Sobre el documento de la Iglesia sobre el Aborto

La Conferencia Episcopal ha emitido un documento en contra del anteproyecto de la Ley del Aborto (PDF), y ha comenzado a llenar titulares en todos los diarios, noticieros y similares (y, como tonto que soy, caigo en el juego). ¿Por qué se extrañan y sorprenden tanto de la postura oficial de la Iglesia Católica? Es la que vienen manteniendo desde hace tiempo y es, como digo, la oficial, esa que acepta una ejecución si la realiza al Estado (Catecismo de la Iglesia Católica §2266) pero si hay un aborto para salvar la vida de la madre quedan excomulgados, de forma automática, la madre y quien practicó la interrupción voluntaria del embarazo (canon 1398 del Código de Derecho Canónico).

Ojo, que la Conferencia Episcopal tiene todo el derecho del mundo a criticar la mentada reforma, como el resto lo tenemos a criticar la postura de la Iglesia, la reforma o lo que se tercie, eso sí, que no vengan haciéndose las víctimas en plan «nos atacan por nuestra postura provida», como soltó un obispo hace poco. Acá o todos podemos opinar o nadie, pero que no tiren una piedra y escondan la mano, aunque se lo crean, ellos no son los guardianes de La Verdad Absoluta ni están libres de críticas.

Como digo, nadie se puede sorprender por las declaraciones de la jerarquía católica, que establece la pena más alta y automática en su cuerpo jurídico al aborto (excomunión latae sententiae) poniéndose, el aborto, a la altura de matar al Papa o realizar un cisma en la Iglesia. Como manifiesta el Catecismo de la Iglesia Católica: «Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable» (§2271).

Así que es normal que para la jerarquía eclesiástica el aborto jamás puede considerarse un derecho, ni es admitido en ninguna circunstancia (es la mujer la que está obligada a dar su vida, si esta peligra, en favor del concebido pero no nacido, ya que el estado de necesidad exime de la responsabilidad en el derecho canónico, que solo contempla la legítima defensa, tanto la personal como la dada a los gobiernos), lo que no es admisible en ningún caso es que se manipule la ley dejando caer cuestiones que la misma no prevé, como cuando, en el Documento, se asegura:

«(…) hablamos en favor de las madres, que tienen derecho a recibir el apoyo social y estatal necesario para evitar convertirse en víctimas del aborto» (§ 30).

Se está dejando caer algo que se suele repetir mucho, al menos de forma implícita en largos discursos: Es como si esta ley obligara a abortar. ¡Nada que ver! Entre otras cosas, esta ley no legitima ni legaliza ni despenaliza el aborto inducido en contra de los deseos de la mujer gestante, incluso, protege a las menores de edad de sufrir un aborto si sus padres la quieren obligar a ello (si es mayor de 16 años es la menor quien tiene la potestad de decidir, si es mayor de 14 pero menor de 16 será escuchada en todo caso y su decisión cuenta para que el médico finalmente autorice y practique el aborto), esto es, la ley pone en el tejado de la embarazada la decisión, que debe ser libre, por tanto, tampoco cuentan dentro de la ley los casos de inducción a error por parte de terceros que serán penalmente perseguibles.

Tampoco, con esta ley, se quitan o suprimen las ayudas a las madres, incluso se debe dar información a la embarazada que se plantee interrumpir dicho estado sobre las ayudas a la maternidad existentes, esto es, no se quita protección alguna a quienes deseen ser madres, lo único que se evita es la obligación de ser madres a toda costa (insisto en que la Iglesia no acepta el aborto por causas de salud de la madre, inviabilidad del feto -se habla mucho de evitar el trauma de la mujer al sufrir un aborto, ¡como si ver morir a un hijo recién nacido no fuera traumático!- o embarazo a causa de una violación).

Hablando de ayudas a la maternidad, algo que el texto insiste bastante, que la Conferencia Episcopal Española no tenga tanta hipocresía al hablar de las mismas. Recordemos que cuando se reguló las ayudas para las madres (los  llamados cheques-bebé), las destinadas a las madres solteras se aumentaron a 3500 euros (de los 2500 «para todas» las madres), la Conferencia Episcopal, de la boca de su portavoz hablando en nombre de todos, exigió que no se debían dar ayudas a las madres solteras puesto que sería «promover que los hijos vengan al mundo sin padre o sin madre» y, por tanto, no se debían dar ayudas a niños nacidos en «condiciones» que no eran «óptimas». ¿Y estos son los que hablan en favor de las madres? ¡Hay que fastidiarse! Si excluyen a un tipo de madres por no estar casadas (o ser viudas o estar divorciadas) de las ayudas que exigen al Estado para evitar los abortos, ¿con qué cara hablan en nombre de esas mujeres? (Aquí me alegro que las bases católicas estén tan separadas de los retrógradas de sus jefes, ya que el trabajo que conozco de grupos religiosos de apoyo -incluso residencial- a madres solteras es francamente bueno.)

