4 Comments

  1. saludos,

    interesante nota. sobre la afirmación final, pienso que para el periodo del TUE (1992) era imposible pensar en una UE más allá de las conferencias intergubernamentales, es decir, como organización internacional de derecho. La reunificación alemana era reciente, muchos pensaban en consolidar la unión económica. España, por ejemplo, puntaba a los fondos estructurales para los países periféricos. Francia pensaba únicamente en terminar de “europeizar” Alemania con el proyecto de unión política. No había, en otras palabras, una voluntad política para llegar a Lisboa. En un cierto sentido (OTAN, USA) la UE hasta Maastricht puede ser vista como parte del proceso de consolidamiento democrático de Alemania, “anclarla” en Europa, como querían los diplomáticos franceses de la CECA. Obviamente Alemania sabía que era la única manera para superar el fantasma de la Segunda Guerra y lo aceptó, una decisión sabia desde mi punto de vista.

    La cuestión de la religión se debe, es cierto, en parte por la candidatura de un país en particular: Turquía. USA e Israel están haciendo fuerte presión diplomática para que Turquía entre a la UE, no sé si Austria habrá cambiado opinión. Pienso que sea un tema muy interesante para la denominada unión política (¿eterno alargamiento económico o identidad política definida y exclusiva?). Lisboa pone en agenda la segunda pregunta, más ahora que se van consolidando la nueva cooperación militar transatlántica USA-UE (programas DPP, puede ver si desea nuestro blog al respecto) La inclusión o la exclusión de Turquía es geopolíticamente una cuestión importante en agenda.

  2. Jomra

    Salud

    Muchas gracias por el interesante comentario. El TUE trajo la CE (y se superó el estadio de la CEE), y se creó el concepto político de UE, pero no se terminó de avanzar por el miedo a lo que luego ha pasado con el TCUE, y ya hablamos de una época en que se ponen los pilares más fuertes para la integración económica y política, pero siempre dentro de las dos corrientes paralelas, por un lado los países pro-económica y los que son pro-política (sin contar los agentes que han cambiado sus posturas hacia un «sigo acá porque salirme es más difícil -o contraproducente- que quedarme»). Por lo demás, sí. Lo interesante es que si hablas con la gente (al menos en España), aseguran que la CE no existe desde el 92 y que se es UE desde ese entonces (claro que también se indignan si les dices que la UE como tal no era una persona jurídica hasta ahora).

    Las posturas sobre Turquía también muestran la debilidad de las dos visiones que viven en paralelo dentro de la UE, el lado más «anglo» la quiere en su aspecto económico, el más «continental» en el político, y en ambos casos, los aliados dentro de «países nuevos» a entrar son distintos, como son distintos los objetivos que se pueden conseguir con unos y otros. Sobre lo último que comenta, pues sí, mucha razón tiene.

    Y a todo eso hay que sumarle el renacimiento de nacionalismos vinculados con temas religiosos que en nada ayudan a sistemas de integración.

    Hasta luego y gracias por el comentario ;)

  3. Salud

    las opiniones públicas nacionales en general no han percibido cabalmente el cambio importante del 92 que mencionas (de CEE a UE) porque, en parte, todavía no existe una opinión pública europea (transnacional). la UE, para muchos, sigue siendo un “animal político” indefinido (y los es en un cierto sentido). Para pocos (y me incluyo), es el experimento político-institucional más formidable desde la paz de Wesfalia (1648). De facto, es decir, materialmente, no es necesario, creo yo, esperar Maastricht o Lisboa para hablar de “personalidad jurídica” de la UE: con las dos decisiones históricas del TJCE (van Gend en Loos,1962; Costa vs. Enel, 1964) el efecto directo del ordenamiento comunitario ya se volvió (técnicamente) “supremo”, digamos. No existiendo todavía una identidad política Europea (cfr. el problema del denominando “deficit democrático de la UE”), estas percepciones nacionales parciales no tendrán nunca forma unitaria. Para tal objetivo se necesitan elites transnacionales europeas (“padres fundadores” digamos) que asuman tal tarea y vayan más allá de la retórica de los preámbulos.

    Si comparamos la historia de la integración europea con la historia latinoamericana, se podrán encontrar más de un punto en común: las elites políticas europeas no se deciden a asumir un proyecto político europeo “ideológico” unitario, y federal-democrático en la forma. El riesgo es que la UE se convierta en un Estado-aparato desencantado con sociedades polarizadas al interior (los etno-nacionalismos que afirmas) al estilo latinoamericano.

    En esta línea, el TCUE fue, sin duda, un gran símbolo, fallido, es cierto, pero siempre un símbolo político que espera su momento adecuado. Que la convención haya sido dirigida por un europeista como Giscard d’Estaing ha sido sin duda otro símbolo importante. El lado “anglo” es sin duda el menos europeista que existe. Si se reflexiona sobre la historia inglesa y el rol que Inglaterra ha tenido en Europa, no sorprende, es más, es natural. Los “nuevos paises miembros” (post-tratado de Niza) recién salen de identidades colectivas de matriz comunista, imposible pedirles una actidud política “europeista”, cuando no existe ni siquiera para los mismos europeos.

    Turquía, sí. La gran pregunta. Si nos mantenemos en un discurso estrictamente técnico y político-institucional europeo, personalmente debo decir que no estoy de acuerdo que Turquía entre. Sus credenciales democráticas no son óptimas. Geopolíticamente persigue otros intereses, diferentes a la denominada “potencia civil” europea. Difícil. Turquía es otro símbolo político silencioso a la altura de la TCUE.

  4. Interesante discusión. Sobre el tema de la religión como base cultural, creo que sí lo es en cuanto que toda la base cultural está entintada de ésta de alguna forma. Claro, de ahí a hablar que es fundadora de los valores de la UE como tal puede que haya un buen trecho. Sobre nuevos países. Pues quien mucho abarca poco aprieta, y tal vez en varios de los países nuevos, muchos de los derechos que se quieren imponer no se puedan imponer tan fácilmente y necesiten mayor tiempo de transición. Pero debe esperarse a que cambien antes de ser admitidos o por el contrario admitirlos para promover el cambio?

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