Quien avisa no es traidor, hoy toca hablar de fanáticos religiosos, y en esas andamos. Mientras en España continúa el ya viejo debate de si se deben o no concertar colegios que «diferencian» por sexo, en Israel pasa lo mismo pero con el servicio de autobuses. Como lo oyen, autobuses con segregación por sexos. Así los hombres se sientan adelante (¿se habían imaginado otra cosa?) y las mujeres atrás, acá sí que no hay argumentos educativos para justificar la segregación, algo que es discutible en el tema de las escuelas. Así que en Israel buena parte de intelectuales y ONG de mujeres se han puesto en pie de guerra contra esta discriminación.

De la nota de Público, un poco de historia de estos autobuses:

«Hace cinco años, cuando empezó el fenómeno de los “autobuses kosher”, el Centro de Israel para la Acción Religiosa (IRAC), que pertenece al judaísmo reformista y defiende la igualdad entre hombres y mujeres, llevó la cuestión ante los tribunales.

Desde entonces, las líneas segregadas han crecido hasta superar el número de noventa en todo el país, “muchas de las cuales viajan a localidades que no son residencia exclusiva de ultraortodoxos, como las que comunican las ciudades de Tzfat o Arad con Jerusalén”, ha dich Anat Hofman, directora de la organización.»

En Israel, país que se considera laico, el tema de las religiones está muy presente, e históricamente (y hasta ahora en muchos casos) la ley trata distinto a las personas según su religión o la falta de ella, y las distintas localidades se rigen por morales diferentes según la mayoría religiosa, por eso no debe sorprender cuando en la nota de Público se resalta que estos «autobuses kosher» existen en líneas incluso donde los haredí (ultraortodoxos) no son mayoría o población exclusiva. Y es que estos autocares existen como líneas públicas para esa comunidad ultra, pero claro, son para cualquier persona. ¡Y pagados con dinero público! Y estas discriminaciones no tienen sentido. Máxime cuando el chofer del bus humilla a las pasajeras que se niegan a cumplir tan absurda norma de decencia o se permite que el resto del pasaje agreda a la mujer díscola.

La gente del IRAC sabe que no se puede pedir peras al olmo, por eso no exige que se retiren estos autobuses, sino que donde los haya, también exista un servicio regular de autobuses sin estas discriminadoras normas, para que exista una alternativa no sexista para los ciudadanos que no se sientan cómodos con normas de fanáticos religiosos. Aunque yo no veo sentido a que esos autobuses segregados sean pagados con dinero público, que se lo paguen en régimen totalmente privado los ultras, si así lo quieren.

Lo malo, denuncian en Israel, es que estos servicios segregados van en aumento (se citan casos de locales de Correos que tienen colas por sexo), en contra de la lógica igualitaria de los estados democráticos (pero, de qué extrañarnos, en Chile los hombres y mujeres votan, si no mal recuerdo, en mesas o urnas diferentes; por no hablar del intento en Roma, Italia, de segregar por etnia a los menores en los autobuses escolares, o la propuesta de autobuses «especiales» en el racista norte italiano).

Fue en Israel donde un grupo de ultraortodoxos montó la de Dios es Cristo (es una forma de hablar, claro) porque en una de sus ciudades el servicio de autobuses trabajó los sábados (día de descanso, como nuestro domingo), no entendían que otras personas en la ciudad necesitan el transporte justo esos días en que ellos no pueden hacer nada, pero intentan que el resto no haga nada. Los fanáticos religiosos sí que intentan imponer su religión y sus absurdas prohibiciones, como el que una mujer se siente al lado de un hombre, o que una mujer (u hombre) entren en la Catedral de Bolonia enseñando los hombros, prohibidísimo oiga.

Moral, tradición, decencia, defensa de la mujer, entre otras, son palabras que se escuchan de boca de estos integristas que nos tratan, a los demás, como inferiores morales que no entienden lo peligroso que es que una mujer sepa hablar por su cuenta, reproduciendo así modelos de dominación (y todo esto me está trayendo con fuerza a la mente la columna de Marta Nebot en Público, llamada «Con un par, anecdotario machista español», altamente recomendable).

(Excurso: Gracias Rubén por el dato.)