Gobierno de Polonia: Panda de homofóbicos

La ultraderecha polaca comienza a dar mucho miedo, no ya por sus opiniones sobre la pena de muerte (quieren volver a emplearla, o mejor dicho, decirle a la Unión Europea que vuelva a aceptarla), o por una extraña ley que busca saber quién ayudó a los comunistas y quién no (si mientes, todo el peso de la ley caerá sobre ti -te despedirán-, si dices la verdad, se supone que no te pasará nada, ahora, son ellos quienes deciden si dices la verdad o mientes), y ni siquiera por la deriva creacionista y anti darwiniana de sus gobernantes, no, no. Da miedo porque es un régimen contrario a los derechos de sus ciudadanos, capaz de prohibir que se hable de un tema sólo por el hecho de considerarlo inmoral, porque siguen anclados en una homofobia recalcitrante como la vista en el régimen nacionalsocialista de Hitler. Y que parece, algunos extrañan.

Así pues, el gobierno polaco está promoviendo una ley cuyo objetivo es perseguir, en las escuelas, institutos académicos, universidades y demás, a todo aquel que hable de homosexualidad (supongo que sólo a los que hablen de forma «positiva»), y si un profesor confiesa su homosexualidad, será despedido.

Roman Giertych, ministro de Educación y primer viceministro, está preparando la ya controvertida norma. Giertych es el máximo dirigente de la ultraderechista Liga de las Familias Polacas, uno de los tres partidos del gobierno de Polonia. Giertych quiere perseguir a los homosexuales, dentro de su plan de «defensa de la familia».

Marek Orzechwski, viceministro de Educación, dijo el pasado día 13 de Marzo que el proyecto de ley tiene como fin «castigar a cualquiera que promueva la homosexualidad o cualquier otra desviación de naturaleza sexual en los centros educativos«. Insistió, el día 15, sobre este punto, declarando que «los profesores que revelen su homosexualidad serán despedidos de sus trabajos«, aunque poco después el viceministro manifestó que sus palabras fueron malinterpretadas.

Pero, al parecer, la norma impondría el despido a quienes, en esos centros académicos, hablasen de temas referidos a la homosexualidad, junto con el despido, además, se impondrían multas y penas de cárcel. Esto es, la norma criminalizaría la transmisión de un tipo de información. [
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Esto es un claro ejemplo de lo que un gobierno no debe hacer si se considera valedor de los derechos civiles, no ya sólo porque se ataque a una minoría por el simple hecho de sus preferencias sexuales, no, para nada, sino porque se criminaliza a toda la sociedad, se pone un «pare» en las bocas de los profesores que sólo se puede justificar desde el odio visceral de una gente que sería capaz de matar a los homosexuales sólo por el hecho de serlo. Porque, señores, el odio es así.

Colegios que ni siquiera pueden hablar de un tema, institutos en la misma vicisitud, alumnos que crecen sin poder conocer la realidad mientras que otros, los que lo necesitan de verdad, los que tienen dudas sexuales, se ven relegados y marginados por no cumplir con las normas estándares de la mayoría de los ciudadanos, reprimidos por una sociedad, por un gobierno, que una vez más les da la espalda.

Y esto no sólo cuando son «menores», en el sinsentido de la norma, las universidades y demás instituciones académicas, en las que todos ya son mayorcitos para saber de lo que hablan, se verían afectados por una norma que se basa en la homofobia como razón de ser.

Y no hablemos de los profesores homosexuales, reprimidos por ser lo que son. Si quieren trabajar, al parecer, deberán «guardar las formas», «parecer ciudadanos de bien», de esos que hablan todo el tiempo de moral y castidad y engañan a sus mujeres, o les pegan por ser seres inferiores u otra parida de esas que tanto vemos en esos señores de traje y corbata que se creen moralmente superiores que el resto de los mortales por el simple hecho de que ellos odian a los homosexuales.

Human Rights Watch (Observatorio de los Derechos Humanos, HRW por sus siglas en inglés) ya se está moviendo, «avisa» de lo vulneratoria que sería esta norma para los derechos civiles y políticos, discriminación, violación de libertad de expresión, violación de libertad de información, entre los tres grandes vulnerados, a ellos habría que sumarle la alta conflictividad social en una posible caza de brujas de homosexuales a la par que estos deciden hacer sus derechos. Porque sí, señores homofóbicos, los homosexuales tienen los mismos derechos que los heterosexuales.

Mientras tanto la Unión Europea calla, o mejor, no dice nada. Quiere ser «precavida» y esperar a que se conozcan todos los entretelones de esta norma, para saber qué postura tomaría. Pues, señores de la Unión Europea, la postura tendría que ser la propuesta por Izquierda Unida – Iniciativa por Cataluña, la suspensión de Polonia como Estado Miembro de la Unión. ¿Por qué? Simple, sencillo y lógico: Un Estado Miembro de la Unión debe garantizar los derechos de sus ciudadanos, no discriminar, no censurar, no un montón de cosas que esta norma vulneraría.

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