Como menciono, el documento deja caer consecuencias que no son reales, que no se desprenden de la ley, para posicionarse en contra de la misma, así pues, los obispos aseguran:

«Por lo demás, la imposición del aborto procurado en el sistema sanitario como prestación asistencial para la salud bio-psico-social de la gestante, a la que ésta tendría un supuesto derecho, lleva consigo la transferencia de la obligatoriedad a los profesionales de la sanidad. De este modo queda abierta la posibilidad de que no se respete a quienes por muy justificados motivos de conciencia se nieguen a realizar abortos, cargándolos arbitrariamente con un supuesto deber e incluso con eventuales sanciones.» (§10)

La frase clave para entender la inferencia hecha por la Conferencia Episcopal Española es «lleva consigo la transferencia de la obligatoriedad a los profesionales de la sanidad» es falsa, y curiosamente lo es por la propia sentencia del Tribunal Constitucional citada a pie de página en el Documento al hablar de este tema. Pasa como con el proyecto de ley sobre la «muerte digna» en Andalucía, la ley no prevé una obligación del médico, sino del centro (público o concertado, los puramente privados no tienen obligaciones sobre las prestaciones que den), y es lo que actualmente sucede: Si un médico se niega a practicar un aborto, el mismo lo practica otro médico. Ahora se incorpora la obligación del centro a realizar la prestación, no a los médicos en particular, pero es que los centros no tienen ideologías, y si los propietarios de un centro lo ven como un atentado a su propia ideología el que se practiquen abortos en su centro lo que debe hacer es dejar de dar asistencia sanitaria concertada, esto es, al ser un centro privado funcionar como tal y no con dinero público.

No es de recibo que la Conferencia Episcopal se posicione en contra de la ley con cuestiones que la misma no trae consigo. Y no entiendo que cometan esos errores tan groseros de manipular lo que el propio cuerpo legal dicta para posicionarse en contra del mismo, en tanto que, según sus postulados más básicos, el aborto es de por sí un crimen de los más graves, con lo cual todos estos temas accesorios (ayudas a las madres o la obligación de los médicos) no redundan en beneficio de la claridad de su postura, salvo que lo hagan desde una perspectiva puramente demagógica para «atraer» indecisos, a aquellos que les parezca mal que las madres pierdan protección o a quienes apoyan la objeción de conciencia de los médicos.

Muchos puntos del texto no dejan de ser contradictorios con el propio proselitismo de la Conferencia Episcopal, se quejan que el Estado quieran imponer un concepto de la vida antropológicamente parcial, pero se apuran a decir que el bueno de verdad es el concepto que ellos tienen (La Verdad), y no nos olvidemos que ellos defienden que se enseñe la moral católica a toda la población (cuando la reforma educativa un obispo soltó que había más libertad de enseñanza durante el franquismo, donde toda la enseñanza, incluida la asignatura de fortalecimiento del espíritu nacional, era nacionalcatólica y no había espacio para nada que la Iglesia no revisara y aprobara). También atacan la «ideología de género», pero, otra vez, nos encontramos con una declaración que proviene de una organización básicamente patriarcal y machista (este documento emana de un grupo de hombres que no dejan que las mujeres participen en órganos como la Conferencia Episcopal), con lo cual esto suena a defensa del machismo explícito de la Conferencia Episcopal Española.

Volviendo al texto: en el mismo, sin ninguna autoridad en la materia salvo el nosotros tenemos la razón y ustedes no, se tacha de irracional las posturas que no entienden al no nacido de igual forma durante todo el proceso de gestación (en §12, por ejemplo), obviamente no dan argumento racional alguno que sustente su postura (recurrir al evangelio o a posturas de la propia CEE o el Papa no es racional). Entiendo, aunque no comparto, que la Iglesia considere una persona con todas las de la ley al que aun no nace, que considere que ya tiene alma (desde una postura materialista esto no es un argumento válido) y debe ser protegido a toda costa, pero que llame irracional porque le viene bien en su discurso a organizaciones como la OMS o la FIGO clama al cielo. Por supuesto que las decisiones de la OMS o la FIGO no son Verdad Absoluta (algo de lo que sí presume el papado sobre muchas de sus interpretaciones), no están exentas de error o crítica, y van cambiando a medida que lo hace la ciencia, pero no son irracionales. Pueden ser, insisto, erradas, pero no irracionales. Pero la CEE suele ser muy tajante, yo tengo razón y tú no, todo lo que tú digas es irracional y lo que yo digo es racional, postura que no invita ni al diálogo ni a confiar en sus argumentos.

