Information, expression, liberté… y Chávez

Los sucesos en Venezuela atraen la mirada de todos, algunos con verdadero odio, otros con una pasión cegadora, y otros tantos, con simple escepticismo por lo que es Chávez. Aún me pregunto qué socialismo es ese del Siglo XXI, si es que es algún socialismo (demasiados regímenes, grupos, partidos, personas y demás enarbolan esa palabra estando muy lejos de seguir su significado). El presidente Venezolano ha decidido (él y sólo él, y así lo ha presentado) que Radio Caracas de Televisión (RCTV) no puede seguir emitiendo en abierto. Su licencia no fue renovada. No voy a discutir la legalidad de la no renovación, en tanto que Chávez siempre ha sabido cubrirse del manto de la ley para actuar. Pero como siempre, a Chávez le falla, de inicio, las formas, y le sobra, con mucho, caudillismo y populismo, que no me resultan, personalmente, agradables de ninguna forma.

Hay que romper con algunos de los puntos de defensa o crítica más fuertes que, me parece, no llevan a ningún lado. Defender la no renovación de la licencia de RCTV y la adquicisión de la misma por parte del Estado (pudo sacarla a concurso público si lo hubiera querido) como un hecho de «soberanía nacional» que no puede o debe ser criticado es cerrar los ojos y dar un cheque en blanco a un gobierno, algo que, como ciudadano (cualquiera, de cualquier parte) jamás debe hacer. Por la soberanía nacional y la falta de crítica al Estado se han hecho innumerables barbaridades. Que lo haga el Estado no significa que esté bien hecho, que sea legal no significa que sea legítimo, que sea legítimo ni siquiera significa que sea apropiado, aceptable, o correcto. Por supuesto, todas esas valoraciones son subjetivas, tanto como las de defensa de cada uno de esos puntos como las de crítica, pero sería absurdo una postura exclusivista de la defensa de Chávez desde el mantra «lo que hace el Estado está bien hecho», y sólo por ser Chávez quien lo hace (y ya he leído demasiado de esto). Seguro que si el gobierno de Bush hubiera quitado alguna licencia a algún canal demócrata, todo mundo (de los que defienden a Chávez desde una postura institucionalista) estaría obviando su legitimidad soberana y ciscándose en él.

Por otro lado, no se puede ver todo desde una perspectiva propietaria, por tanto, capitalista, de los medios de comunicación. RCTV no era la propietaria de la señal, el espacio es público y por tanto dicho poder debe controlar su uso. Los espacios radioeléctricos no son infinitos ni cuasi ilimitados, y por ello existe el sistema de licencias o concesiones (esto no afecta al cable, y afecta poco al satélite, son otro tema). RCTV tampoco tenía (y ya ha quedado demostrado) un derecho en exclusiva y perpetuo para poder expresarse por un medio determinado y para poder informar. Y esto lo digo desde la defensa de la pluralidad de opiniones e informaciones; en tanto que desde los canales (privados y públicos) poco de esto hay (en unos más, en otros menos), y el cambio de licenciatario de la señal no es más que un cambio de línea de expresión e información. No creo, sinceramente, que podamos considerar a RCTV un bastión de la pluralidad de opinión y de la defensa de diferentes líneas de información, como tampoco creo que la cadena sucetoria lo sea, así que desde esa perpectiva poca defensa cabe de uno u otro medio. ¿Se calla una voz? Los que no la tenían antes siguen sin tenerla, los que tienen el poder siguen conservándola. Desde ese punto, nada ha cambiado.

Se ha recalcado, por parte de los defensores de la medida de Chávez, que el espacio radioeléctrico está controlado por empresas (hasta el 80% en el momento anterior a la estatalización de RCTV), las cuales tienen unos intereses político-económicos determinados, que nada tienen que ver con la defensa de la libertad de Expresión y de Información de la que debiéramos gozar (ahora, claro, la estatalización tampoco garantiza dichas libertades -no es implícitamente negativo a las mismas, no por su propia naturaleza-). Los grupos mediáticos son importantes agente de presión dentro de nuestros mercados y políticos, todo gira en torno a las verdades oficiales de cada grupo con suficiente poder para tener un medio de masas. Aún somos borregos de una sola opinión, y esto pasa con o sin el Estado de por medio. Hoy por hoy siguen existiendo en Venezuela muchos grupos mediáticos con poder, eso no ha cambiado tras el fin de la licencia televisiva de RCTV, salvo por el aviso claro y contundente del chavismo: «O estás conmigo o se acabó tu chollo«. Y ya sabemos cómo responden las empresas, cuyo objetivo es maximizar beneficios a cualquier costo, se suben al carro del poder en cada momento y lugar. Así pues, no les cuesta aceptar la censura china. ¿Por qué no aceptarían la (hipotética) venezolana? Las petroleras y demás han sabido adaptarse a la situación económica, manteniendo brutales beneficios privados mientras alimentan una economía que depende demasiado del capitalismo internacional, con lo cual jamás será (si no cambian mucho las cosas) la cabeza de la revolución comunista que sí necesitamos. Están viviendo del sistema chino, esto es, creerse socialistas cuando viven del capitalismo, y con lo cual, mantienen el antagonismo de clases, alimentan las viejas estructuras y simplemente usan el Estado de la misma forma que los burgueses, como un instrumento de opresión de una clase a otra (y no han cambiado demasiado los propietarios).

