Llevo unos días con el corazón en la mano, viendo cómo dos de los partidos que más daño han hecho al Perú y a las clases populares peruanas pueden pasar a segunda vuelta (me refiero al fujimorismo de Fuerza Popular y al ultraderechismo de Renovación Popular) y cómo la opción de Roberto Sánchez, de la timorata socialdemocracia de Juntos Por el Perú, va segundo por muy pero que muy poco… y este es otro que ha ayudado a la minería ilegal, un gran traidor que ahora se levanta como defensor de Castillo y un triste «mochasueldos» que fue, en parte, salvado por el propio fujimorismo que dice combatir. JP no es de los partidos que peor lo han hecho de la legislatura que acaba en nada, pero tampoco tiene, este JP de ahora, los mejores cuadros que llegó a tener.
En todos los análisis u opiniones que vengo escuchando estos días, se señala mucho a tal o cual candidato como el «culpable» de que otra candidatura no tenga mejores resultados, se insiste en que es una desgracia que tengamos tantos partidos (eso no es un problema en sí mismo) o un sistema que los permita (¿perdón? ¡si vivimos cerrando partidos!), un voto tan disperso (no veo que eso sea malo, tampoco, en sí mismo; otra cosa es cómo se gestiona o la razón de la dispersión) y luego ya los típicos exabruptos de «esta gente vota mal».
Me vienen a la mente dos elecciones relativamente recientes, bueno, una tan reciente como la propia peruana, como es el caso de Hungría, y otra más lejana, como fueron las generales francesas. En ambos casos muchos partidos o se unieron (al ver un problema mayor en ir por separado) o directamente renunciaron a presentarse (para no dispersar el voto), en ambas contiendas electorales fue responsabilidad de las dirigencias de los partidos el que eso ocurriera, porque una ley te deje crear tu partido no significa que estés en la obligación de crearlo, como parece que es el caso peruano.
El Perú lleva diez años con unos congresos básicamente conservadores, con mayorías claras de las derechas, lleva cuatro años sosteniendo tres gobiernos distintos que son claramente de derechas en su composición ministerial (al margen de quién sea la cabeza del gobierno) y que, en los últimos cinco años, ha modificado por profundamente el sistema político y ha tocado mucho del sistema electoral… y aún así, esos opinadores de las derechas, políticos de ese lado del espectro ideológico, echan la culpa a los «zurdos» y «caviares» de los problemas políticos del país y del sistema de partidos y electoral que ellos mismos diseñaron y defendieron. Un poco alucinante su nivel de irresponsabilidad.
También me llama la atención que se ponga tanto énfasis en lo que votaron ciertos sectores por ciertos partidos (lo que me gusta es, en el fondo, un reconocimiento claro de la lucha de clases, aunque lo hagan de forma inconsciente); uno de los opinadores más ultras de un medio antiguamente con cierta decencia cargaba contra la gente que votó por Nieto en los sectores limeños A y B (artículo publicado en Perú 21 el 17 de abril, «Los idiotas de siempre del A/B», por si lo quieren leer), pensando que eso restaba votos a «Porky», sin pararse un momento a pensar que ese es el voto «antiporky», gente que antes votaría a cualquier otra opción del espectro político, quizá salvo Keiko, que a RP. Esta gente presenta al candidato del Partido del Buen Gobierno como una especie de caballo de Troya a la derecha por parte de la izquierda (están TAN a la derecha que creen que Nieto es de izquierdas).
Lo siguiente que debería hacer esa gente es pensar si el voto inteligente para la derecha conservadora o la derecha liberal de este país es por una candidatura que se dedica día sí o día también a insultar a las poblaciones del resto del país, que ya la elección pasada dejó clara su absoluta irrelevancia fuera de Lima o fuera del voto de la diáspora peruana. ¿En qué cabeza cabe que alguien que no recibe voto fuera de Lima sea una buena candidatura para una segunda vuelta contra un partido que tiene una base decente en todo el país? Tal vez toda esta gente que piensa que Nieto es el culpable de que López no pase a segunda vuelta (si finalmente no pasa) debería considerar que es, quizá, el único candidato que podría perder contra Fujimori en segunda vuelta de forma clara, porque el «anti RLA» es claro en todo el Perú que no sea la capital del país).
Y la candidatura de Nieto, en el resto del país, no ha tenido un mal resultado (tampoco es muy bueno), ha ganado en Arequipa (recordando, y mucho, a la candidatura de PPK). Al 93,48 % contado, entre RLA y JNM hay 135163 en favor del candidato de RP, si solo vemos el Perú, la diferencia es de 101911 (esto es, Nieto no ha tenido un buen desempeño fuera de Perú, en el extranjero López Aliaga ha tenido un resultado de victoria clara) y si solo nos fijamos en el resto del país (excluimos Lima), Nieto aventaja a RLA en 177895 votos. López Aliaga no existe en el resto del país, ¿por qué alguien cree que sería un buen candidato en segunda vuelta? Del total de los votos de RLA, solo el 35,42 % vienen del resto, mientras que Nieto los tiene más equilibrados, llega al 48,37 % de sus votos (que tampoco es para tirar cohetes, Fujimori sacó el 60,06 % de sus votos en el resto del Perú; esto se acerca más a lo que representa esta parte del país, el 63,91 % del censo electoral –si tienen curiosidad, Roberto Sánchez está en el otro extremo de RLA, no existe en Lima o en el extranjero y el 89,69 % de sus votos vienen del resto del país–).
