Yo plagio, tú plagias, nosotros plagiamos…

O algo así. Hace unos días hablaba con un par de personas sobre los negros, esos grandes olvidados, que escriben las obras con las que otros se hacen famosos, o las obras de los famosos que sabemos que realmente no escriben nada (esas autobiografías que ahora abundan por parte de personas que más bien parecen incapaces de escribir dos líneas seguidas con un mínimo de coherencia). En fin, siendo un poco torticeros, decía que eso de ser el negro de otro está bien, esto es, te permite chantajearle en un futuro cercano, y, en su caso, puedes hacer trabajos relativamente bien pagados sin fama ni nada de eso, pero a la par, permite, sin pudor, plagiar a otros. Jamás te acusarán a ti, a fin de cuentas, el que firma es otro. Una jugada curiosa es que el negro se autoplagie, y con ello saltar a la fama literaria, en el caso que el famoso no quiera apadrinarte como escritor.

¿A que viene todo esto? Pues el aumento de las acusaciones de plagio. Sólo es aumento, no es que haya más “famosos” plagiando, sino que ahora nos enteramos antes de todo eso, cada vez hay más gente dispuesta a acusar (y con pruebas, para más inri), mientras que otras, la parte del gremio afectada por las acusaciones, o usa absurdas excusas (las más típicas últimamente: “Se me olvidó poner comillas para indicar la cita textual, y con ello se me olvidó dar la fuente de la cita” y “Mi secretaria mandó el texto equivocado“) o recurre a la justificación teórica bajo el pretexto de la intertextualidad (en realidad, defienden que la literatura es el territorio del robo, algunos lo dicen tal cual, al menos son honestos, caraduras, pero honestos).

Alfredo Bryce Echenique
es uno de los grandes de la literatura peruana contemporánea, y por ello, los escándalos en que se ve metido por el tema de los plagios escuecen bastante y tienen una relevancia pública que, si no fuera porque es quien es, no aparecería en ninguna parte. Claro, acá importa el nombre, porque del nombre viven. Así pues, El Morsa sacó en su bitácora un par de cartas al director sobre un descarado plagio realizado por Bryce en El Comercio de un texto de Oswaldo de Rivero, bueno, plagio, lo que se dice plagio, no sería, sino “metida de pata” si es que creemos la versión de Bryce (le echó la culpa a la secretaria, que, al parecer, mandó a El Comercio un texto equivocado que pertenece a la bibliografía de consulta de Alfredo, claro, realizando un par de pequeños cambios en ese mismo texto). En este sentido, en el de denuncia contra Alfredo por sus columnas de opinión plagiadas, llega una entrada en El Útero de Marita, que da seis enlaces, tres hacia textos de Alfredo Bryce Echenique en El Comercio, y otros tres a publicaciones anteriores de otros autores, que, viendo uno y otros, es difícil distinguir el contenido, al margen de la firma de los artículos. Gotas de agua. Sin más.

Se dan cuenta que, sin Internet mediante, comprobar esos plagios descarados sería un poco más difícil. Acá voy a reformular una postura rápida -comentario que le llaman-, medio en broma medio en serio, que hice en la entrada de El Útero:

Se dice habitualmente que ahora con Internet, con toda esa información y el fácil acceso a la misma, normalmente los alumnos (y otros realmente) ya no se esfuerzan ni en copiar, que ya no hacen los trabajos como antes y que ahora sólo hay “corta y pega” en todos lados. Se repite, y no sin razón, que los contenidos son robados (apropiados de forma ilegítima, si prefieren) de forma constante, que se vulnera la autoría de los mismos. Y es verdad, hagan ciertas búsquedas y pueden encontrar el mismo texto más de diez veces con autores diferentes, esto es, resulta difícil determinar el original, pero está claro que hay unos nueve que se han pasado por los forros al autor original.

Antes se plagiaba tanto como ahora, no me cabe duda que los alumnos siempre han copiado textos ajenos, aquí y allá, para hacer trabajos, que es una constante de la vaguedad diaria, así que ese no es el tema interesante, no ahora.

