Más vale prevenir que lamentar, debió pensar el recientemente reelecto presidente serbio Boris Tadić, cuando, junto con el primer ministro Vojislav Koštunica, decidió decretar la anulación de la futura pero previsible declaración de independencia por parte de los kosovares. Supongo que Tadić no querrá pasar a la historia como el presidente que dejó que se independizaran los últimos territorios vestigios de la antaño gran Yugoslavia, tras la reciente independencia de Montenegro de la ya disminuida federación de Serbia y Montenegro.

Para el ejecutivo serbio, la cuestión es sencilla, su integridad territorial se debe respetar, no puede, una provincia, declararse independiente de forma unilateral sin que el resto del país esté de acuerdo, y pide al parlamento que refrende la petición de “ilegalidad” de la medida que previsiblemente tomará la autoridad provincial en contra del ejecutivo estatal. ¿Se puede declarar ex ante una medida en particular que “tal vez” sea tomada? Está claro, por otro lado, que sería una medida ilegal en todo caso (contraria a la realidad constitucional de Serbia), así que esta declaración es un canto a la bandera para dejar más que patente la negativa del gobierno estatal de reconocer la futurible independencia de Kósovo.

El gobierno de Serbia pide, de esta forma, a todas las naciones de la ONU a que no reconozcan la independencia de Kósovo, y desean que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se posicione contrario a la independencia de la sureña provincia, y cuenta con el apoyo de Rusia para respaldar su postura. Serbia defiende su integridad con la carta de las Naciones Unidas y la resolución 1244/1999 del CSNU (PDF), y alega que sería contrario al Derecho Internacional que se reconociera la independencia de los kosovares. En realidad, en esto poco entra el juego el Derecho Internacional, al menos no garantiza, en ningún caso, la integridad nacional cuando el peligro es interno, no así cuando es externo.

Recordemos que Kósovo está bajo administración de la ONU desde la guerra entre la OTAN y Yugoslavia de 1999, la Unión Europea, aunque con algunas reticencias, apoya la decisión de la provincia de mayoría albanesa en sus intereses independentistas, aunque algunas naciones que forman la Unión no están del todo de acuerdo con la medida. kósovo quiere seguir el camino de Montonegro, que logró su independencia tras un referendo en que el “sí a la independencia” sacó el 55% de votos, la gran diferencia es que el proceso que permitió el referendo en Montonegro tuvo el beneplácito de Serbia y la población en general, en tanto que fue iniciado con el cambio constitucional del 2003 que acabó con la Federación de Yugoslavia dando luz a la Federación de Serbia y Montenegro, que preveía el proceso para que la autonomía del oeste pudiera llevar a cabo el referendo independentista, así que la situación es diametralmente distinta, contando, además, con los sentimientos encontrados tras la última y mencionada guerra entre Yugoslavia y la OTAN.