Pobreza y empleo: Slim marca el camino que NO debemos seguir

«La única forma en que yo veo que la población salga de la pobreza no es con caridad, ni con políticas públicas y sociales de bienestar, es con empleo», dice Carlos Slim, el hombre más rico del planeta.

Empleo. Trabajo. Emprender. Palabras mágicas con las que se solucionan todos los problemas del mundo y algunos más. Estoy de acuerdo con algo: La caridad no soluciona nada. Ahí deben entrar otros conceptos, que aunque suenen parecidos no son lo mismo, como puede ser «solidaridad». Ahora bien, el trabajo no nos saca de pobres ni del subdesarrollo. Esto lo debe saber más que bien Carlos Slim (el trabajo por sí mismo no es digno, hay que dignificarlo), puesto que vive en un país cuyas estadísticas muestran un nivel de ocupación de las fuerzas activas alto (según las estadísticas de la OCDE, el desempelo en agosto de este año era del 5,4%, frente, por ejemplo, al 20,2% de España), por delante de países como Bélgica, Canadá, Chile, Dinamarca, Francia, Finlandia, Alemania, Italia, Holanda, Reino Unido, Estados Unidos, Suecia, entre otros. Y no, no es un país ni más rico ni menos pobre que todos los mencionados. Más aun, en México hay empleo, y mucho, y hay más pobreza que desempleo. Mucha más.

Algunas de las zonas más industrializadas de México, allá al norte, pegando con la frontera, son también las zonas donde más pobreza se concentra (por no hablar de la pobreza relativa), más conflictos existen, más explotación hay (los talleres de ropa como ejemplo de la permanencia de las condiciones laborales -y salariales- del siglo XIX), y menos paro se registra. ¿Cómo se come esto? Porque hay trabajo y Trabajo. Y lo que da el sistema que propugna Slim es trabajo-esclavitud. Ni más ni menos.

Nos encontramos así con México, un país con un desempleo casi ridículo, a la altura de los países más desarrollados (por no decir por delante en varios puntos), pero con una alta tasa de hacinamiento (y eso que es un país grande), con una privación de educación para los menores realmente alta (del 13,7%, dentro de la OCDE, el que más), el segundo con más niños en hogares pobres de toda la organización (con 22,2%, solo por detrás de Turquía, España, con cuatro veces más de desempleo, tiene una tasa de 17,3%, elevadísima de todas formas, pero se ve que el empleo no es lo único que mitiga la pobreza), con una tasa de mortalidad infantil de 18.8, solo superado por Turquía (23,6), muy por detrás ambos del resto de países (que ninguno llega a las dos cifras).

Es, México, uno de los países con más desigualdad del mundo desarrollado, que permite tener gente como Carlos Slim como el más rico del mundo mientras concentra la mayor parte de hogares de pobreza relativa en toda la OCDE. Ojo, que México no solo tiene pobreza relativa (que es reflejo de la desigualdad), sino absoluta, el 4% de pobreza extrema (que viven con menos de 1,25 dólares diarios) y el 8,2% de pobreza absoluta (con menos de dos dólares diarios), esto en un país con pleno empleo casi.

Por otro lado tenemos países como los del norte de Europa (o casi todos los de la UE, para qué nos vamos a engañar), que si bien están destruyendo sus «estados del bienestar» nos encontramos con los índices más bajos en todo lo antedicho, o al menos, dando la pelea hacia abajo (con algunas excepciones, como puede ser España con la pobreza relativa, pero claro, ellos tienen cuatro veces más desempleo que México, y mejores condiciones en todos los rublos), y aun así con índices de desempleo más elevados que los compañeros mexicanos. Y por supuesto, sus jóvenes están académicamente más preparados y con mejor salud que los de México.

¿Se debe destruir toda política redistributiva? Que es lo que está proponiendo Slim cuando habla de que la pobreza no se acaba con «ni con políticas públicas y sociales de bienestar». Si tu objetivo es llenarte (tener más de uno en realidad, pero no muchos) de sujetos como Slim mientras el 22% de tus niños crece en la pobreza, pues adelante, hagan eso (es el camino que básicamente sigue México, y eso que tiene bastantes políticas relacionadas con la salud). La pobreza, sin políticas (re)distributivas, jamás podrá ser erradicada, el mero empleo no garantiza siquiera un ingreso mínimo suficiente para subsistir, y eso lo sabemos bien en la mayoría de países latinoamericanos (y de casi todo el mundo), cuando lo que se gana de jornal por empeñar toda tu vida al trabajo no llega ni para pagar la canasta básica de vida, incluso si eliminamos una política pública como el salario mínimo, nos encontraremos con salarios insuficientes siquiera para una comida al día (no digamos ya que dicha comida sea digna de tal nombre), en condiciones de semiesclavitud (peor incluso, al menos en esclavitud tenías techo y comida).

Algunos de los países con mejor calidad de vida, menos índices negativos (pobreza, desnutrición, analfabetismo, etc) y mejores positivos, tienen políticas redistributivas realmente fuertes, no hay que olvidar cómo está montada la fiscalidad (realmente elevada y progresiva) y el funcionamiento del Estado (políticas activas en todos los ámbitos) en lugares como Suecia, Finlandia o Noruega… Y aun así no son la panacea.

Durante el Siglo XIX (y actualmente en buena parte del mundo, sea dicho), uno vivía casi «encerrado» en la fábrica (sobre todo cuando las mismas estaban lejos de núcleos urbanos preexistentes), debía comer y vivir bajo el techo de la compañía, y esto no era gratis (al menos no siempre, según el trabajo muchas compañías sí lo daban puesto que era la única forma de conseguir trabajadores), al final del mes o la semana (el periodo de paga, sea el que sea) uno debía más dinero a la compañía del que ingresaba por su trabajo, se volvía en términos prácticos esclavo de la compañía que le explotaba (la cual sin ningún problema seguiría fiándote, finalmente querían tu mano de obra y que no te fueras, no que murieras de hambre, además, a todas luces te estaban estafando). Había empleo, pero existía una pobreza generalizada.

Las tasas de desempleo durante la revolución industrial eran cercanas a cero (siempre el suficiente margen para poder encontrar reemplazos para el trabajador despedido sin causa ni indemnización). La pobreza, por otro lado, mataba y a muchos. ¿Sacó de la pobreza el «chorreo» producido -que no se produjo ni se producirá- durante esos años? No, realmente se comenzó a salir de la pobreza generalizada, al menos en los países más poblados e industrializados, con el advenimiento (resultado de años de lucha) del llamado «Estado de Bienestar», o «Estado Social». No antes.

Y ahora viene un millonario a decirnos que hay que quitar el Estado de Bienestar para acabar con la pobreza. Claro. Sí. Ahora mismo. Corriendo.

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