Toca hablar del fallo de La Haya

Poco he hablado del diferendo marino entre Perú y Chile (creo que solo una vez), largo, tedioso, lleno de patriotismo de patio de colegio, de miradas sobre el hombro y odios idiotas, lleno de, en otras palabras, lo que significan los Estados y sus fronteras. No deja de ser eso, una pelea sobre por dónde va la frontera del mar. Como estaban las cosas, lo mejor sin dudas fue ir a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), ubicada en La Haya, que resolvió el pasado 27 (sobre las reacciones y cobertura de ese día, les recomiendo la columna de Sifuentes en La República).

He de reconocer que no he conseguido leer toda la sentencia, ni siquiera he entendido  (del todo bien) todo lo que he leído, lo siento, mi inglés no da para tanto. Lo he intentado, mucho. Quería leerla antes de comentar nada, estoy revisando la prensa de más de un lado (y algunas, pocas, de otras latitudes que ponen lo que les da la gana) pero no termino de ver, en sus justos términos, cómo los miembros de la corte llegaron a ciertas conclusiones… pero bueno, me piden (de veras, cosas raras de la vida) que opine sobre esto, lo he hecho en lo privado, acá pongo algunas consideraciones al respecto:

En Chile no están contentos (se puede ver en la reacción de su Senado, claramente), en Perú se ha vendido como la gran victoria del siglo (el término más repetido en todas las notas es «ganamos», salvo por cuatro gatos mal contados). Tal vez la diferencia está entre ver el vaso medio lleno o medio vacío. Algunos de los principales peticiones de Chile se cumplieron (el tema del paralelo desde el Hito 1, por ejemplo), pero no con los efectos que ellos reclamaban (200 millas frente a la línea de 80 millas determinada en la sentencia*)…

El área realmente en disputa**, esto es, el triángulo formado entre lo que Perú decía que era la frontera marina y lo que Chile aseguraba, era de unos 38 mil kilómetros cuadrados de mar (que tanto Perú como Chile reclaman como Mar Territorial todos ellos, contrario a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982), de estos, digamos que unos 17 mil quedan en manos chilenas y unos 21 mil en peruanas. El límite tiene una forma extraña, 80 millas náuticas siguiendo el paralelo desde el Hito 1  (por cierto, si sigues la línea paralela desde el punto de la concordia las cosas tampoco cambian mucho, que digamos) y luego una diagonal con puntos equidistantes para Chile y Perú.

Como digo, en Perú se ha preferido ver esto como una «ganancia» (reconocen a los blanquirrojos el triángulo externo -que los chilenos calificaban de alta mar- y «gana» 21 mil kilómetros a Chile), y no como una pérdida (de la soberanía sobre 17 mil kilómetros); los chilenos han presentado la noticia, en cambio, como una pérdida gorda, a pesar de alegrarse por tomar como referencia el paralelo desde el dichoso hito; esto se debe a que en Perú hay sensación de «haber recuperado» un mar que se tenía por perdido… Y ya, queda cumplir, por más que el senado chileno pitee, la foto que importa es la de Piñera con Humala acordando el cumplimiento del fallo y cómo ejecutarlo de forma conjunta, el resto es literatura. Más de una nota van por ese lado, incluso el Senado chileno habla que no quedan temas pendientes limítrofes entre Perú y Chile. Por fin, perfecto.

Aún así, quiero dar dos pasos atrás. Sí, dos. El primero es para considerar que no se debió llegar a la Corte («que tengas pleitos y los ganes», dice la maldición), sino que era un tema que, aunque pendiente e irresoluto por mucho tiempo, debió acabarse en una mesa de negociación; no tanto para determinar de quién era qué cacho de mar, tal cual y en exclusiva, sino para generar un delta de explotación conjunta (y ver límites de explotación para ambos, reglas y una autoridad común), eso no solo hubiese acabado con la controversia, sino que hubiese generado un verdadero lazo de unión (el pescador peruano no es el enemigo del chileno, ni viceversa). Sé que es casi pensamiento mágico lo que planteo, más cuando nuestros países tienen costumbres patrioteras de pelearse hasta por la «soberanía» sobre un grano de arena.

El otro paso, la otra consideración, es para ir un poco más lejos. No solo debió pasar lo anterior entre los estados; sino que nosotros (las personitas que habitamos o estamos relacionados con ambos países) deberíamos dejar el trapo pintado en casa (como mantel, si quieren) y comenzar a darnos cuenta de la inutilidad absoluta que tienen las fronteras para los que no jugamos con ellas (si me vienen con lo de la pesca, les responderé que a tanto unos como otros les interesa subsistir y el negocio, si lo hacen en las propias aguas, bien, si lo hacen en otras, también bien; se debe regular cuánto y cómo se pesca, y qué se hace con lo recogido; no debería ser importante el quién); cuando los mandatarios de los estados se ponen a tirar líneas y a reclamar algo como «suyo», perdemos todos.

Por cierto, estaría realmente bien que Perú firmara y ratificara la Convención sobre el Derecho del Mar y que acomodáramos nuestro mar a la misma (12 millas de mar territorial, 12 de zona contigua y lo demás, hasta 200 millas, de zona económica exclusiva), que somos de los pocos países que insistimos en un mar territorial de 200 (PDF), creo que una buena aplicación del propio artículo 54º de la Constitución ni siquiera haría necesario adaptar la carta magna si se firmara y ratificara la Convención.

*Esto da pie a que Piñera, mandatario en funciones de Chile, quiera hacer pasar un cacho de tierra como chileno, cuando, en todo caso, será tierra peruana sin mar, cosas de la vida. Desde Perú, la canciller ya dice que de eso nada, y con toda la razón, no hay que olvidar que el fallo solo trata sobre el límite marítimo, no se pueden extraer conclusiones terrestres. ¿Y, de verdad, alguien racional se pelearía por eso?

**No voy a entrar en la petición de considerar alta mar una zona triangular, porque Chile tampoco se esforzó mucho en argumentar en favor de eso (la sentencia lo despacha en cuarto de hora, por así decirlo), parecía más un «si cuela, cuela», aunque los peruanos ya lo cuentan como «100% ganado» (será ganado a alta mar, en todo caso, no a Chile).

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