Hoy la noticia por estos lares es el informe PISA (con todos los peros o por si acasos que se le ponen) y lo mala que es la educación en España (quedó por debajo de la media, y teniendo en cuenta los países que participan, la media es lo que es… el parte de prensa del Ministerio de Educación es optimista y algo autocrítico), agregando a esto el balón fuera lanzado por Rodríguez Zapatero (con algo de razón, todo hay que decirlo) sobre los culpables de que los niños ni entiendan lo que leen ni son capaces de responder preguntas relativamente sencillas de ciencias o resolver problemas matemáticos (según el informe PISA). Perú no participó en esta evaluación, y dentro de los países latinoamericanos participantes, fue Chile quien mejor se colocó, quedó primero en Ciencias y lectura, y segundo en matemática, pero muy por debajo de la media de todas maneras.

Como siempre, estas noticias (y las similares que tenemos en Perú, tendentes a demostrar lo obvio, los sistemas de educación que nos gastamos son de todo menos óptimos) traen consigo una serie de acusaciones, de ya estamos en ello y de culpar a otros agentes (en Perú miramos a los sindicatos a primera de cambio), que pueden tener más o menos una corresponsabilidad en todo el tinglado educativo. Los cambios que se proponen son, siempre, más de lo mismo. O en todo caso, gastar más en lo mismo. Obviamente, tirar leña al fuego no lo apaga, y el dinero extra suele servir más como carburante que como lo que se cree. Gastar “más” por alumno está lejos de significar “que el alumno aprenda más”.

Casi nunca se plantea cambiar realmente el sistema educativo, o algo al menos. Tampoco se suele recordar la formación de los profesores, como mucho se dirá que es mala, que son funcionarios que no hacen nada (no es que los colegios privados estén mucho mejor, y cuando lo están, es porque tienen barreras de entrada, y así, recurriendo a la élite, es muy fácil estar mejor -esto ocurre, por ejemplo, en Inglaterra o Estados Unidos-), también se recurre a “volver a cómo se enseñaba antes que era mejor”, cuando los métodos memorísticos no han demostrado ser superiores y se olvida que en ese “antes” el acceso a la educación era limitado y el analfabetismo campaba a sus anchas, por no decir que enseñar a escribir con el Quijote en la mano es la mejor forma para desincentivar la lectura de cualquier otro texto.

Se habla también de disciplina (falta de ella), de los derechos sin deberes de los alumnos, de la contaminación de la televisión a los alumnos y la falta de estímulos reales en su entorno directo para aprender, de la falta de premio-castigo (mucho se dice de lo fácil que es aprobar o pasar de curso) y que la escuela se vuelve un sitio (una cárcel) dónde tener a los niños de 5 a 16 años mientras los padres trabajan, sin que educar realmente sea importante.

Las escuelas, tal como están planteadas desde hace demasiado tiempo, no educan. Sí, dan un título, y en él dicen que estás educado, pero dista mucho de ser real. Los colegios reproducen lo peor de nuestras sociedades, lo alienante, lo vertical, lo rutinario, lo… Y así están planteadas desde que se usaron para dominar a todas las clases sociales y educarlas dentro de una misma nación (el proceso de construcción nacional francés tal vez sea el mejor ejemplo en este sentido) o una misma religión (la educación nacionalcatólica durante el franquismo sirve para ambas cosas, aunque ya tarde frente a las construcciones nacionales mediante la escuela producida previamente, aunque la Iglesia casi siempre tuvo la palabra, no era homogénea en todo el territorio español, y de ahí las grandes divergencias nacionales).

Así que la escuela, y repito, tal como se plantea en la actualidad, por mucho cambio curricular que se pretenda, no es el mejor lugar para desarrollar una educación, máxime cuando los principales agentes educativos (los padres y la familia) se desentienden del asunto por completo (sin contar con que son los primeros en quitar la autoridad a los profesores para que los mismos siquiera pretendan enseñar algo), ya sea porque no pueden (ambos trabajan) o no les interesa (al considerar que es algo que debe hacer la escuela, que para algo los mandan ahí, y que ellos no deben mover un dedo en casa, así que piden que ni siquiera manden deberes para el hogar -verídico-), la educación es mucho más que saber una lista de reyes visigodos (que ya no se enseña) o por qué debieras estar orgulloso de ser de donde eres (esto sí que se enseña).

Los conocimientos son importantes, no cabe duda, y el fomentar la memoria es fundamental (no exclusivo o como fin en sí mismo, sino instrumental en esencia), pero son las capacidades, habilidades y las formas de autoaprendizaje (según cada etapa y sobre las características propias de cada uno de los individuos sometidos a la educación sistematizada) las que debieran ser potenciadas de verdad, como ahora se enseñan (o pretenden transmitir) dista mucho de ser siquiera eficiente, en tanto que no existen las condiciones reales para llevar a cabo esta labor (tanto por el personal docente -y soy injusto generalizando, lo sé, conozco bastantes profesores que valen su peso en oro-, como los medios e instalaciones de las escuelas y los entornos familiares y extraescolares del alumnado). Y no creo que realmente interese cambiar el sistema actual.

No interesa porque significaría criar a mucha gente con capacidad crítica, y eso es lo peor para cualquier poder establecido, y acá me da bastante igual si hablamos de Cuba, Estados Unidos, Perú, España o Francia, no se educa, en general, para pensar, para someter a crítica, para tener la capacidad de buscar conocimientos distintos a los mínimos brindados, donde la enseñanza simplemente es la repetición de un mantra (libro de texto) que ya incluye tanto los conocimientos como las habilidades. Suerte que hay algunos que escapan a sus propios sistemas educativos, al margen de la élite criada para seguir siendo élite.

Estamos en la época de la información, hay exceso de la misma, y faltan los instrumentos necesarios para realizar una criba en dicha información, lo que se lee no se entiende, lo que se adquiere no se asimila, y al final los contenidos que tienen real éxito distan mucho de ser informadores siquiera. El conocimiento se ha vuelto una cosa de adeptos seguidores con los ojos cerrados de una idea, y buscarán solamente lo que les confirme que tienen razón en esa idea, si es que salen de círculos de perpetua vanalización del propio conocimiento (y no hablo de relativización, sino vanalización). Esto es un poco como en la época donde se creía que la historia es repetir fechas, ahora ya no importan las fechas, pero toda la historia se da más que mascada y, en esencia, sigue siendo repetir fechas (ahora conceptos y acontecimientos, tanto da que da lo mismo).

En fin, tema difícil y amplio el de la educación, politizado de forma superficial (la forma de plantear la educación lógicamente es política, pero se utiliza en la “política de barrio” o “barriobajera”, donde se lanzan dagas en plan “Es todo culpa de la LOGSE” -curioso los buenos resultados en comunidades donde también se aplica dicha norma- o “es por la poca inversión del gobierno anterior” o cualquiera de esas sandeces).

(Hablando de todo un poco… demasiado disperso, tengo que aprender a ordenar mis entradas…)