Dinero público, bonos a ineptos y Obama

Tras escucharle hablar solo mantuve un pensamiento en la cabeza: Demagogo. Me refiero a la supuesta indignación de Obama, presidente de Estados Unidos, tras el reparto de bonos dentro de una empresa de las beneficiarias del dinero público para que no se hundiera en la miseria y con ella a todo el sistema financiero. La aseguradora American International Group (AIG) ha sido «rescatada» con dinero público unas cuatro veces, en total, unos 180 mil millones de dólares, y ya la Casa Blanca tiene un 80% de la entidad. Pues bien, con tanto dinero recién entrado (y con pérdida mil millonarias), los directivos que tan mal lo han hecho se han embolsado, en bonificaciones, 165 millones de dólares.

Ante esa situación, de dinero público dado a una empresa privada cuya caída es peor que darle dicho dinero de los contribuyentes, en vez de castigar -despido que le llaman- a los malos directivos que la han mandado a la quiebra real les dan dinero. Una de las causas de esta crisis (de las tantas causas) fue justamente la descapitalización de las empresas por el pago de beneficios anticipados para los accionistas (sobre opciones futuras que entraban en mercados derivados) y, por supuesto, pagos en bonos a los directivos que vendían como presente un futuro incierto. Pues bien, al mantener a los mismos directivos en las empresas rescatadas, ¿alguien se extraña de esto? Nadie, con dos dedos de frente, puede extrañarse. Indignarse sí, claro.

Y ahí sale el presidente de Estados Unidos, enfadado, diciendo que «El pago de bonificaciones de AIG es indignante» y queriendo bloquear el pago a los directivos, que deben estar riéndose de Hacienda y la madre que los trajo, los muy listos (insisto, mandan a una empresa casi a la quiebra, los mantienen en el puesto y se premian a sí mismos con millones). ¿Por qué pienso que las palabras de Obama son demagogia? Simple, ahora lo explico:

Los demócratas, con Obama en la mesa como negociador, realizaron la propuesta del rescate conjuntamente con el gobierno de Bush, en la misma pasó dos cosas importantes: No se exigió el despido de los directivos que hundieron las empresas en las que «trabajan»; No se prohibió el reparto de beneficios, pago de bonificaciones; ni se obligó, por supuesto, a revisar las cláusulas contractuales de los directivos de las empresas intervenidas; no se pasó el control de dichas empresas al Estado, aunque la participación en el capital de las mismas llegue al 80%, como es este caso.

¿Por qué no se hizo nada de eso? Porque lo que interesaba, al margen de mantener el orden financiero, era que «los amigos» no sufrieran la crisis, así pues, se cambiaba la regla básica del juego (de repente las empresas vivieron gracias al dinero público, en cantidades nunca vistas) sin cambiar el resto, sin pedir responsabilidades de ningún tipo a las direcciones de esos bancos, entidades financieras y aseguradoras que todos reconocen como «culpables» de la situación actual.

Pero seguimos exigiendo moralidad a los mismos a los que, entonces, llegamos a la conclusión que no la tuvieron y eso les (nos) mandó a la porra. No pues. Ellos no han cambiado, y si legalmente no se previó esta situación y la forma de parar el pago, lo más posible es que no puedan hacerlo (salvo que hagan esas famosas «interpretaciones auténticas») y que ellos estén cumpliendo escrupulosamente con la ley. Ley (norma nacida de un parlamento que costó más de una votación sacar adelante) que por lo visto está mal hecha (tanta negociación para nada), que se dio finalmente el dinero ciegamente y que no se hizo lo más lógico, que era pedir responsabilidades a esos directivos (algo que se ha pedido hasta el cansancio, no es de ahora, desde el primer día que, una empresa recién rescatada, celebró a lo grande el rescate gastando a espuertas).

Gracias a una norma apoyada tanto por Bush como por Obama, ahora esos inescrupulosos directivos (y por esa falta de escrúpulos fueron contratados) se embolsan unos 165 millones de dólares, y ahora Obama pone el grito en el cielo y dice que hará algo, y los republicanos, tanto los que votaron a favor como en contra, se llevan las manos a la cabeza, haciéndose los sorprendidos. Hay que fastidiarse.

Actualizo y excurso: «Últimas noticias: Obama no es socialista» de Iñigo Sáenz de Ugarte en Público, buen artículo.

2 comentarios en «Dinero público, bonos a ineptos y Obama»

  1. Salud

    Eso ya me lo ha dicho otro par de veces :P. Si es que, cuando se critican ciertas cosas, hasta los polos opuestos coinciden. Ahora bien, allá se queja de que el sector público ha intervenido la empresa, acá me quejo de lo mal que ha intervenido, allá del dinero dado, acá de que, al lado de ese dinero, no se ha tomado el control de la entidad.

    En que Obama es demagogo (allá populista, acá demagogo, en el fondo los dos decimos lo mismo) estamos de acuerdo :P.

    Hasta luego, gracias por el comentario y el enlace ;)

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