“Convencen a mujer trujillana de retirar los colores de la bandera chilena de su casa” titula Perú21. Aparte de la redundancia en el titular (“mujer trujillana”, si es “trujillana” es “mujer” por pura definición, el usar el sexo sin venir a cuento para remarcar la condición del mismo es machista) me sorprende la noticia. No tanto por el titular, uno piensa, normal, no les gustan los colores, se acercan a la vecina y le dicen “ya pues vecina, cambie esos colores, estos quedarían mejor” y santas pascuas. Pero leyendo la noticia uno se sorprende del patriotismo meapilas y la estupidez política tanto de los vecinos, como del alcalde.

Y sorprende además que el alcalde, que ya consiguió que se tape la estrella blanca sobre el azul propio de la bandera chilena, anuncie que revisará las ordenanzas municipales para ver si a la sujeto le corresponde sanción alguna según la normativa. Lo peor es que no me extrañaría que estuviera prohibido, so pena de multa, pintar una casa con los colores extranjeros de bandera alguna, a fin de cuentas, tenemos una ley que impide el uso de banderas foráneas (salvo excepciones) y siempre y cuando quien la ice no sea nacional peruano (como en este caso). Más aún, esa ley es la que nos obliga a izar la bandera en fiestas y cuando al gobierno le dé la reverenda gana. La que nos obliga a ser patriotas.

Pero volvamos al caso un momento (y cito de la noticia enlazada):

El hecho ha ocasionado gran polémica entre los habitantes de la zona, pues mientras para algunos es solo un caso anecdótico que no merece mayor atención, otro grupo de vecinos se siente indignado y considera que se trata de una afrenta y una provocación contra los peruanos, justo en vísperas de celebrar las Fiestas Patrias.

¿Por qué se sienten indignados? ¿Atentan esos colores a la moral pública acaso? ¿O es que les chincha ver una “bandera extranjera” como “fuente” de unos colores? No me voy a meter en si les gusta o no, si los colores son más o menos chillones, si una estrella en una fachada queda algo extraño o lo que se tercie, no entiendo que se “indignen” o vean provocación alguna en unos colores en una vivienda que ni es suya ni les afecta para nada.

Pero nos hemos acostumbrado a la intolerancia nacionalista más patética, a la que todo lo ajeno debe ser repudiado, a la que permite la existencia de leyes que prohíben a las personas izar pabellones que no son propios, o incluso, siéndolo, que sólo se puedan izar en ciertas circunstancias demasiado específicas. Estoy prácticamente seguro que si esta señora hubiese pintado celeste y blanco la casa nadie le hubiese dicho nada, o amarillo, verde y azul o casi cualquier otra combinación. Pero por ser la chilena, ese país odiadio, hasta el alcalde intervino (¡y no para proteger a la vecina, sino para ver si la sanciona!).

Por otra parte, la explicación que ella da (y que no tendría que haber sido pedida por nadie) y la que muchos vecinos intuyen me parecen bastante más lógicas, por un lado, ella habla de un amor perdido con un chileno, esto es un homenaje – recuerdo, afirma de alguna forma, por otra, tiene una licorería recién abierta en la vivienda (me preocupa más la licencia de esa licorería que el resto del asunto, la verdad) que lleva el término chileno Botellería por nombre, así pues, los colores del establecimiento estarían más que justificados en una medida de promoción o ambientación.

Pero así somos los peruanos, nos fijamos más en si fulanita de tal tiene la fachada pintada con colores de una bandera extranjera que en todos los peruanos que no tienen siquiera un lugar digno dónde pasar la noche (lo sé, esto es demagogia pura y dura).