Sobre la «Independencia del Perú»

Mañana celebramos un nuevo aniversario de la declaración de independencia de Perú con respecto al imperio español, ojo, de la declaración, que la independencia se consiguió tres años después. Un 28 de julio de 1821, un tal José de San Martín, venido tras ayudar en la independencia de Chile, declaró: «El Perú desde este momento es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la Patria! ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Independencia!», a partir de ahí nació nuestra obligación de ser patriota.

Ame la bandera

Los 28 de Julio son especiales: los peruanos, sea cual sea la ideología propia, deben manifestar un patriotismo abanderando sus casas, y cumpliendo una serie de normas que decretan cómo se debe hacer esta muestra pública de sumisión al patriotismo institucional y oficial.

¿Que usted es anarquista? No importa, debe ser un anarquista que levanta la bandera peruana, en contradicción con su propia ideología. ¿Que usted es de cualquier nación que niega la unidad nacional de los peruanos? Se fastidia e iza la bandera de todos, porque una ley se lo manda. Y un largo etcétera.

Esta obligación es totalmente absurda, no aporta nada ni a la convivencia ni a la comprensión mutua, simplemente obliga a abrazar una manifestación pública de determinada ideología nacionalista, y punto.

Y ni siquiera izamos la bandera del Perú del año de la independencia (lo que sería al menos una forma de justificar esta obligación, como un recuerdo colectivo de un hecho histórico importante), sino la actual (por más que el mito que nos enseñan en el colegio aparezca la bandera actual como la definitiva ya en tiempos de la guerra de independencia).

No me voy a extender más, porque ya he hablado de este tema, así que les remito, para saber sobre la legislación de banderas y la obligación de izarla al siguiente artículo: «sobre la obligación a ser patriota».

Independencia

Pero, ¿quiénes y por qué se independizaron? Las guerras de independencia en América fueron unas luchas de poder por el control de unos territorios por parte de los hijos de la metrópoli (sean mestizos o criollos) frente a la metrópoli, dentro siempre del proyecto de las burguesías nacionales. Aunque se refiera a la Argentina, les recomiendo «El Bicentenario es el proyecto de la burguesía», de Rubén Kotler, ya que la base de lo que él escribe, sobre el proyecto en su país, es perfectamente aplicable al caso peruano, máxime si tenemos en cuenta que Perú fue «liberado» por un militar argentino que había concluido la independencia de Argentina y luego Chile, dentro del mismo proyecto.

Sobre el caso peruano cabe recordar: No se cambió nada con respecto al orden productivo interno, las relaciones con el capital, más allá del proyecto burgués que se había intentado, años antes, en la propia metrópoli (por ejemplo, en la Constitución de Cádiz de 1812) y que había fracasado por la presencia real, pero era el mismo plan. Aunque se declaró la «libertad de vientres» para todo nacido de esclavo tras la declaración de independencia, quienes eran esclavos siguieron siéndolo hasta el 3 de diciembre de 1845, cuando Ramón Castilla decretó el fin de la esclavitud. Años atrás Bolívar matizó la «libertad de vientres» y de liberación por pertenecer al ejército patriótico, solo se favorecían de la libertad quienes fueran heridos. ¿Quiénes eran libres e independientes? Esclavos y mujeres ni eran lo uno ni lo otro.

Podemos olvidar toda la época de la lucha por la independencia, se entiende que el ordenamiento jurídico es imposible mientras se está en una guerra interna brutal, así que José de San Martín como dictador (Protector de Perú) o José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete como presidente de facto en un país donde el norte y Lima ya estaban «liberados» pero que en Cusco se mantenía un virrey mandando demasiado, y un marqués (de Torre Tagle) que mantuvo el título nobiliario mientras dirigía un país que se independizaba de quien otorgaba valor a su título, y me refiero a José Bernardo de Tagle (segundo presidente del Perú, elegido por el Congreso Constituyente) y una constitución que jamás entró en vigor porque a Bolívar no le gustaba… Olvidemos esa época y vayamos a la época de la república ya independiente.

Podemos hablar de un final de la guerra tras la Batalla de Junín y la Batalla de Ayacucho (1824), aunque el sitio al Callao no acabó hasta 1826, pero ya desde el ’24 Perú funcionaba como un Estado independiente (pronto dependiente económico de otras potencias imperialistas, como la británica). Tan independiente era que un congreso bajo la dictadura de Bolívar (personaje ahora aplaudido) se «desentendió» del Alto Perú, que un año más tarde se declararía república independiente, con nombre de Bolivia, en honor del Gran Dictador.