¿Privados o Públicos? O cómo la titularidad no importa

El tener canales privados en la señal pública y abierta no garantiza, para nada, ninguna libertad (ni de información ni de expresión), tenerlos públicos tampoco lo hace. Me permito cruzar el océano y coger la situación española, actual y anterior, como ejemplos de lo que digo. La televisión pública española funcionó, durante mucho tiempo, como la única y hegemónica, y durante el Franquismo claramente fue «la televisión del régimen», descaradamente se daba una versión oficialista de la vida, los telediarios no eran más que los boletines oficiales de un aparato represor de cualquier libertad. Ahora, en cambio, La 2 (más que la TV1) sí cumple con su papel de televisión pública, tal vez le falten más espacios sociales (alejados de intereses meramente comerciales), pero hasta misas dan. Pero la televisión pública (cualquiera de sus dos canales en abierto, sus canales internacionales, satelitales, y demás) ha servido de «tele oficialista» varias veces, ya en democracia, y ha sido condenada por ello (cualquiera que haya visto un noticiero de Urdaci lo sabe), por versionar la realidad de forma demasiado forzada como para que colara como cierto, por infringir el derecho de información de los ciudadanos. Hasta hace poco la TV pública no era lugar de debate alguno, rara vez se veían posturas distintas a la mayoría absoluta. Ahora sí se ven, menos de lo necesario, y a veces un poco lejos de los telediarios, pero se ven.

En cambio, y continuamos en ese país diferente, como rezaba el eslogan franquista, las televisiones públicas locales (de las distintas autonomías) tienden a ser plataformas del poder político de cada una de esas Autonomías, TV3 (catalana) y TeleMadrid son ejemplos de ello, pasando, por supuesto, con el canal autonómico andaluz y los dos vascos de señal abierta (y el internacional). Todos, de una forma u otra, representan lo peor de la televisión pública. A veces, raras veces, sí son lo que debemos esperar de una TV pública.

Y si nos fijamos en las licencias de televisiones digitales terrestres, vemos casos como el de Madrid, donde priman los favores a los amigos frente a la pluralidad de señales (básicamente, grupos económicos distintos con gran poder mediático), donde canales que hoy emiten localmente se han quedado fuera o disminuidos (ni siquiera se ha apostado por un lógico continuismo de lo que ya existe). ¿Acaso la televisión de esos lugares es más libre que la venezolana por el simple hecho de ser pública? En Madrid tendrán una televisión fuertemente controlada por grupos amigos del actual poder político (absoluto, además), por tanto, no existe una libertad e independencia de los medios frente al poder político. Y en la última campaña electoral lo hemos visto, y lo seguiremos viendo.

Yendo a otras tierras, y saltando de una a otra, la BBC suele ser más independiente que la CNN, la mayoría de grupos mediáticos hacen piña común para apoyar a su líder en cada momento. En Italia la RAI, televisión pública, se vio sometida a un debate político de si debía o no emitir un documental de la BBC sobre la Iglesia Católica, si hubiese triunfado el bando que pedía la censura, ¿podríamos siquiera plantearnos en que en Italia hay libertad de prensa? En España, un insigne comunicador contaba cómo existió, durante el gobierno del Partido Popular, un plan para crear un gran grupo mediático para la Derecha de España, en otras palabras, nada de pluralidad e independencia, desde el poder político se intentó impulsar dicho grupo, pero los favores políticos que se debían con ciertos poderes económicos abortaron el intento de crear un grupo mediático unificado (la Derecha española tiene muchos medios, la socialdemocracia el grupo de comunicación más grande y poderoso). Fracasó, pero se intentó desde el poder político para favorecer a los agentes económicos a atrapar para sí el poder de los medios. Y está claro que no era para favorecer el pluralismo en antena (intentar que Antena 3 y Tele5 compartan fines, en un país en que esas dos cadenas eran las únicas privadas nacionales en abierto, y mantenerlas bajo el mismo que controlaba las dos señales nacionales públicas, era, cuanto menos, limitador de las opiniones distintas).

