Biden: Militarismo e intervención

Todo el cambio prometido por Obama se transformaba, poco a poco, en una palabra completamente vacía de contenido alguno, si ya desde el comienzo tenía poca consistencia, al final es que la nulidad se ha apoderado de la misma… Aun así, la designación de Joseph Robinette Biden como segundo al mando en la candidatura del Partido Demócrata es la guinda del pastel: Más de lo mismo, o peor.

Dicen que esta es la forma de Obama de atraer a la «más derecha» Demócrata, que es un matrimonio de conveniencia y amor entre las dos ramas del Partido Demócrata, pero realmente es la constatación de que el cambio, dentro de la política estadounidense, nunca llegará de la mano de un candidato de los dos partidos más que mayoritarios y que, eso sí, las descalificaciones en tiempos electorales se olvidan muy rápido (Biden, candidato en las primarias de escasa fortuna electoral, calificó a Obama como «inepto» para el puesto al que aspira).

Guerra y poder

En el plano internacional o de defensa de Derechos Humanos en Estados Unidos (los dos aspectos que personalmente más me preocupan en cuanto al actuar del inquilino de la Casa Blanca) Biden es exactamente lo contrario a lo que nos gustaría ver en un vicepresidente de… de… de cualquier país, y acerca a Obama, más si se puede, a las políticas de Bush en cuanto a la forma de resolución de conflictos (uso de la fuerza siempre que se pueda, al margen de su necesidad real).

Biden es amigo del imperialismo de Estados Unidos, es belicista a más no poder, fue uno de los consejeros de Clinton en todo el conflicto de los Balcanes y apoyó, entre otras, las guerras en Afganistán e Iraq. Iraq, Iraq, la guerra de Iraq, esa guerra a la que Obama quería poner fin al principio y que se volvió en un «ganamos y nos vamos» que es, básicamente, lo que dicen todos, esa guerra a la que Biden ha prestado todo su apoyo y ha mantenido económicamente, y encima pidiendo que se «internacionalice» la guerra, esto es, que más países participen en la misma tanto por temas de costo para Estados Unidos como por el tema de «se necesitan más soldados». Lo de siempre, privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, pero en temas de guerra internacional. Ah, también apoya el que Estados Unidos mande tropas a Sudán.

Con respecto a Irán, aunque Biden voto en contra de considerar aa la Guardia Revolucionaria Iraní como «organización terrorista» sí que pretende el típico palo y zanahoria, así pues, una política de diplomacia directa en que si Irán no «obedece» los dictados de la Casa Blanca sería castigado (sanciones económicas, bloqueos, embargos internacionales o lo que toque según cada momento). Hay que tener en cuenta que Biden llama a esto «vía diplomática» y que al final de la misma, si la diplomática no satisface los intereses estadounidenses al completo, se va a la vía militar sin problema alguno (esta vía de diplomacia directa era la propuesta de Biden al conflicto con Husein antes de votar a favor de la invasión a Iraq).

Sobre Cuba, pues «más de lo mismo». Biden considera que el llamado embargo internacional (y que realmente tiene éxito en cuanto al desabastecimiento parcial de la isla solucionado, en parte, gracias a países con economías interdependientes con la de Estados Unidos pero con margen para no ser «sancionados», esto es, básicamente Venezuela y, en menor medida, China). Reclama, además, una participación activa de Estados Unidos en una posible «transición a la democracia» tras la muerte de Fidel, y por ello pide que exista un plan para que dicha eventualidad, la muerte de Castro, no tome por sorpresa a Estados Unidos y ya tenga un plan de acción concreto. Es curioso cómo este personaje habla de «democratización y liberalización» de la sociedad cuabana cuando él «antidemocratiza» y «antiliberaliza» la sociedad estadounidense y la del resto del mundo gracias a su obsesión «antiterrorista» en la que vende la libertad por un poco de seguridad irreal e interfiere directamente en la privacidad de las personas, así como en algunos otros de sus derechos.