Y ya, por último, y esto también vale para toda la gente progresista del país o la gente anti minería ilegal o la gente del #PorEstosNo, en vez de pensar que el voto estratégico debió ir a Nieto por las últimas encuestas (para «evitar» que alguien como Sánchez esté en segunda vuelta y tener una candidatura más «decente») y miran cómo otras candidaturas de izquierdas se restaron entre sí (pero, ojo, hay muchísimas más candidaturas de derechas que candidaturas de izquierdas, esto más bien muestra lo paupérrima que es nuestra izquierda peruana), y también para todas las personas que echan la culpa a otras candidaturas de derechas por restarle a RLA, piensen en una cosa: los votos en blanco.
Antes de ahondar en el tema de los votos en blanco, solo voy a indicar una obviedad: si sumamos a las cuatro primeras candidaturas, no llegamos al 50 % de los votos emitidos (y ya contados), nos quedamos en el 43,39 %. Ningún partido, ni siquiera FP, clara formación vencedora, llega al 15 % de los votos emitidos. (Con esto en mente, hay que repensar en cómo se hacen las segundas vueltas, quizá el modelo francés sea el adecuado).
Los votos en blanco son 2199468, esto es, el 11,64 % de la gente que ha emitido su voto, lo ha dejado en blanco. Esto lo colocaría, con mucha diferencia, en segundo lugar como «formación más votada». Hay casi 2,2 millones de peruanas y peruanos que han preferido votar en blanco a marcar cualquier candidatura. Los votos nulos son 945250, pero son nulos, no sabemos si son a propósito o por error, los votos blancos son un voto consciente (salvo error, pero error también puede ser marcar la cara de la candidatura que no querías). (La suma de votos blancos y nulos, en cualquier caso, está por encima de lo que ha sacado Keiko Fujimori).
En vez de culpar a tal o cual candidatura que otra no haya rascado un punto o dos puntos más de votación, no haya subido cien o doscientos mil votos, quizá habría que pensar un poco más en por qué esa candidatura no pudo convencer a la gente que finalmente ha votado en blanco. RLA, con su grandísimo resultado en Lima (donde ha ganado con claridad), no ha sido capaz de convencer a más de medio millón de personas que han preferido dejar la cédula en blanco. RS, con su grandísimo resultado en el interior, no ha conseguido convencer a 1621638 de que voten por él.
Lo que más ha «robado votos» a cualquier candidatura no es ni la dispersión ni la cantidad de partidos ni nada de eso, es el voto en blanco.
La gente que ha votado en blanco no ha encontrado, entre todas las opciones, una que le gustara, esa gente, significa, tampoco es leal a ninguna candidatura (no creo que lo sean por el PTE), es a la que se debía convencer en el final de campaña; no era tanto rascarle voto a otra candidatura (que también), sino convencer a lo que viene siendo la fuerza más constante en la política peruana: el voto en blanco (y esto en la presidencia, donde más gente vota a candidaturas; al Senado en distrito único está casi con los mismos votos que FP, en el senado por regiones, está entre tercera fuerza –en Lima Metropolitana y Callao– y primera en muchos regiones –Amazonas, Ancash, Cajamarca, Ica, Junín, Loreto, Madre de dios, Moquegua, Pasco, Piura, San Martín, Tumbes y Ucayali–, siendo segunda en el resto de regiones).
Antes de «culpar» a la gente por «votar mal» por haber marcado en su cédula la cara de una candidatura que no te gusta, pregunta, por favor, por qué dicha candidatura no logró convencer a más gente que ha decidido votar en blanco.
La crisis de la representatividad política en Perú, en parte, viene por la incapacidad de los partidos y de las candidaturas en convencer a un buen conjunto de población de que son estas formaciones las que mejor representan sus intereses, por eso tenemos la cantidad de votos en blanco que tenemos (y parte de los votos nulos, que son conscientes en su tachadura).
En gran medida, muchos votos nulos y votos en blanco vienen de la propia obligación de ir a votar, con lo que es un «no quiero elegir» de libro, esto en los sistemas con voto voluntario no se produce; pero es que tenemos gente cautiva por el sistema, obligada a ir a votar, que prefiere hacerlo en blanco porque nadie le convence (y ya hizo el esfuerzo de ir hasta la urna).
En fin, un poco de autocrítica no viene mal, tampoco.