La cosa es que antes unos tenían acceso a mayor cantidad de contenidos que otros, y cuando plagiaban, pues el resto no nos dábamos cuenta, no percibíamos la copia del documento en tanto que jamás podríamos acceder al original, y que claro, si lo encontrabas, más era una coincidencia feliz que una búsqueda consciente. Ahora basta poner dos líneas de un texto y es posible encontrar la fuenteoriginal” o “mediata” del texto y ver lo bien que está copiado, oiga, hasta con las mismas faltas ortográficas. Esto es, cada vez la impunidad en estos actos de copia y pega es más difícil de ocultar.

Dudo mucho que quien encontró esos tres enlaces a tres textos iguales a los de Bryce conociera los medios (o fuera lector habitual de los mismos) de los que Bryce copia (plagia) el texto. También es muy posible que alguno de los textos enlazados tampoco sea el original, está claro que puede ser una copia de otro más, de alguno en otro idioma (al menos se da el trabajo de traducirlo) o algo así, pero parece que, en todo caso, quien no tiene paternidad alguna sobre los textos es Bryce. Seguro que la persona que encontró esos textos lo hizo gracias a los buscadores, a cortar y pegar dos cachos de texto de Bryce y encontrar, con no cierta sorpresa y alegría, los “verdaderos“. ¿Y antes? Pues si el perjudicado no se pronunciaba, o si alguien lector del plagiario no leía también al plagiador, nada, difícil pillar tamaño ilícito.

Regresemos, por un momento, a los alumnos, esos púgiles dispuestos a todo por un aprobado sin esfuerzo académico, en la monografía que nos pedían en quinto de Secundaria (por poner un caso que conozco bien de primera mano), sé que buena parte de los trabajos presentados en mi promoción son copia y pega de algún libro, de algún ensayo, o simplemente fueron comprados en el centro (donde hasta venden maquetas para trabajos escolares), y casi todos recibieron el aprobado, por más que la profesora, en muchos casos, sospechaba algo, que eso no era escrito por el alumno, claro… sin pruebas, no puedes acusar. A los pocos años, se comenzaron a revisar las monografías, y bueno, el 80% de los alumnos (literalmente) jalaron por culpa de ser copias exactas de textos encontrados en la Red. Tal cual se los digo. Claro, muchos se defendieron que en realidad no habían copiado nada de una página web, sino de un libro. Da igual, alguien lo copió y lo subió a la red.

Retomando el tema: Las excusas para los plagios son varias, básicas, facilonas, creativas, o lo que toque, pero no dejan de ser eso, excusas de lo inexcusable. No se puede hacer lo que dice Lauer, que espero que sea una simple broma, o un comentario sarcástico antes que un meditado texto de opinión. “La única explicación a la mano es que se trata de temas muy especializados, y que a la hora de informarse el novelista se haya terminado mimetizando en exceso con el texto consultado.” Declara Lauer. Esto demuestra que no se ha leído los artículos plagiados. ¿Mimetización a tal punto de mantener las mismas faltas ortográficas? ¿Mantener las mismas líneas? Puede haber mimetización en el estilo (¡por supuesto!), e incluso en algunas palabras del vocabulario, pero es imposible que dos personas tan distintas den textos tan iguales. Esta es la más típica de las excusas de los alumnos: «Si ya está escrito así, ¿para qué voy a escribirlo de otra forma?». Patético si se esgrime como argumento exculpatorio. Ya veo a los alumnos “no profe, lo que pasa es que me he mimetizado de mi compañero de al lado, por eso nuestras respuestas han quedado igual, yo no copié“.

Pero Lauer, en lo que espero, sinceramente, sea sarcasmo, termina declarando, tan pancho él:

Si hubiera que buscar un culpable en estos tiempos, podría ser Internet, que vuelve al texto ajeno tan abundante, el acceso tan fácil, el comando cortar/pegar tan cómodo, todo el ambiente tan virtual, que la red se convierte en la proverbial arca abierta donde hasta el justo peca, aunque sea alzando con una buena frase de un colega remoto.

