Las parábolas las carga el diablo

La analogía (forzando: la parábola) de Cipriani para explicar por qué se opone a la Unión Civil y todos deberían hacerlo creo que es un tiro al pie:

«Sí es un derecho vivir, es un derecho de todos, pero si tú quieres ‘yo quiero que los días jueves ir en bicicleta por el medio de la avenida Brasil’. Perdón, eso no es democracia, nos hemos puesto de acuerdo para que la avenida Brasil sea para carros, tú tendrás que ir en bicicleta por la derecha. ‘Pero, ¿cómo? No respetan el derecho de las minorías’. No, todos nos hemos puesto de acuerdo, como no es un derecho fundamental, hemos decidido que tú irás por la derecha de la avenida, hay muchos carros por el centro.»

Muchos ya han respondido a esa parábola, entre ellos Cynthia Yamamoto (Utero.pe) lo hace con tino. Creo que hay motivos para estar contra el proyecto de Ley 02647/2013-CR (por escaso, eso sí), pero, en todos los casos, hay que tener siempre cuidado con las parábolas y analogías.

Para seguir con la analogía de transportes, más que entre un ciclista y los carros, sería como si una persona se negara a sentarse en la parte de atrás del autobús porque los puestos de adelante están reservados para la mayoría, ¿les suena? ¿Por qué no todos podemos usar el contrato-institución matrimonio para regular la misma situación (la creación de una familia basada en una pareja estable)? Por eso debemos el proyecto de Unión Civil es absolutamente insuficiente, deberíamos estar hablando de matrimonio igualitario (entre heterosexuales o entre homosexuales).

Ahora, siguiendo con lo que dice Cipriano:

  • Las calles cambian de ordenación; no solo, como menciona Yamamoto, porque ya se reordenó esa avenida para buses por un lado y carros por otro (no siempre fue así; hasta pasaba el tren por ahí) sino porque hasta la av. Arequipa se vio cambiada de tráfico motorizado a peatonal-ciclista durante unas horas a la semana (¿se sigue haciendo? recuerdo cuando se hacía y lo que levantó). Así que ese ciclista que quiere que los jueves la Brasil solo sea para vehículos de tracción humana, podría ver su deseo hecho realidad sin que eso suponga una merma sobre los derechos de los demás. En el centro varias calles por donde rodaban los autos se peatonalizaron.
  • Puede que sea una petición que afecte a una minoría (porque los homosexuales lo son; también son minoría los que usan transporte privado y hasta tienen la exclusividad en muchas vías), pero no significa que la minoría se imponga (en contra de la mayoría): se impone la mayoría que está a favor de esa cuestión. Para que se cambie o apruebe una ley se necesita el apoyo de la mayoría representada (otro día hablamos sobre los problemas de la representación). Dejando al margen algo evidente: las mayorías no pueden pisar a las minorías (ya lo señala la Ministra de la Mujer, Omonte).
  • En el caso presente, no hablaríamos de un ciclista que intenta manejar por la Brasil en contra de su ordenación, sino de alguien que propone cambiar dicha ordenación. ¿No podemos ir contra acuerdos previos? Si esto fuera así, no habría legislación nueva, nunca. Entiendo que Cipriani, que defiende el Derecho Natural, apueste por eso; pero la sociedad civil está muy lejos de esas posturas, las normas se modifican continuamente (¿no han leído El Peruano), incluso la norma suprema del Estado, la Constitución, recibe continuas modificaciones y proposiciones de modificación que no van a ningún lado. Ahora estamos en eso, unos proponen un cambio y todos lo debatimos. Decir, de saque (como hace Cipriani) que no porque ya está acordado algo en otro sentido es ir directamente en contra de los principios Democráticos y de Derecho que rigen el país.
  • Aún en el caso que habláramos de una cuestión solo propia de una minoría, adoptada por esta (que no es el caso), nos encontraríamos con una paradoja: una mayoría que se ofende por algo que no le concierne. De hecho, contra la Unión Civil carecen del argumento principal que tienen contra el matrimonio igualitario (independientemente de si la pareja es de distintos sexos o del mismo), que es la supuesta «desnaturalización de la institución». En nada afecta negativamente a los heterosexuales (al contrario, la existencia de esos registros da o puede darles seguridad jurídica al tratar con personas que ya viven en pareja). Otro argumento (en contra de la adopción por los homosexuales) no puede usarse en tanto que el proyecto no lo contempla (y es otro error del proyecto): la adopción.

Para acabar: existe una realidad (parejas homosexuales que conviven) que tiene unos efectos en esa misma realidad, y se carece de una adecuada regulación para dar seguridad jurídica no solo a los integrantes de la pareja (y de ahí los derechos y deberes necesarios) sino de cara a terceros (la existencia de ese registro da publicidad, por ejemplo, a la posible comunidad de gananciales que en la práctica ya puede estar existiendo. Más allá de si hablamos o no de una minoría, el que el Derecho pueda regular los efectos (positivos y negativos) de algo que en la realidad ya existe supone una necesidad.

En Perú se está optando por la «Unión Civil no matrimonial parapersonas del mismo sexo» que se centra en la pareja y su publicidad (no permite adopción, no es un matrimonio en su plenitud de derechos y deberes) que, creo, debería ser fácilmente aceptado o, al menos, ignorado por los heterosexuales (no te obligan, colega, a juntarte con nadie); si ese escaso e insuficiente proyecto está levantando tanta crítica contraria es porque aún existe una idea fuertemente conservadora que no quiere parejas de homosexuales (que se escandaliza por ver a dos hombres -no a dos mujeres- caminando dándose la mano), que quiere imponer una vida heterosexual a todo el mundo y condenar la homosexualidad; eso, amigos, se llama homofobia. Y basado en esta homofobia se intenta seguir asfixiando legalmente a las parejas de homosexuales, por ello no quieren que se regule ningún tema de derechos u obligaciones, buscan que continúan en la alegalidad (y si pudieran, en la ilegalidad).

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