Así pues, no depende de si una televisión es de titularidad pública o privada para que sea más o menos plural o independiente, el espacio radioeléctrico es demasiado limitado para dejarlo totalmente en manos privadas, y tal vez sea negativo que esté completamente en manos del Estado, lo más beneficioso sería un control social de los medios. Pero con las estructuras actuales esto es imposible, si no acabamos con el Estado como hoy lo conocemos no podremos, realmente, liberar el espacio radioeléctrico. Un Estado como el que está construyendo Chávez (demasiado presidencialista, demasiado jerárquico, por más que haya realizado políticas públicas igualitarias en temas concretos -sanidad y educación, sobre todo-) tiene poco espacio para la crítica, los canales públicos (y lo vemos en Telesur) lo son sólo en el papel, son privativos del poder político. He de admitir que las redes de radios libres me gustan, y con ello apoyo el modelo en que se sustentan. Las estatalizaciones que realiza Chávez, al igual que el modelo privado de medios concentrados, atentan contra dicho sistema.

El problema, como tantas otras veces, no es la estatalización de una empresa (y esta vez ni eso, simplemente es la no renovación de una concesión administrativa en la explotación de una señal abierta), sino el uso posterior que se dará a la misma. No he leído hasta ahora ni una sola línea que indique que el medio de comunicación sucesor a RCTV será controlado por los periodistas y otros trabajadores de RCTV, que por fin podrán separarse del poder económico y político que les obligaba a la autocensura (porque siempre la hay, para un lado o para el otro, y eso lo sabe cualquier periodista que esté en un medio que no piense exactamente como él lo hace)… Pero nada de eso se ha dicho, TVes, la sucesora, simplemente hará lo que diga Chávez, y poca pluralidad informativa y de opinión puede salir de ahí. Aunque por ahora, es una televisión como otra cualquiera… (con una manía por el Himno nacional -tres veces al día- que va de la mano con el nacionalismo chavista, ese que cambia el nombre del país, que quiere cambiar la dirección en que mira el caballo, y que sabe jugar con la simbología).

Cierto es que TVes es una televisión cultural, siempre hacen falta más televisiones así, pero hay una cuestión al respecto que sí me preocupa: El nacionalismo bolivariano de Chávez, sea lo que sea que eso signifique. Un interesante artículo de Sergio Ramírez indica otro punto preocupante de estas producciones culturales del chavismo. Ojo, todos los gobiernos fomentan una forma concreta de cultura, al menos todos los gobiernos que basan su argumentario en un estado-nación como los que ahora tenemos, y esto es así desde el inicio del Estado Moderno y la creación de las naciones que ahora llamamos Estado (el primero en hacerlo, no les quepa duda, fue el Estado francés).

Pero sí que es excretable que se defienda la no renovación de una licencia argumentando que la señal existente (la de RCTV) «introducía formas extrañas de cultura, que enajenaban las costumbres y creencias del pueblo venezolano». ¿Perdón? Eso sí que es eliminar las formas distintas de entender la persona (al venezolano en este caso), y es una forma demasiado fundamentalista de mantener un yo-nacional. Sergio Ramírez comenta: « la medida está destinada a restringir los espacios de convivencia cultural, me da una idea de lo que debe esperarse en el futuro. El reclamo de callar todas las voces que atentan contra determinada concepción cultural, parte necesariamente de la idea de que es necesario defender una identidad propia puesta en peligro por todo lo que viene de fuera de las fronteras, unas fronteras que no son sólo territoriales, sino también ideológicas». Eso yo lo diría de casi todos los nacionalismos que tienen poder, en España, en cada territorio, tenemos de eso. En China ese era el principal punto de la revolución cultural, en Israel los medios inundan todo con un modo de vida y forma de pensar más que concreta (y exaltando a su nación sobre el resto, recordando sus derechos sobre el resto), y en Estados Unidos, bueno, tenemos toda una superproducción cinematográfica y de series dedicada a ello (¿Alguien ha visto las películas de vaqueros antiguas, Rambo, La Unidad, El Anillo E, etc.?). En todos esos casos, repudiable que se impulse desde el poder (sea sólo político o político-económico).