Bolívar convoca elecciones para un Congreso General (nada de elecciones universales, eran censitarias, aunque se proclamase que todos los peruanos eran iguales, eso no era cierto ni de lejos, habían clases y clases) pero retrasa el inicio de su funcionamiento porque no estaba conforme con algunos diputados elegidos, se retrasa todo y finalmente se realizan las sesiones preliminares, que se van al traste porque el gobierno dictatorial anula los poderes de algunos diputados. Al año siguiente, ya en mayo 1826, Simón Bolívar, el amado, elimina las elecciones municipales y al poco convoca una suerte de referendo para que se apruebe una constitución escrita por él en que se le nombra Presidente Vitalicio. Ya se saben, es la libertad y Democracia por la que nos independizamos era para cambiar un tirano en Madrid por uno en Lima, cuya vista estaba puesta en la Gran Colombia (se «reclutó» forzosamente peruanos para mandarlos a pelear a Panamá y Venezuela).

¿Y los indígenas? En 1821 se abolió, eso sí, el «Tributo indígena», un impuesto especial que pagaban los indígenas peruanos por el hecho de ser indígenas. El 11 de agosto de 1826 se publicó, por parte de Bolívar, una «reducción» de un impuesto ya abolido, en realidad esta reducción «a la cantidad pagada en 1820» fue una restitución en toda regla de una norma racista que imponía un gravamen extra a los peruanos originarios por el hecho de serlo. ¡Viva la patria! Cuando otros la pagan.

¿Y la libertad de imprenta? Gracias a Bolívar tuvimos, los peruanos, una verdadera represión sobre lo escrito, ríase usted de la época del virreinato, con la Ley de Imprenta se podía condenar hasta seis años de cárcel para el autor de todo escrito que el gobierno considere subversivo o que sea una sátira al gobierno o sus decisiones. Todo un país de libertad. Por supuesto, todo opositor al gobierno era duramente reprimido, no solo si lo hacía por medio escrito, los destierros de adversarios políticos estaban al orden del día.

Ustedes lo verán distinto, dirán que me estoy aprovechando de una situación extraordinaria (una dictadura tras la independencia), pero les responderé en sencillo: Las independencias las hicieron hombres como San Martín o Bolívar, pertenecientes a las oligarquías nacionales solo para ejecutar sus proyectos, en cuya aplicación las medidas racistas, colonialistas, imperialistas, capitalistas, y demás lacras; contando genocidios y guerras absurdas.

Por supuesto que ser parte del imperio (decadente) español no era una «mejor opción», pero cambiar una jerarquía estatal de imposición por otra no es una solución, dudo mucho que a los esclavos les importara demasiado que su «dueño» fuera ciudadano español o peruano, lo importante es que él era esclavo. Los indígenas, pues igual de aplastados y obligados a pelear por ejércitos que no les representaban, las mujeres igual de ignoradas y reprimidas, y todos los derechos ciudadanos atrapados por una burguesía que no estaba dispuesta a soltar nada de su poder, tuvimos que írselo quitando poco a poco, y aun continuamos en esas.

Así que, de verdad, ¿qué celebramos los 28 de Julio? ¿que cambiamos nuestros «dueños españoles» por «dueños americanos»? Me parece más lógico celebrar los aniversarios de las huelgas de enero de 1913 (que forzaron al gobierno a promover una legislación sobre la huelga), o las de finales de 1896 (como la de agosto de ese año, la de tejedores de Vitarte), o que en 1905 se celebrara por primera vez el Primero de Mayo reivindicando la jornada de ocho horas para los trabajadores, o la primera huelga general promovida por anarcosindicalistas en 1911, cualquiera (o todas) antes que aplaudirle las gracias a una burguesía que mitifica una «independencia nacional» que no fue tal, al menos para el grueso de los peruanos, que ni siquiera eran ciudadanos iguales y libres.

La cacareada «Independencia del Perú» no supuso la emancipación de los trabajadores del Perú, fueran blancos, negros, esclavos u hombres libres, ni para las mujeres, subyugadas dentro de la familia tradicional, ni para los indígenas, aun racialmente marginados; supuso el cambio de manos del poder político, y poco más.

Excurso: Aprovecho para volver a recomendar dos libros sobre anarquismo y nacionalismo.

2 comentarios en «Sobre la «Independencia del Perú»»

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