Saben que el tema electoral, en ese mundo que se mueve a caballo entre la teoría y la práctica, es uno de mis favoritos, le dedico tiempo en todos los sentidos, de una forma ruidosa a veces, y otras más bien callada. Saben que soy partidario de cualquier forma que mejore la proporcionalidad (en otras palabras, prefiero los sistemas proporcionales a los mayoritarios) y que creo que se deben buscar fórmulas para permitir una mayor democracia tanto dentro de los partidos como a la hora de votar… ¿Y todo esto por qué lo digo? Listas abiertas y su no funcionamiento, ejemplo sobre un pueblo concreto e hipótesis al respecto.

Por supuesto que no voy a intentar sacar conclusiones de un caso aislado (aunque sí conozco ejemplos similares, así que dudo que sea un caso único, una excepción), pero sí a plantear dudas, en forma de hipótesis, que ya he visto reflejadas en opiniones políticas o de forma de aproximación en artículos de ciencias políticas o jurídicos.

Hipótesis
Por un lado, aunque en España coexisten varios sistemas electorales (fundamentalmente uno de listas abiertas y otro mediante papeletas de formaciones políticas cerradas), los ciudadanos básicamente votan por las siglas de un partido independientemente de si estamos en unas elecciones con listas cerradas o abiertas, y votan, además, en orden descendente según muestra la papeleta en el caso de listas abiertas (y esta hipótesis se ve refrendada por el cambio legislativo propuesto por los partidos, que quieren que sea el partido quien elija el orden de los candidatos en las papeletas de listas abiertas, en vez del orden alfabético).

La segunda hipótesis es consecuencia de la primera, e iría en contra de mis preferencias en cuanto a sistemas electorales, al menos parcialmente. El sistema de listas abiertas, en culturas con mentalidad de siglas, es contraproducente para la proporcionalidad en cuanto a los cargos elegidos.

Caso
Un pequeño pueblo perdido de la mano de dios, en el norte castellano, que desde mayo de 1991 se rige por el sistema de listas abiertas en sus elecciones municipales. Antes de continuar con el caso, aprovecho para explicar una particularidad interesante de las elecciones locales:

Existen dos grandes tipos de consistorios, los que se rigen por Consejo Abierto y los que tienen municipalidades, dentro de estos segundos, están los que eligen con listas abiertas y los que lo hacen sobre listas cerradas. Los que eligen entre listas abiertas deben tener menos de 250 habitantes y el procedimiento está regulado en el artículo 184 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (LOREG), básicamente es así: Cada partido puede presentar hasta 5 candidatos, cada elector puede marcar hasta cuatro nombres (pueden ser de distintos partidos) y se eligen a los 5 que hayan conseguido más votos (en otras palabras, un sistema mayoritario en distritos plurinominales con voto múltiple). Normalmente los partidos presentan como máximo 4 candidatos, para que no haya competencia entre ellos.

Volvamos al caso, hablamos de un pueblo feudo del Partido Popular (o sus antecesores), donde saca sin problemas (mucho) más del 50% del total de votos, la última vez que se votó con papeletas cerradas, Alianza Popular (AP) sacó el 60% de los votos válidos (de 157), mientras que el PSOE alcanzó un bajo 31,95% (54 votos), y hablamos de una época en que el PSOE arrasaba aun electoralmente, pues bien, no en esa zona, no en ese pueblo. Aun es visto, el PSOE, como «esos rojos ateos» (gentes del pueblo lo siguen diciendo, ahora bastante mayores, eso sí). La distribución de concejales fue 5 para AP y 2 para el PSOE.

Desde 1995, en ese pueblo, gobierna el mismo alcalde, con distintos concejales, t casi siempre con los 4 de su partido y solo uno de oposición, los votos de cada candidato son casi iguales dentro de cada partido, con lo cual es bastante obvio que si alguien vota a Juan Palomo del PP, vota por sus otros tres compañeros de partido.

En 1991 se dio un hecho curioso, desde ese día ya aprendieron, el PP presentó 5 candidatos (insisto, cada ciudadano solo puede votar a 4), y pasó lo que tenía que pasar, el voto se dividió y el PSOE sacó 4 concejales en su mejor resultado (también sin entrar a valorar la división en el PP), en parte se debió por peleas internas dentro de los militantes del PP, con acusaciones entre sí y riñas varias que no vienen a cuento demasiado.