Las formas sí importan

Otro problema en la forma en que se ha realizado el cambio de manos de la licencia televisiva es el personalismo que ha impregnado, en todo momento, la decisión, a la par del carácter claramente sancionatorio de la medida. Chávez se ha encargado, en todos sus discursos, de recordar que la decisión es suya y sólo suya, que él personalmente ha contado los días, desde el intento de golpe del 2002, de no renovar la licencia a RCTV. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado, en una Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión, que el otorgamiento de frecuencias no puede usarse para castigar o premiar a un medio. Por supuesto, casi todos los gobiernos que forman parte del CIDH cometen constantes infracciones al espíritu del instrumento internacional, pero no por ello debemos callarnos cuando se produce un nuevo incumplimiento.

Ahora bien: ¿En qué país un canal que participó un intento de golpe de Estado quedaría libre de represalia? Por supuesto, la vía elegida no es la adecuada. El Estado de Derecho es lo único que nos salva del Derecho de Estado. Parece una tontería que yo sea quien defienda aquí algo de ese Estado, que defienda el instrumento principal de la opresión (el Derecho), pero hay que recordar que es ese Derecho la principal arma que hoy por hoy tenemos para evitar arbitrariedades del poder coercitivo del Estado. Así pues, si hay Estado, que al menos sea de Derecho. Para ello, hay una serie de procesos necesarios para imponer sanciones y depurar responsabilidades, y está claro que en Venezuela no se han seguido. Chávez se considera con poder para hacer lo que quiere (exactamente igual que su amigo «Mister Ranger»), y hará todo lo posible para que todas las reformas deban ser hechas por él mismo, que toda gran decisión (que tendrá trascendencia en los medios) pase por su boca y manos, que todo, absolutamente todo, sea controlado por él. Chávez esperó a que se acabara la concesión, no intentó sancionar legalmente a los que apoyaron el golpe.

Al margen de las infracciones que pudo cometer tanto la RCTV como sus directivos, la retirada de la licencia (la no renovación) nos muestra una realidad venezolana: De los dos canales que eran realmente opositores, sólo queda uno tras una decisión personal de Chávez. Y no se ha entregado el medio de producción (de información y contenido) a los trabajadores, se los ha quedado un Estado Glotón.

¿El camino incorrecto intentando hacer lo correcto?

Antonio Pasquali, ferviente opositor a la actual medida, al igual que era opositor a la situación previa en la que los medios eran de la clase oligárquica económica («ese oligopolio atosigó al país durante decenios con pésima calidad y excesos publicitarios, intentó destruir el sistema democrático y parlamentario»), realizó una indicación interesante, que viene a cuento de las reflexiones sobre la forma en que Chávez se ha enfrentado a esta cuestión:

«Chávez hubiera pasado a la historia de los medios, cuando menos a los de América Latina, si en lugar de dejarse llevar por el resentimiento y la venganza sumadas a la peor ignorancia en la materia (lo del “gran comunicador” es una payasada), hubiese enfrentado al sector privado con lo único que él teme de verdad: un gran servicio radiotelevisivo público de altísima calidad y altísima credibilidad informativa (una BBC criolla, para entendernos), que le hubiese quitado en poco tiempo la mitad de la audiencia…y de las cuentas publicitarias. ¡A eso sí le tienen terror los concesionarios privados!, y eso le hubiese asegurado a su gobierno un halo de simpatías nacionales e internacionales (tendríamos aquí a todos nuestros vecinos aprendiendo cómo funciona la fórmula), le hubiese asegurado a los venezolanos – finalmente – una buena radiotelevisión, y hubiera finalmente obligado al concesionario a mejorar su calidad o perecer. ¡Puro círculo virtuoso pues, pura ganancia! El esquema finalmente adoptado fue el peor posible: fortalecer el “sector público” para saturarlo de mensajes ideológicos gubernamentales hasta niveles de intoxicación y blindándolo contra participaciones pluralistas, conferirle con Telesur una dimensión internacional perdedora de entrada, acallar y hostigar permanentemente a los comunicadores privados, penetrar con dinero la mensajería de los concesionarios y exhibir con siempre mayor claridad una tendencia al control fidelista de todo el cuadro comunicacional nacional (sólo le falta meterle la mano a Internet para ingresar a la lista de los quince países “malditos”). Resultado, los dos grandes manipuladores, los amos de la doble pantalla, siguen allí tan campantes, cada uno tratando de liquidar al otro. ¿El público? qué importa, calándose una programación que sólo ha añadido a las cuñas comerciales las cuñas ideológicas, el slogan cripto-marxista a la pasta de dientes, empeorando en todo sentido. La mente de un militar resentido, genéticamente incapaz de asumir la democracia, la tolerancia y el respeto de las minorías, que donde ve “oposición” entiende “enemigo a destruir”, no daba evidentemente para otra fórmula. Venezuela es ahora menos que nunca “de todos”; emblema de eso es el insoportable abuso de posición dominante de Chávez en persona sobre los medios de “servicio público”, cuyos espacios debieran repartirse equitativamente entre todas las fuerzas políticas del país según el principio del trato igual o “par condicio” que rige en todas las democracias.»

