Se venden puestos en Plancha y en Listas

¡Que me lo quitan de las manos! Caserito, caserita, acérquese a ver esta oferta, por quinientos mil soles tiene plaza de segundo vicepresidente en lista que asegura pasar a segunda vuelta, baratito nomás tiene el cargo, ofertón. Por cien mil menos, además, le dejamos elegir su número para el congreso. ¿Quiere el 13? El uno no, ese está reservado, sí claro, reservado para los que paguen más que usted, está claro, oferta y demanda, ya sabe. La plata viene sola, de veras, lo dice hasta el presidente de la república, así que es un ofertón, inversión segura, con retorno garantizado si sale electo, cosa casi segura (victoria no garantizada, lea la letra pequeña), hará todo tipo de negocios con comisión, además de salario fijo y en nómina durante cinco años, ni uno menos, con posibilidad de otros cinco si todo va como Dios Manda, que mandará lo que le digamos que mande, que para algo le pagamos. Pensión de jubilación más que máxima. (La Campaña Electoral no está incluida en esta oferta, consulte en el local de Partido más Cercano.)

Fuera de tonterías, y más allá de la legalidad (la respuesta oficial del partido de turno afectado en vez de entrar en el fondo del asunto es, justamente, quedarse en la superficie leguleya -en la que tienen razón-), ¿a alguien le extraña que exista una «compraventa» de puestos en listas?

Si las alianzas que estamos viendo (tal vez menos alguna en concreto) se hacen con la vista puesta en una absurda valla electoral a nivel nacional y en cómo arrejuntar caudillos sin programas para ver si sumando electorados se saca un buen resultado, si todo lo que huela a programas, propuestas serias y a ideologías (con largo recorrido) hace huir a los candidatos y a los electores, si la democracia interna de los partidos es casi un chiste barato puesto por la ley por si alguien se lo cree y lo hace (alguno hay, no voy a meter a todos en este saco -lamentablemente sí a los que tienen más papeletas de gobernar o controlar el Congreso-), si todo eso pasa y llevamos más de veinte años sin partidos (salvo el APRA tal vez), ¿alguien creía que los partidos no vendían las plazas? ¿Que no se comercializa con parte de los cupos? ¿Que no se usan los puestos en las listas para pagar favores? Es mercancía, funciona el mercado.

En un Perú desinstitucionalizado, donde los partidos van y vienen como la brisa en verano, y tienen menos consistencia que la lluvia limeña, los candidatos son su propia marca, y solo necesitan al partido como paraguas, así que tanto les da uno como otro (encima la suma absurda de ley electoral y ley de partidos hace que los partidos mueran si no ganan, con lo que ganar se vuelve algo de supervivencia, y perder exige refundar y rehacer, imposibilitando la institucionalización real), si ni hay problema con los idearios, puesto que brillan por su ausencia, o son tan abiertos (luchar contra la pobreza, marca de todos) que da igual bajo qué siglas presentarse (lo importante, que dice Castañeda, son las obras).

Por eso luego tenemos los cargos políticos que tenemos, con algunas honrosas excepciones, y ese es el problema, que la excepción es el honrado, que hasta asumimos que el político roba, pero que haga obra, decimos (y bien lo sabe Castañeda y su nombre en las vallas de las obras, o la pelea entre García y Toledo), como le dijo un congresista a otro hace ya un tiempo, grabado por el segundo (y sancionado por grabarlo), lo primero es el beneficio privado del político, y si es bueno para la gente, pues bien, sino ni importa.

¿Que es ilegal y un problema para la democracia? Ya, ¿y? Ellos siguen ganando elecciones.

Excurso: Quien «invierte» una fortísima suma de dinero (que ni de casualidad se saca con el salario de todos los años en el puesto público) espera «recuperar» la «inversión» hecha, y eso, el cómo lo recuperan, es lo que todos los peruanos terminamos pagando de nuestro bolsillo, o sufriendo esas leyes «para los amigos».

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