Mano dura

Biden es también conocido por sus políticas de «mano dura» internas, así pues, apoyó el aumento de crímenes con pena de muerte a nivel federal en Estados Unidos (la Ley de Control de los Crímenes Violentos es conocida como Biden Crime Law), aunque, para contrapesar un poco, sí que se ha mostrado contrario a portar ciertos tipos de armas (las de asalto, limitadas por la Biden Crime Law). La preocupación de Biden con respecto al crimen es castigarlo, no acabar con él de raíz o reeducar al castigado (así pues, en la ley que él promovió se prohíbe que los presos bajo dicha ley reciban becas de estudio.

Acta patriótica y poderes de las agencias de seguridad

Es curioso cómo este sujeto tacha al Acta Patriótica de un plagio a un proyecto que él presentó y fue rechazado. Así pues, Biden se posiciona normalmente a favor del «control contra el terror», permitiendo todo tipo de ingerencias sobre la privacidad y demás sólo por un poco de seguridad. Aunque es cierto que las medidas más extremas de dichas legislaciones «contra los ciudadanos» no son apoyadas por Biden (así pues, afirma que el habeas corpus deben poder presentarlo todos los presos, contando los de Guantánamo, pero mantiene su apoyo a lo que ahí se hace y a la existencia de ese tipo de cárceles).

En la misma línea, Biden es considerado «Pro FBI», en tanto que ha apoyado, aprobado y promovido leyes que favorecen a que el FBI pueda husmear entre nuestras comunicaciones sin mucho problema (por ello es anti-cifrado, lo veremos más adelante), así pues, en uno de sus textos se exige a los servidores de comunicaciones que el servicio de comunicaciones electrónicas permita al gobierno que acceda con facilidad al texto, voz y datos transmitidos siempre y cuando la ley autorice al gobierno (legislación que no salió adelante por presión de la población y grupos pro-derechos civiles). Al final Biden consiguió que se aprobara la CALEA, un paso en favor de las puertas traseras controladas por el FBI y la NSA en los sistemas criptográficos. En otras palabras, normalmente Biden se posiciona a favor del control a los ciudadanos (espionaje interno) sin necesidad de orden judicial alguna, siempre bajo la justificación de la seguridad.

Derechos de Autor y privacidad

Temas menores al lado de los antedichos la verdad, pero ahora muy en boga con todo esto de la globalización. Biden es considerado «Pro RIAA» a más no poder, entidad que no se destaca precisamente por buscar el bien de sus asociados sin entrometerse en la vida privada de sus consumidores. Algunas perlas de este sujeto en este tema: Impulsó una ley que prohibía grabar la música de la radio transmitida por Internet o satélite (no salió adelante), también pidió al Departamento de Justicia a investigar y procesar a quienes comparten archivos por P2P (recordemos que en Estados Unidos sí está prohibido dicho intercambio). Intentó que se aprobara una normativa que penalizara el saltarse el DRM o que se ejecutaran programas no aprobados.

También está en contra del cifrado, y hasta intentó prohibirlo, sólo consiguiendo que se limitara un poco su uso (Estados Unidos tiene una curiosa legislación sobre cifrado, está «casi» considerado como un arma, pero con más restricciones desde muchos puntos de vista como el acceso y uso).

Unas de cal y otras de arena: Inmigración

Por un lado, votó a favor del proyecto de Ley de Reforma de Inmigración, respalda los visados de «trabajador invitado», por otro está a favor de la construcción del muro con México en su cruzada «antidroga» (que, como la guerra contra el terrorismo en la que vive obsesionado, sirve para justificar muchas de las mayores barrabasadas hechas en ese país), pero sí que habla de Seguridad Social para todos los inmigrantes, sea la que sea su situación legal en el país, al igua que respalda una vía de regularización de los «sin papeles», que, no olvidemos, en Estados Unidos se cuentan en millones.

Algo más o menos positivo: Armas

Lo bueno del sujeto es que, sin estar en contra de las armas, sí se posiciona a favor de limitar su tenencia y uso, así pues, como ya se ha dicho, limitó la venta de armas de asalto, votó a favor de prohibir las «semiautomáticas» y de eliminar las ferias de armas donde era más fácil conseguir un arma que en una tienda normal (mejor dicho, votó para que en dichas ferias se cumpliera la misma normativa de control de acceso a las armas, ya bastante baja, que en armerías comunes y corrientes). También fue de los que votó en contra de la ley que pretendía prohibir que se pleiteara contra los fabricantes de armas (impresionante la fuerza de los armeros para sacar adelante ciertas propuestas que son, a todas luces, absurdas).

