Cuando la corrupción es aceptada

55,8% cree que en la gestión de Luis Castañeda hay corrupción, aunque el 69% aprueba la gestión del alcalde, según una encuesta de IMA. Eso quiere decir que una parte de los que consideran que hay corrupción, a pesar de la misma aprueban al alcalde. Y acá es donde comienzan los problemas (que no es algo exclusivo ni de los limeños ni los peruanos). Por otro lado, el 12,7% de los encuestados que aun no deciden su voto considera que todos los políticos son corruptos, generalización, por lo demás, «injusta» al menos con los que no han podido ni ser corruptos ni lo contrario.

Quiero resaltar algo (aunque parezca repetitivo): Más de la mitad de los limeños creen que en la ciudad hay corruptción, más de la mitad (mucho más) creen que la gestión de Castañeda es buena, esto es, los espacios de coincidencia entre los que aprueban la gestión y a la vez creen que Castañeda es corrupto es bastante amplio, como mínimo, más del 20% están dentro de esa coincidencia (lamentablemente no tengo los datos para poder explotarlos y decirles cuántos de los que aprueban al alcalde lo ven como corrupto).

Uno de los grandes problemas de nuestros sistemas está en que aceptamos que el cargo público robe, nos robe a todos, siempre y cuando «haga obra» y «solucione» (parche a corto plazo, realmente) los problemas como el de «seguridad» (y no, jamás se resolverá ese problema solo poniendo más policías, o dotándole de más armas), así los gestores municipales se vuelven grandes promotores de obras, donde quien más hace más apoyo tiene, aunque al hacerlo:

  • Se salte la ley a la torera (como todo el tema del impacto ambiental en muchas obras del ayuntamiento capitalino);
  • Se robe (corrupción en la adjudicación, en los pagos, sobreprecios varios y otros problemas en la propia obra, frecuentes);
  • No sirva para nada (en términos reales).

Pero «lo hizo», con eso ya tiene puntos a su favor.

Vemos la corrupción como un mal necesario, o algo completamente «normal», donde «todos son iguales», caen como moscas, son «parte» del sistema al punto que ya ni nos indigna, ya ni nos saca a la calle, ya ni hace que consideremos al ladrón como alguien que merece nuestra tacha, sino que hasta le aprobamos la gestión. Pero a la vez pedimos más seguridad en las calles, evitar que ese carterista nos quite las veinte «lucas» que llevamos, pedimos mano dura con él, a la cárcel de por vida. En cambio al alcalde le reelegimos, cuando roba millones y a millones. ¿No ven que hay una contradicción clara entre ambas posturas? ¿O es que el robo indirecto no «duele» como el «directo»?

El tema es más complicado que corrupción sí o no tanto para la elección de una persona (en este sentido les recomiendo «Las dos derechas», artículo de Carlos Meléndez, más conocido como El Jorobado, que contrapone a Lourdes frente a Kouri -otro que tiene una historia de corrupción como para agruparla en tomos-) o para su aprobación, por supuesto, pero no deja de ser triste que cada vez «influya menos» en la decisión de aprobar o apoyar a alguien el que sea corrupto, que en vez de plantearnos cómo eliminar o limitar la corrupción en las instituciones nos «acostumbremos» a ella al punto de preferir los vínculos clientelistas (son corrupción, al menos en muchísimos casos) a los programáticos, o simplemente apoyar al «nuestro» porque, si alguien roba, mejor que sea «el nuestro».

3 Comments

  1. Salud, como diría el compañero José María…hace lustros que estamos desenganchados…Doc, he insertado tu blog en el mio (que sigue en construcción desde 2005 yseguirá hasta 2020) pero quiero insertarlo con imagen, cual es la URL de tu imagen?.
    Un fuerte abrazo!

  2. Triste verdad la que cuentas sobre nuestra sociedad. Pero efectivamente ese es un mal extendido que vemos por todos lados. Y la gente lo dice sin pensarlo dos veces: “lo importante es que hace obras”. Es el mismo síntoma que se tiene con Fujimori: “habrá sido corrupto, pero acabó con el terrorismo”.
    Lo peor es que en ambos casos se trata de argumentos que no son totalmente correctos y que, analizados a fondo, terminan siendo contradictorios. Castañeda ha hecho mucha obra de cemento, pero el impacto social que tienen las mismas es, muchas veces, devastador. Basta nomás ver todo el tema de Barranco, que ha sido partido -literalmente- por la mitad con el Metropolitano.
    Buen artículo. Este tipo de cosas son las que deberían salir en nuestros periódicos, no la basura que se publica todo los días.

  3. Jomra

    Salud

    @Hernán: Qué gusto ver que revive su bitácora, ahora le mando un correo con lo que me pide e incorporo su bitácora a mi listado de recomendados.

    @Luciano: Efectivamente, lo peor es que ni siquiera se valora la obra que haya hecho, simplemente el hecho de hacerla (y perdón por lo cacofónico) es lo que da puntos.

    Hasta luego y gracias por sus comentarios ;)

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