En el 95 las cosas regresaron a la «normalidad», al joven que fue alcalde por cuatro años muchos ciudadanos le decían «votaría por ti si te presentaras por el PP», olvidando que pueden votar por él aunque también lo hicieran por otros tres del PP (justamente esa es la idea de las listas abiertas), le reconocían su buena labor pero era del «partido incorrecto», y se ve que sí hubo personas que le votaron sobre el resto de compañeros de partido (sacó 17 votos más que el segundo de su partido), esta vez la distribución fue 3 para el PP y 2 para el PSOE, algo bastante raro, pero es que a uno del PP le dejaron de votar varios de «los suyos» por razones variadas.

En el 99 la situación se consolida, son cuatro para el PP y uno solo para el PSOE, los cuatro del PP tienen un resultado similar, ordenados alfabéticamente del más votado al menos dentro de la formación (lo que reforzaría una respuesta positiva a la segunda parte de mi primera hipótesis, pero, insisto, de un caso no se pueden sacar conclusiones).

En el 2003 aparece el primer intento de romper el bipartidismo del pueblo, una agrupación de independientes presenta cuatro candidatos, que quedan incluso por debajo del PSOE, aunque el PP sí pierde votos, el PSOE más o menos repite resultado. De los 4 concejales obtenidos por el PP solo uno no está según el orden que apareció en la cédula de votación, quedando segundo (aunque fue reelegido alcalde), en el PSOE, donde solo uno sale elegido, pasa tres cuartos de lo mismo.

En el 2007, las últimas elecciones locales, uno de esos que se presentó en el 2003 como independiente entró en las listas del PP y salió elegido, pasó de 31 votos obtenidos a 72, siendo el tercer concejal del PP (y rompiendo el orden ortográfico, esta vez levemente trastocado en dos puestos, por muy poco eso sí). El PSOE, que presentó solo a tres y salió uno nomás, volvió a repetir resultado (voto arriba, voto abajo), esta vez hubo un empate y el que fuera alcalde y concejal dejó el puesto al compañero con el que empató.

Quiero llamar la atención sobre el candidato independiente que se pasa al PP y aumenta muchísimo en votos. Es un sujeto, el ahora concejal, bastante particular dentro de un pueblo de agricultores, sobre formado (Medicina y Derecho entre las carreras que tiene), con ideas tanto disparatadas como muy buenas, un emprendedor y enamorado del pueblo a más no poder, quiere dinamizar la economía local a como dé lugar y, además, pretende repoblar el pueblo (ha pasado de tener más de 250 habitantes a unos 190, casi toda población muy mayor). Sus ideas rompen, en gran medida, con la postura del resto de compañeros del consistorio, y por eso se presentó como independiente, y no le votaron.

Todos en el pueblo le conocen, todos en el pueblo se conocen, y fue ponerse la camiseta de la gaviota y recibir votos de gente que hasta le mira con recelo por su vida privada (que no viene al caso dar más información), es un raro que, como independiente, difícilmente conseguiría más de una treintena de apoyos, pero fue entrar por el partido conservador y conseguir todos los necesarios. ¿Por qué? Porque la gente vota por la lista, no por los candidatos.

La gente no votó por el independiente reconvertido a pepero por sus ideas (bueno sería) sino por sus siglas, así también salieron elegidos un par de concejales, uno de ellos es, por cuarta vez, el alcalde, que no tienen ideas, de ningún tipo (salvo un comportamiento caciquil deplorable), y así salen varios elegidos. Son las siglas, «los nuestros» como dicen, las que llenan el consistorio, no las personas. ¡Y hablamos de listas abiertas!

La gente no se da cuenta que son elecciones con listas abiertas, y eso lo vio el concejal que cambió de camiseta, que nunca saldría elegido aunque tuviera el mejor plan (el único plan) entre sus competidores, por el simple hecho de que se vota PP (como se vota PSOE, PNV, o el que sea, en otros ayuntamientos) de forma sistemática y constante casi de forma independiente de quienes se presenten.

A esto último se puede añadir el funcionamiento interno del ayuntamiento, el concejal antes independiente bastante ninguneado y el de la oposición que parece menos oposición que el independiente reconvertido… Pero eso ya es otra historia.

Pero a lo que iba, a modo de consideración final, el sistema de listas abiertas en un pequeño pueblo como el del caso, en vez de ayudar a una mejor representación y que, gracias al conocimiento total de unos vecinos sobre los otros, exista pluralidad en los elegidos y libertad en los electores, se cae en un sistema mayoritario donde casi por costumbre se consigue una mayoría de 4 contra 1 casi independientemente del resultado electoral (en cuanto a la proporción de votos por candidatura frente a concejales obtenidos), un 60% frente a 40%, por ejemplo, se convierte en 80-20%. ¿Falla el sistema o la cultura que el sistema debió crear pero no lo ha hecho?