No se pueden poner paños calientes, no se puede celebrar el bombardeo y la intervención sobre otro país por parte de una potencia. El 21 de diciembre hablaba del comportamiento criminal de Estados Unidos, ha dado un paso más en esa actuación absolutamente contraria al Derecho Internacional y a los Derechos Humanos. El secuestro del presidente de dudosa legalidad de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte del gobierno dirigido por Donald Trump, no puede celebrarse, menos como lo han hecho presidentes como Milei, Santiago Peña o Emmanuel Macron, por nombrar algunos. No se puede justificar el secuestro de un presidente ni se puede justificar los bombardeos sobre un país. Nunca.
Estados Unidos no se está defendiendo de nada, está atacando; Estados Unidos no hace esto por la democracia (si fuera eso, hay muchos países en la lista, de los cuales buena parte son aliados del propio Estados Unidos) o la libertad, tampoco a favor del pueblo venezolano (ya avisó, por ejemplo, que el petróleo quedará en manos de empresas estadounidenses, tal cual, no ha tardado ni medio minuto en dejar claro que esto es por el petróleo sobre todo); deja un cierto vacío de poder en Venezuela y la transición será cualquier cosa menos libre (ya ha tachado posibles dirigentes de la oposición como cabezas de la transición). ¿Qué tiene esto de bueno?
Otra vez tenemos a un país que NO reconoce a los principales tribunales internacionales haciéndose cargo, por su cuenta y riesgo y sin contar con nadie más, de la situación mundial, haciendo gala de un desprecio absoluto por el Estado de Derecho (¡el propio! Se ha saltado al Congreso de Estados Unidos) y, por descontado, desprecio a la ONU, OEA y demás organismos internacionales.
Llamamientos como la de Kaja Kallas, jefa de política exterior de la Unión Europea, al «respeto a los principios del Derecho Internacional y la Carta de la ONU» suenan a broma macabra, a tibieza extrema, si no se acompañan con medidas y sanciones para un país claramente criminal. La Comunidad Internacional muestra nuevamente su fracaso, como lo hace con Israel, al no condenar y sancionar claramente las acciones que vulneran lo más básico de la convivencia internacional.
Pero lo que vemos son países que aplauden la intervención (sin querer ver la gravedad de la misma, lo que significa en cuanto al intervencionismo imperialista de Estados Unidos ni lo que significa para el equilibrio de poderes a nivel mundial que Estados Unidos vuelva a declarar como suyo todo el continente americano) y otros que lo dan como hechos consumados, condenan ligeramente la intervención y piden una «transición pacífica» y cosas similares, obviando la realidad de que Estados Unidos lo que ha hecho es poner un protectorado en Venezuela, un país satélite a mandato de un presidente desquiciado. Pase lo que pase, no será una transición libre ni democrática, ni una salida pacífica ni dejará el poder en manos del pueblo venezolano.
Es la enésima vez que Estados Unidos hace lo que le da la absoluta gana, ataca a cualquier país que se le ocurra, con razones más o menos falsas, falsificadas, exageradas o que, si las ponemos en una balanza con otros países, carecen de todo sentido desde la comparativa internacional y las alianzas existentes (insisto: Donald Trump tiene de aliados a genocidas, asesinos de masas, a dictadores y todo tipo de mandatarios corruptos, nada de eso importa si son sus aliados).
Donald Trump, además, ha aprovechado esto para pavonearse, para hacer un aviso a navegantes para otros países (textualmente Colombia y Cuba, pero también referencias a México); en el fondo, está aplicando la Estrategia de Seguridad recientemente publicada mientras que se libra de que se recuerde todo el tema de su relación con Epstein.
Estados Unidos, dirigido por Trump, es el mismo país imperialista de siempre, pero ahora haciendo un espectáculo y de forma totalmente desatada, sin ninguna intención de guardar formas o establecer el mínimo de legitimidad a sus acciones, hará y pondrá protectorados en toda Latinoamérica, ya sea por la vía de las armas (Venezuela ahora) o por el control económico pleno (Argentina). Apretará más que nunca, a veces con el apoyo expreso de los gobiernos electos (Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, El Salvador), porque no dejan de ser títeres con intereses económicos.
¿Edmundo González será el que asuma? Veremos…
Nota extra: reacciones como las de Jerí, presidente provisional de Perú, son para ponerlas a parte.