¡Si fuera sólo uno! resoplarán muchos al leer el título de la presente nota, y tendrán razón. Pero me quiero referir a uno en concreto: Lo mal que se están haciendo las cosas en el tema de la contratación de docentes, lo improvisado que todo parece y, lo que es peor, los malísimos resultados de los postulantes a maestros. Es cierto que esto último, en cierta medida, puede deberse a todo lo anterior, pero no es justificable, en general, la baja formación existente entre quienes se presentan a las pruebas para ser profesor, o entre los propios profesores que actualmente forman a los pequeños peruanitos.

«Solo 151 maestros serán nombrados tras examen», titula Perú 21, para continuar indicando que «[d]e los 183,118 profesores que rindieron la prueba -el domingo 9 y el jueves 13 últimos-, solo aprobaron 8,744, es decir, menos del 5% del total de postulantes. De ellos, apenas 151 obtuvieron una nota superior a 14 y, con ello, el derecho a continuar con la segunda etapa del proceso de nombramiento». Esto es, sólo el 0.082 de los examinados (de casi doscientos mil peruanos) fueron capaces de sacar una nota óptima (14 o más), mientras que sólo 8744 pretendientes del magisterio consiguieron resolver un examen rodeado de irregularidades. Ojo, que se necesita cubrir 23 970 plazas de profesores, aunque se contratara, tras la segunda oportunidad del próximo 1 de Junio para los aprobados en este examen, a todos los que han sacado más de once podríamos cubrir ni el 38% de las plazas, quedarían 15 075 vacantes. Tenemos un problema.

No entiendo realmente cómo el Ministro Chang no dimite, no por el mal resultado (en sí mismo) de los proyectos de profesores, sino por lo mal que está gestionando el cambio de forma de contratación (reforma necesaria donde las haya, lástima que esté tan mal llevada) que produce resultados tan desastrosos como el que acabamos de presenciar. Sin contar con todo el problema antes, durante y después del examen, que para ser un examen de opciones múltiples ha tardado demasiado en ser corregido (cinco días).

La oposición es necesaria para ingresar a los centros públicos, no me cabe la menor duda que cualquier sistema discrecional o el fracasadísimo plan del tercio superior del Ministro José Antonio Chang no contribuyen en nada a favorecer la contratación de los más aptos para enseñar a los niños y jóvenes del Perú, pero también es cierto que cualquier oposición o concurso vale para conseguir el objetivo buscado, y la prueba es el presente examen a los profesores que en realidad jala al ministerio de Educación de nuestra república.

Rosa María Palacios escribe un ínclito artículo sobre este examen, sobre las sensaciones o denuncias no escuchadas de los pretendientes a ser profesores en los centros públicos, bajo el título de “Leer a los maestros, una vez más” denuncia, una vez más, una serie de irregularidades que rodean a la prueba y dejan en evidencia, sin lugar a dudas, cierta improvisación que nos dejará como saldo miles de plazas vacantes de maestros (o al menos, cubiertas interinamente sin cumplir con el objetivo de sólo contratar a los mejores en sus campos).

Desde el ministerio se minimiza lo más que se puede todas las denuncias o se calla, en su caso, ante las mismas, y cuando puede se defiende alegando que tanto desaprobado demuestra que no se filtró el examen (más bien demostraría en su caso que el supuesto examen filtrado no fue el finalmente tomado a los profesores), una de las denuncias más graves en tanto que es el enésimo caso de corrupción que afecta, además, a la credibilidad del resultado final de la prueba.

¿Cómo debe ser un concurso público para cubrir plazas docentes?

No sé realmente cómo debe ser, la mayoría de sistemas de evaluación no me convencen para nada, pero sé cómo no debe ser: No se debe usar pruebas tipo test, por más que se diga que son las más objetivas, no evalúan correctamente a las personas, mucho menos cuando hablamos de un trabajo donde la comunicación prima sobre los datos concretos, la enseñanza es el poder de transmitir información, y eso no se puede valorar bajo un simple examen de marcar la respuesta correcta. Y no debe ser, en ningún caso, una prueba improvisada, sin tiempo para prepararse correctamente, sin objetivos o formas claras, sin información suficiente, sin garantías y demás, de los que el actual examen ha carecido totalmente.

¿Qué incentivos reales tiene la educación pública para que se postulen los mejores y más capaces egresados?

Sigo con esa duda. Y no es, ni mucho menos, una cuestión menor. Por supuesto que la docencia debe ser vocacional, pero si entre dos opciones la educación pública da el camino más difícil para desarrollar una carrera profesional satisfactoria, no se puede pedir que por pura vocación o buena voluntad una persona se decante por enseñar en un centro público frente a uno privado.

No hablo solamente de sueldo, por supuesto, ni de asegurar una seguridad laboral del cien por ciento (estoy con uno de los profesores que decía que los maestros funcionarios, como él, lo primero que deberían hacer era renunciar al privilegio del trabajo totalmente seguro), significa que el profesor debe estar en un entorno laboral bueno, que las instalaciones deben ser óptimas para llevar a cabo su difícil tarea (lamentablemente esto no suele suceder en los centros públicos), que deben contar con el apoyo, no ciego sino crítico y dialogante, del Ministerio de Educación (y no las constantes persecuciones ideológicas en que se ven abocados los maestros por culpa de las manías del APRA sobre un sindicato), y debe existir la posibilidad de una carrera profesional digna junto con, por supuesto, la constante oferta de cursos y demás para los profesores, para que puedan continuar formándose todo el tiempo. De lo que conozco, nada de esto se da, y encima, como colmo de los colmos, el sueldo es poco atrayente para quienes que, por currículo y cualidades, puedan entrar a un buen centro privado.