la Inquisición y no había educación, ilustración e imprentas. El mito del oscurantismo colonial es otra falsedad. El Santo Oficio, que no tuvo jurisdicción sobre indígenas, era residual en 1800 y las ciudades se habían llenado de bibliotecas públicas, teatros, alamedas y jardines. México era la ciudad más rica del hemisferio occidental y una de las grandes urbes del mundo. Existía censura, pero el empeño por leer y escribir apenas se veía afectado. Entonces, como ahora, prohibir un libro era la manera de consagrarlo.»

En la América gobernada por el imperio español sí existía oscurantismo, sí existía persecución cultural, es cierto que en 1800 ya poca inquisición (o las formas que adoptó en América, más bien) se veía por ahí, pero no es menos cierto que se acabó o intentó acabar y se seguía persiguiendo al resto de religiones originarias de las culturas del continente, que los ritos paganos para los cristianos fueron absorbidos (cuando no proscritos) por los cristianos, y fue a punta de obligación, no por deseo de ser convertido.

Que hubiese bibliotecas no significa que los libros estuvieran al alcance de todos, que hubiese escuelas no significa que la educación fuera para todos. Solo las élites podían acceder al conocimiento, al menos con todos los recursos que Lucena Giraldo menciona (por no hablar de las normas racistas y el problema ideomático, no todos los indígenas aprendieron castellano, y poco se publicaba en quechua, por ejemplo), bien es cierto que tras las independencias eso no cambió.

Lo de «[e]ntonces, como ahora, prohibir un libro era la manera de consagrarlo» no sé cómo entenderlo. Supongo que este investigador no quiere que le consagren ningún libro. Supongo que matar o encarcelar al autor también era la manera (como ahora) de consagrarlo. ¿Viva la censura?

Sobre el punto cinco, hay que matizar bastante todo, por un lado, la invasión francesa claro que afectó a los americanos, sobre todo a los monárquicos (que había a patadas), y fue una de las cosas que debilitaron al imperio lo suficiente como para que las independencias fueran posibles (por eso primero se dio la invasión y luego los principales levantamientos independentistas, aunque no hay que olvidar que antes de 1810 también hubo intentonas de independencia).

Pero decir que existía una nación española de ambos hemisferios solo porque una constitución (la de Cádiz, tras ya muchos y fuertes movimientos independentistas en América) es creer que porque un grupo de españoles proclamen algo, eso se convierte verdad para todos los habitantes del imperio. Ahora también la constitución dice que hay una nación española, y eso lo ponen en duda muchos españoles que no se ven nacionales de España. Sí soy de los que piensan que si algo como la constitución de Cádiz se llega a aprobar antes y llega a funcionar de verdad (no como pasó en la realidad), tal vez las relaciones metrópolis-colonias hubiese cambiado significativamente. Sobre quiénes sirvieron en el ejército, y mencionar a San Martín, no termino de ver a qué viene, claro que sirvió ahí, por eso era un militar profesional, eso no quita para que no fuera o sintiera nacional español o para entender nada, Franco combatió en el ejército republicano español, por y para la República, y fue uno de los golpistas y luego iniciadores de la guerra civil contra la república.

«¿Fueron los indígenas partidarios de la emancipación? No. Se mantuvieron casi en su totalidad fieles a la Corona española, que protegía por las Leyes de Indias sus tierras comunales. Los araucanos de Chile habían llegado a proponer en 1813 «formar para la defensa del Rey una muralla de guerreros en cuyos fuertes pechos se embotarían las armas de los revolucionarios». A partir de 1820, las tropas de Bolívar encontraron la mayor resistencia entre los nativos del sur de Colombia y Ecuador.»

Ese no tan tajante y ese «casi en su totalidad» resultan harto exagerados. Muchos de los que participaban en el ejército real no lo hacían por amor a la corona, sino porque no les quedaba otra (me acuerdo de los voluntarios españoles en el ejército napoleónico peleando contra rusos), sea por la situación que sea, hayan sido reclutados antes o durante las guerras (y esto ocurre en todas las guerras, civiles o no, combates en el lado que te toca), también porque es difícil romper con la mentalidad del que vive en una encomienda, esto es, acostumbrado a obedecer al amo (mestizo, criollo o peninsular), hizo lo que este le dijo llegado el momento. Sí es cierto que para algunas comunidades indígenas era mejor lo malo conocido, y para otras, las legislaciones liberales proclamadas por los independentistas eran peor que las consuetudinarias mantenidas por la corona.

El punto 12 mejor ni lo comento.

Lean el texto, está interesante.

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