Si buscamos un culpable de un texto que ha sido plagiado, es el plagiario. Sin dudas, sin titubeos. Por más que el plagiario sea Bryce. Si esto lo hubiera hecho un don nadie o un alumno, Lauer no diría tamaña sandez. Así de simple. El culpable no puede ser el acceso fácil a encontrar los textos copiados, puesto que el plagio siempre ha existido, aunque, como he dicho líneas más arriba, antes fuera más difícil detectarlo. El argumento de Lauer no tiene sentido.

¿Se defenderá Bryce? ¿Defenderá que todo lo escrito está para que otro se lo apropie? ¿Defenderá el plagio descarado en tanto que lo hagan las celebridades? ¿La culpa es de la secretaria, Internet, loquetoque? ¿El Comercio tiene que echar a Bryce del puesto de columnista?

A la última pregunta sí responderé: sí, y sin dudas. Que El Comercio haga una pequeña investigación para ver la autenticidad de esos textos, del tiempo en que se publicó el supuesto original y todo eso, y si al menos uno es plagio, que Bryce sea apartado, sin posibilidad de redimirse en ese medio. Los lectores de El Comercio deben decirlo claro: No confiamos en quien repetidas veces faltó de forma tan grosera a todos los lectores, firmando como suyo lo que no era.

14 Comments

  1. Alfredo, te queremos…

    En el tiempo en que fui editor de Somos, yo tenía en un cajón de mi escritorio un fólder con decenas de artículos suyos, inéditos, y sólo tenía que elegir uno cualquiera cada dos semanas para cubrir con ello su columna: los había escrito todos …

  2. Pues muchos quisimos hacernos de la vista gorda en agún momento. Cómo iba a ser Alfredo Bryce un plagero! ni hablar! Pero en fin, sobra la discusión del tema, o columnas como la de Lauer, o comentarios como el de Faverón.

    Ah! y usted wayna, no se olvide que alguna vez ha sido mi negro monografiario (por lo menos al 50%), pero que quede aquí entre nos :P Este comentario se autodestruirá en 5 segundos.

  3. Jomra

    Saludos

    Es que al comienzo choca. Con cualquiera que no tenga ya un historial largo de payasadas de este estilo. Lo malo es que, al ser Bryce quien es, parecía que cualquier justificación iba a ser tomada como cierta, y eso es un problema por el contenido mismo de las excusas.

    Jajaja, no me acordaba de esa monografía, cosas del fútbol que le llaman.

    Hasta Luego ;)

  4. na que hacer, salud nomas por que somos asi,
    pero si garcia marquez plagia a faulkner y se plagia a si mismo a través de los intertextos, que lance el primer rocon quien este limpio de pescado,sunescan daluna buso… ya vienen los goles de laura bozzo… magaly magaaly magaaly MAAAGAAAALYYYYYY!!!..

  5. Jomra

    Saludos

    Nunca será lo mismo que copie un “don nadie” que alguien que cobra y se gana la vida escribiendo. Así de simple.

    Ninguna de mis entradas en esta bitácora o trabajos de la universidad (y contemos exámenes) es copia, sería intolerable que lo sea, lo mínimo es pedir que Bryce y similares no plagien.

    Hasta Luego ;)

  6. Alejandraxi

    Amo a bryce…
    lo amo…

    lo amo…


    lo amo mas…

    Si lo botan lloro… pero despues… si no lo botan… no es justo. Porque si hubiera sido alguien menos hermoso… A QUE LO BOTABAN A LA PRIMERA!!! AHHH!!! Q se vaia caiadito y saque una novela nueva, asi los reconquista a todos… q a mi ya me tiene más que conquistada. JAJAJA.

  7. Susana Nylamp

    Unamuno dice un la vida del quijote que piensa que Cervantes solo trancribio a un narrador Judio pero en esos dias no habia internet.

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