En esto nos pasa como con el inicio del embarazo (relevante para entender por qué unos consideran que el anticonceptivo oral de emergencia es abortivo y otros no), para la OMS y la FIGO «el embarazo comienza tras la implantación del embrión humano en el útero» mientras que para la Iglesia Católica «el embarazo comienza en la mismísima fecundación (véase en este sentido la Evangelium Vitae 58 de Juan Pablo II)». ¿Cómo responde la Iglesia ante las consideraciones de la OMS o la FIGO? Las tacha de irracionales sin explicar su punto de vista más allá de citar sus textos sagrados (que es lo mismo que decir porque lo digo yo y punto).

Con esto quiero decir que no me parece aceptable que la jerarquía de la Iglesia tache de irracional directamente los argumentos que no comparte solo para defender los suyos como los únicos sujetos a la razón, más aun cuando se fundamentan en la fe de la corrección de unas interpretaciones cambiantes sobre unos textos sagrados. Si la Conferencia Episcopal Española quiere dar su opinión y entrar al debate, bienvenida, pero si lo hace atacando y desde una postura de superioridad moral e intelectual que luego no se queje cuando la gente se moleste con sus palabras, a nadie le gusta ser tachado de irracional por las buenas y sin argumentos o de moralmente incapaz por no seguir un credo concreto.

Para acabar: Siempre me he preguntado si cuando dicen «en España hay un 80% de católicos» descuentan a todas las personas excomulgadas de forma automática por haber abortado o practicado abortos, esas cientos de miles de mujeres han abortado en todos estos años y todos los médicos, enfermeros y demás asistentes que practicaron las interrupciones del embarazo (aunque fueran totalmente necesarias para salvar la vida de la madre). Si no lo hacen, ¡cuánta hipocresía! (un excomulgado no puede ser considerado católico, ¡se le ha expulsado!)

Sobre estos temas en esta casa:

Excurso: No deja de ser curioso cómo la Conferencia Episcopal utilizó el significado de matrimonio que aparece en el DRAE («Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales») para defender su postura contra el matrimonio homosexual, pero ahora va en contra del mismo cuerpo consultivo del lenguaje para llamar al feto niño (solo existe «niño» si se está en la niñez, y la niñez es el «Período de la vida humana, que se extiende desde el nacimiento a la pubertad»). Así que o se acepta que el diccionario recoge el «uso» y el mismo va cambiando (por ejemplo el concepto de matrimonio o el de niño), con lo cual el DRAE no se podría usar para atacar el matrimonio homosexual y ahora se puede usar para hablar del feto como niño, o se acepta que el diccionario es fuente inamovible con lo que el argumento sobre el matrimonio sería válido pero el uso de niño para referirse al feto, por otro lado, no lo sería. ¡Qué incoherentes son en sus argumentos! Aunque acepte que se le pueda llamar niño a un feto, un embrión o un cigoto (ambas palabras más exactas, en todo caso), es inaceptable la imagen demagógica de un niño ya de unos meses de vida -sino más- para mostrarlo como imagen del que sufre un aborto como hace la publicidad de la Conferencia Episcopal Española.

2 comentarios sobre “Sobre el documento de la Iglesia sobre el Aborto”

  1. Soy una joven muy contenta por poder abortar si me violan, o si mi feto está enfermo, ó no me viene bien ahora tener un hijo por razones económicas o psiquicas. Pero tambien pido el derecho de MATAR A MI PADRE. es un borracho, drogata, no tiene dinero, está enfermo. A mi no me bien bien un padre así. ¿PUEDO MATARLO Y ASÍ ACABO CON EL PROBLEMA ?

  2. Recordemos que la humanidad tiene aproximadamente 1.000 años de atraso científico y desarrollo social, porque fue manipulada por el catolicismo. Aún se opone a cual descubrimiento o invento, sin embargo, se sirven de ellos tan pronto pasa el temporal.
    Qué nos puede aportar la iglesia sobre materia de aborto, si ellos no forman matrimonio, no poseen una pareja con la que puedan ejercer el sexo, salvo cuando gran cantidad de sacerdotes y obispos violan a menores. En mi opinión, es mejor que se callen, porque los que menos saben sobre aborto son ellos. Yo invito a las mujeres que tengan un embarazo no deseado, a que tengan a ese hijo y lo dejen públicamente y con testigos en la iglesia más cercana…

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