Cantidad no es variedad ni calidad

Es muy difícil que me sienta cómodo con un partido. Por varias razones, sin dudas una de ellas es mi propia posición ideológica, bastante incompatible con cualquier partido que se mueva más o menos cómodo en el estado actual de las cosas. Pero esto es algo que ya sé. Así que intento un voto más o menos útil (sin pasarnos en el pragmatismo) dentro de los partidos que quepan en una horquilla de posibilidades y que, además, no hayan cruzado líneas rojas (esto es importante, quizá el partido tiene dos o tres propuestas que me gusten, pero si tiene propuestas que atentan contra los derechos de otras personas o no apoyan a colectivos vulnerables, no puedo votar por ellos; al menos no en primera vuelta; en segunda vuelta siempre, en Perú, he votado al «mal menor»).

Esto me ha llevado, en general, a tener dos o tres opciones de voto; en Perú, además, me suelo fijar en las candidaturas al Congreso (ahora Senado y Congreso) para ver si dentro de esas opciones hay personas en concreto que me gustaría apoyar (por el voto preferente), luego eso puede ser una gran pifia, pero nadie tiene una bola de cristal y a veces pasa. Si dudo entre dos o tres partidos, decanta el voto esta posibilidad de apoyar candidaturas específicas.

En estas elecciones no me pasa.

El Congreso saliente lo hace con una de las aceptaciones más bajas posibles, pero varios de los partidos que han estado ahí, principales culpables de una situación de inestabilidad política constante y de haber mantenido y promocionado lo peor de la política corrupta también en el ejecutivo (y en los órganos «independientes») y en el judicial (sobre todo en la fiscalía), van a repetir. No solo sus partidos, si no muchas de las mismas personas que nos han llevado a la situación actual. Junto con esos personajes, lo otro que entrará (nuevamente) con fuerza es la minería ilegal. Igual que en otros países el narcotráfico se infiltró por completo en la política, en Perú es la minería ilegal (vestida de artesanal) la que lo está haciendo. No romanticemos esa minería como la «ancestral», no es ese el tema, mucha está vinculada a la peor delincuencia que está viviendo el Perú.

La agenda de los partidos ha retrocedido (y mucho) en varios temas. Quizá lo más sangrante son los temas vinculados a la mujer (acá una entrada con el resumen de los planes en varios puntos sobre esto y acá otra con recomendaciones a un pódcast y a una serie de artículos sobre el tema) y a los colectivos de las diversidades sexuales y de género (lo trato por encima en la entrada ya enlazada); hace unos años, los partidos se tenían que posicionar sobre si eran o no feministas (la mayoría lo hacían para atacar el feminismo), y varias formaciones de izquierdas o centroizquierdas se reivindicaban como feministas (una que se cree de izquierdas nunca ha entendido nada y tanto en el 2016 como en el 2021 indicaban que el feminismo era el otro extremo del machismo y pavadas del estilo) o, al menos, trataban los temas con cierto enfoque de género. Hoy ninguna formación menciona siquiera la palabra «feminismo» (o «feminista»). Ninguna. Sí, el enfoque de género lo intentan varias (también de centroderecha o derecha), pero un poco de aquella manera, y donde muchos de los temas que afectan a la mujer no son tratados (están fuera de la agenda) y la propuesta más «progresista» es mejorar el «aborto terapéutico» y abrir la posibilidad de interrumpir el embarazo en menores que han sido violadas; ese debería ser el suelo del que parte el debate, no la meta a la que llegar.

Y así con casi todos los temas del progresismo en general y de las izquierdas en particular. Pocos se salvan del retroceso.

Por supuesto, el tiempo ha pasado y la agenda no puede ser la misma, pero normalmente hay temas que salen de la agenda porque dejan de ser un «tema» al tener algún tipo de resolución, en el caso peruano, vemos que muchos temas simplemente salen de la agenda porque, como sociedad, nos hemos acomodado en el conservadurismo, donde los partidos de izquierdas ni siquiera intentan «luchar».

Hoy preocupan algunos temas que siguen en la agenda desde hace más de 40 años: la delincuencia (que ha crecido), la corrupción (que sigue como estaba, desde lo más alto hasta la última persona con el mínimo poder para corromper o ser corrompida), la pobreza (y el goteo no funciona, aunque se sigue proponiendo), la informalidad… y se suman otros temas, como la inmigración (donde la respuesta de la gran mayoría de partidos es la xenofobia, ¡y seguimos siendo un país fundamentalmente emigrante!), ¿qué ha pasado con ciertos temas que el progresismo llegó a plantear? ¿Qué ha pasado con otros típicamente presentes en las formaciones de izquierdas dentro del marco de la lucha de clases? Algún tema sigue teniendo cabida en los planes de los partidos que se autoperciben como de izquierdas (como es el plurilingüismo del país o la plurinacionalidad, para temas de identidad, o las pensiones para las personas adultas mayores), pero la mayoría de banderas de las izquierdas o del progresismo (en general) están más que enterradas. ¿Cuál es el miedo de plantear ciertos debates?

Parece que hay una agenda común y unas respuestas comunes (¿quizá esa es la influencia en que la mitad de los partidos sean sabores de lo mismo o que casi todos hayan usado la IA para hacer sus programas de gobierno?), un pequeño marco del que nadie sale.

A esto se le suma que las personas más o menos conocidas en el ámbito de la política no tienen ningún problema en ir saltando de agrupación en agrupación, y no está mal cambiar de ideas políticas, pero quizá tanto salto no muestren un cambio de «ideas», en un proceso interno y reflexionado (menos por el tiempo que pasan en cada formación o bancada), sino un oportunismo bárbaro y una incoherencia absoluta, o una falta de principios.

A esto le agregamos, para darle más sabor a la desgracia, la absoluta indisciplina de voto interno y tenemos que las formaciones existentes, en general, no son previsibles en cuanto a lo que puedan hacer, no lo son desde su propio programa e ideario (genérico, mal asentado, sin marco teórico, lleno de lugares comunes, incoherente…), sino también desde las personas que forman dichos partidos o alianzas, donde un día pueden decir una cosa y al siguiente la contraria y ni se despeinan.

¿Cómo se puede votar en consciencia y con conciencia?

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