En Venezuela, como bien nos recuerda Pascual Serrano, se han creado muchos medios comunitarios, pero todos son pequeños, sin poder alguno real, y son pagados (impulsados) por el Estado. «Todos ellos reciben apoyo en infraestructuras del gobierno sin que haya ningún tipo de control político sobre ellos, son autogestionados por comunidades vecinales o profesionales» nos cuenta Pascual Serrano. Se olvida, siempre, que quien paga manda, y que los que han recibido ese apoyo, en ningún caso, son críticos con el chavismo. Sería interesante analizar qué tanta crítica y pluralidad se da en esos medios comunitarios con «apoyo estatal». Eso no es impulsar medios independientes, es crear pequeños espacios de odas personalistas.

Aunque, en todo caso, si tenía que haber un nuevo canal público a costa de uno privado (con lo cual no tengo, personalmente, ningún problema de base), habría sido interesante ver la toma de poder por parte de los propios periodistas (como he indicado antes), un medio social con una base social real, no un capricho del Líder al que le encanta, tal vez demasiado, salir en televisión y armar el show.

Conclusiones varias, aparte de las ya mencionadas

Chávez
no busca devolver el espacio radioeléctrico a los ciudadanos, busca tenerlo para sí. Que no es lo mismo. Y todos sus movimientos van en esa dirección, en acaparar, personalmente, poder. Tiene una mayoría absoluta en la cámara de representantes y la usa para darse atribuciones legislativas excepcionales que no necesita, pero es un cacique caudillista. No olvidemos su formación militar. En esta línea, cabría afirmar que no busca un estado socialista, como paso previo al fin del propio estado burgués y así completar la revolución, busca afirmar su posición en ese Estado que siempre ha acrecentado las diferencias entre las personas. (Y esto lo digo al margen de las políticas sociales que sí toma el gobierno Venezolano, pero esas medidas no le transforman, inmediatamente, en socialista).

La medida de no renovar la licencia, en sí misma, no es atentatoria de la libertad de expresión, ni del derecho a la información. Pero sí lo son las medidas siguientes, sí la sombra que existe en el mensaje del chavismo con respecto al resto de medios privados (o con migo o contra mí), sí lo son, en suma, las consecuencias buscadas por Chávez. Y eso es lo triste, cada vez que Chávez, que su gobierno, tiene la posibilidad de avanzar en una socialización del país, decide volverlo más de lo mismo. ¿Qué importa si es público o privado? El problema, en ambos casos, será la falta de pluralismo y de puntos de vista distintos en la selección y muestra de la información, y tan coartada queda la libertad de información ahora en Venezuela, como lo era antes, cuando el poder estaba concentrado.

Por último, quiero indicar mi repulsa ante la violencia desproporcionada ejercida por el Estado venezolano durante las protestas contra la decisión de no renovar la licencia. Hay en cosas en que casi todos los estados son lo mismo, no dudan en usar demasiada fuerza, puesto que así es como entienden la sociedad, jerárquica, en que el poder puede aplastar al ciudadano, sea el que sea.

Más sobre el tema:

  • El sector privado concentra casi el 80% de las estaciones de televisión por Stella Calloni.
  • El cierre de RCTV, Hugo Chávez y Venezuela por Roberto.
  • Crimen y castigo por Sergio Ramírez
  • Venezuela, Chávez y la libertad de disentir (popurrí de artículos) en Habla Sonia Luz.
  • Réplica al post: “Para los que todavía no entienden qué sucede en Venezuela” en Venezuela y su historia.
  • Fin de un secuestro: apareció La Televisora Venezolana Social por Matilde Sosa.
  • Venezuela y la televisión proscrita por Chávez por Pascual Serrano.
  • ¿Esto es Socialismo? por ocraM.
  • A propósito de RCTV… desmitificando a la prensa internacional por Víctor Ego Ducrot.

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2 comentarios en «Information, expression, liberté… y Chávez»

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