Salud, familia, matrimonio, sexualidad y abortos

Un todo en uno en este último apartado de la ya demasiado larga lista sobre quién es Biden y por qué sería una mala elección. El candidato a vicepresidente se ha posicionado a favor de la sanidad pública más o menos global (lo que en Estados Unidos sería todo un avance en cuanto a los derechos sanitarios) y está en contra de la privatización de la Seguridad Social.

Por un lado, Biden está en contra de que el gobierno federal considere matrimonio a las uniones entre personas del mismo sexo (por ello apoyó, bajo el gobierno de Clinton, la Ley de Defensa del Matrimonio, considerada anticonstitucional en California tras una resolución de este año), y promueve que se creen «uniones civiles» para las parejas del mismo sexo a la par que votó a favor de una modificación constitucional (que no ha salido adelante) en el cual se definiría el matrimonio como la unión entre personas del mismo sexo (esta propuesta se realizó para evitar que judicialmente se considere matrimonio a las parejas de homosexuales, como ha ocurrido en algunos estados que actualmente reconocen los matrimonios homosexuales celebrados en otros estados). Cabe recordar que la Ley de Defensa del Matrimonio impide que un matrimonio entre personas del mismo sexo que tenga valor en un Estado bajo su legislación propia sea reconocido por el gobierno federal o deba ser reconocido por cualquier otro Estado que no tenga legislado el matrimonio de homosexuales entre sí. Y hablando de homosexuales, él considera (y esto estaría dentro de lo «positivo») que los crímenes cometidos por la orientación sexual de la víctima deben ser considerados «crímenes de odio» (que tienen mayor pena que los ordinarios).

Eso sí, Biden se posiciona «neutral» con respecto al aborto, con lo que se ha ganado el epíteto de «pro abortista». Considera que el gobierno federal no debe juzgar moralmente a quienes aborten, aunque sí votó a favor de la prohibición de «aborto por nacimiento parcial» y se ha posicionado en contra de financiar con fondos federales el aborto, aunque, como decía antes, no está en contra del propio aborto (eso sí, no está a favor, por ejemplo, de una ley de plazos para el aborto).

A modo de conclusión

Biden, y con esto termino, es un viejo zorro de la política estadounidense (desde 1972 es Senador de forma ininterrumpida), es de esos demócratas que, si no supiéramos su afiliación, pensaríamos que es Republicano (sí, hay republicanos que votan por la sanidad pública, tampoco es tan raro) cuyo belicismo e imperialismo es más que patente, y que nos trata (a los ciudadanos del mundo en general, y de Estados Unidos en especial) como «objeto de investigación por parte de las fuerzas del orden». Donde haya seguridad que se quite lo demás, parece decir su mirada.

Biden es más de lo mismo, es justamente lo contrario de «un cambio en la forma de hacer política» prometido por Obama durante las primarias. Pero ya sabemos que las promesas del mulato que se reivindica como negro han, sin más, desaparecido en el «no, si yo no dije eso» o «ya veremos». Si al final dicen una cosa y hacen la contraria…

Fuentes principales:

5 comentarios sobre “Biden: Militarismo e intervención”

  1. Salud

    Ya decía un no tan sabio: «Si se elige entre dos males, se acaba teniendo un mal». El problema de estos sistemas de representación es que nos venden el que estamos con la espada contra la pared, y lo que hacemos es tirar leña al fuego sin pagar, y es la pescadilla que se muerde la cola…

    El votante conservador en EUA es «El Votante», pero si un político que se vende como cambio lo primero que hace es vender sus (supuestos) principios vamos mal, muy mal, ya que sólo quiere «el poder», como dicen, que todo cambie para que nada cambie (esto es como Thatcher en GB, la tipa gobernó «como hombre», para eso «no» se elige a una mujer).

    Elección complicada, sin duda, y mala elección para todos menos para Biden :P.

    Hasta luego ;)

    PD: Muy bueno el enlace que me deja :D.

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