«Si hay reelección continua, sólo será para el presidente» dice Chávez. O sea, ni Gobernadores, ni alcaldes, ni ningún otro cargo podría beneficiarse del cambio que Chávez quiere para sí. Los programas televisivos de Hugo Chávez dan mucho de sí, igual habla de juguetes como de reelecciones, todo con su mal poder de comunicación (es un líder que no sabe hablar). No entiendo cómo Chávez puede defender la reelección del cargo público más goloso de un país y negarla a otros dirigentes de los distintos niveles administrativos. ¿Bajo qué argumento realiza esta separación? Por otra parte, no menos curioso (por no decir otra cosa), Chávez pretende retomar el Distrito Federal para “eliminar las distintas alcaldías y municipios que conforman Caracas en la actualidad”, que, por cierto, muchas están en manos de la ambivalente oposición.

Es curioso el tema de la capital en tanto que la actual configuración fue fruto de la reforma constitucional del 99, impulsada por el propio Chávez. Las razones de retomar el Distrito Federal, como en todo discurso del populista presidente venezolano, no son nada claras, no son explicadas con franqueza, ni tienen demasiada argumentación, no sea que todo lo dicho resulte una contradicción. Por otro lado, otra vez, se realiza una reforma constitucional a espaldas del pueblo venezolano, que posiblemente apoyará dicha reforma en último caso, pero, por si acaso, el poder prefiere no preguntar qué es lo que tiene que ir haciendo (por más que haya referendo para aprobarlo, me refiero a su propia elaboración). Y claro, el parlamento venezolano es totalmente chavista, así que el proyecto saldrá adelante.

Está claro, por otra parte, que la reforma de la Capital es para tener más control sobre la misma, y esto resulta patético en alguien que ya tiene poder para dar y tomar. ¿Cómo es posible que alguien que habla de socialismo se arrogue los derechos de la sociedad? Que sí, que es el presidente por goleada, pero no es Dios ni tiene una suerte de carta blanca total. Encima se queja de los “Caudillos regionales”, olvidándose que él es un caudillo regional (de Venezuela, que sigue siendo región de algo más grande), o mejor dicho, a sabiendas que en un territorio sólo puede existir un caudillo, quiere cargarse la competencia. Y no, Chávez no dará más poder a las comunidades locales, no impulsará las asambleas, y no hará nada de eso.

Vuelvo a la reelección (lo sé, el texto es desordenado), no veo problema alguno en los sistemas que no restringen la reelección, pero no veo justificación alguna para permitirla en la institución que más fácilmente puede corromper a una persona (la jefatura del Estado) y no hacerlo en niveles administrativos y de decisión inferiores. Es ilógico montar así la cosa. Es más lógico hacerlo al revez, poner “ilimitado” a alcaldes y gobernadores y limitar al presidente. Pero volvemos al tema de los caudillos, permitir que un líder lo haga bien ilimitadas veces en una parte de su reino es permitir que surja una verdadera competencia por su corona, al margen de que quiera o no seguir como jefe toda la vida, lo que no puede dejar es que durante su mandato alguien pueda discutirle. Y si le discute con una buena labor constante de Gobernador, tendrá más papeletas para vencerle, y eso es imperdonable.

Así que son dos medidas que juzgo, o prejuzgo (a falta de conocer más explicaciones) destinadas a eliminar la competencia, que responden no a un plan global de lo que debe ser Venezuela en el futuro (ese inexplicable socialismo del siglo XXI), entre otras cosas porque parecen cambios totalmente coyunturales (más adelante seguro que permitirán la reelección indefinida de alcaldes y gobernadores, si es que no han desaparecido estas figuras), que inestabilizan demasiado el régimen jurídico venezolano, con experimentos jurídicos mal planteados.

¿Por qué no critico los programas de educación chavistas o la “ideologización” de las fuerzas armadas? Los sistemas educativos que tenemos (y Venezuela lo tiene) son básicamente alienantes y cargados ideológicamente, así que Chávez está haciendo lo mismo que el resto (sólo que lo dice como si fuera una gran novedad, como casi todo lo viejo que hace), y las fuerzas armadas ya están ideologizadas, los generales tienen sus ideas y los subordinados sólo deben obedecer, y el ejército está para lo que está (y los Estados se basan en una ideología concreta, más o menos comprehensiva, pero concreta).

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