Bolsa cae

Nacionalizaciones y medias nacionalizaciones

Dentro del marco de esa crisis económico – financiera el discurso único sobre el actuar del Estado dentro del mercado ha cambiado radicalmente, ya no se niega su participación en casi cualquier circunstancia, y salvo algunas pocas escuelas dentro del libremercadismo, ya nadie niega que el Estado no solo sea un agente económico, si no que se falló en los métodos de control: La mano invisible necesita de una ayudita, previa y posterior a la explosión de cualquier crisis.

Eso y que la autorregulación no sirve en tanto que algunos de los fundamentos teóricos de la misma no se cumplen (no hay transparencia ni confianza), y al no haber incentivos reales para cumplir con la regulación consensuada por los agentes del mercado y no existir mecanismos útiles de represión del incumplimiento, los agentes, ante la falta de confianza y transparencia, prefieren aguantar su propia vela sin mirar a estribor o babor.

En general, eso sí, podríamos afirmar sin equivocarnos (es lo que da el analizar el pasado) que los gobiernos han actuado tarde, y posiblemente mal. Hasta que el fuego no ha crecido demasiado no han actuado de forma realmente activa, hasta comprobar de la peor forma posible que ante una crisis globalizada las soluciones locales eran inútiles no se han juntado para hablar del problema. En cada país las razones por el retardo en la actuación son distintas, desde la ceguera de los gobernantes (que se fijan más en las encuestas que en la realidad que les golpea en la cara) como la testarudez de unas teorías que se tambaleaban y gritaban una corrección, la inacción marcó, como poco, el primer año entero tras la explosión de la gran burbuja inmobiliaria. A eso hay que sumarle unos bancos centrales que seguían aplicando fórmulas de bonanza en épocas de tormenta.

Además, las primeras actuaciones gubernamentales fueron parches puntuales, comenzando tal vez con la primera nacionalización de un banco en tierras inglesas, el Northern Rock pasó a manos del gobierno en una operación rescate que costó al gobierno, de forma directa o indirecta, unas cuantas decenas de millardos de euros. Y no sería ni el primero ni el último de los bancos en cambiar de dueño hacia una entidad estatal o paraestatal (como es el caso de la Reserva Federal estadounidense).

Junto con estas nacionalizaciones o seudonacionalizaciones (según el caso) nos encontramos con una serie de medidas directas de ayudas al mercado, los Bancos Centrales o similares comenzaron a inyectar dinero a expuertas al sistema para fomentar los préstamos interbancarios (base real del sistema financiero según cómo está concebido) y con ello los préstamos al resto de agentes económicos, contando los consumidores.

Mientras tanto, grandes instituciones financieras (sobre todo las de inversión y las hipotecarias vinculadas con los créditos subprime) iban cayendo, y según su naturaleza (emisora de títulos tóxicos o compradora de los mismos, claves dentro del sistema o simplemente grandes) los estados actuaban o dejaban morir al enfermo, dando una sensación general de arbitrariedad nunca resuelta y dejaba patente no cierta improvisación.

Las operaciones “rescate” eran de todo tipo, préstamos-regalo de dinero, aval por parte del Estado a la institución sobre sus deudas, mediaciones para que otras instituciones se lleven el banco a precio de saldo con el visto bueno del Estado (y en su caso, aval sobre la parte tóxica de la institución rescatada), o compra-regalo por parte del Estado de los títulos tóxicos (donde Estados Unidos se lleva la palma gastando una verdadera millardada en el tema) y por supuesto, nacionalizaciones totales o parciales, y esto es lo que acá nos interesa.

Cuando se habla de que el Estado comprará activos de entidades financieras para ayudar a que su precio en bolsa no se desplome y, además, inyectar liquidez de forma directa a la entidad estamos, realmente, hablando de una nacionalización parcial de la entidad financiera, y estamos aceptando que el Estado participe como un agente económico más en en el juego de los mercados financieros (algo hasta ahora totalmente prohibido dentro de los cánones a seguir en las economías de mercado).

En cambio, cuando hablamos de que el Estado comprará activos de una entidad para inyectarle liquidez, en gran medida por encima del precio del mercado, estamos ante una ayuda (subvención) directa o, en el mejor de los casos, ante un Estado como agente económico de importancia máxima.

Este es el momento en que nos damos cuenta que todos los discursos previos a estas fechas sobre el presupuesto equilibrado y la no intervención del Estado, además de la directa prohibición de nacionalizar nada (y que todo lo público sea privatizado) se descubren falaces, y resulta irónico que gobiernos que llevaron este tema como bandera principal sean los que se vieron “obligados” a realizar las más grandes intervenciones y nacionalizaciones.

Cuando algunos gobiernos decidieron nacionalizar los recursos naturales o empresas estratégicas dentro de su economía se puso el grito en el cielo, eso no se hace, repetían hasta la saciedad, hay que dejar al mercado funcionar, no paraban de decir, y hablaban, como no, de atentados a la libertad cuando un gobierno compraba parte de una empresa, esto es, realizaba una nacionalización parcial de las empresas. Y ahora ellos lo hacen.

La respuesta ante la pregunta de si hay incoherencia entre el discurso y la acción, se procede a contestar que esas entidades financieras son necesarias en el funcionamiento de todo el sistema, y por tanto, no se les puede dejar caer. A eso hay que contestarles que muchos de los recursos o empresas nacionalizadas son también fundamentales en el desarrollo económico y social de los países nacionalizadores.

Hace no mucho España vivió un desplante por parte de la UE por intentar mantener como propios una serie de astilleros para mantener su existencia y con ella parte de un débil tejido productivo de navíos, ahora esa misma situación la vive Polonia. No se debe nacionalizar ni tener en propiedad pública medios productivos, es el discurso oficial, pero a la hora de la verdad, en las grandes operaciones, la UE mira a otro lado, así tenemos que en todas las nacionalizaciones de bancos en Europa no hemos oído decir esta boca es mía por parte de la UE, las han permitido por pura omisión (nacionalizaciones totales o parciales), en cambio insiste e insistió en evitar otros procesos similares, de nuevo con la excusa de antes, nacionalizar es malo, salvo cuando es en sectores sensibles de la economía. Basta recordar que los astilleros normalmente representan el total de la economía en las zonas donde se ubican.

Lo curioso es cómo cambia el lenguaje, lo que antes era un atentado a la libertad ahora es una dramática decisión, lo que antes era afectar negativamente al mercado ahora es una forma de salvar el capitalismo democrático. Y es realmente indiferente si el Estado va o no a perder dinero (es interesante ver a los gobernantes rejurando que la medida no costará mucho, o que incluso, de acá a veinte años, podrá el Estado hasta ganar dinero… ¿ganar? ¿eso no estaba prohibidísimo y era una afección al mercado la mar de negativa?), es el hecho en sí, y cómo lo que antes estaba mal ahora está bien. Y en ambos casos las nacionalizaciones sirven básicamente para lo mismo.

Y esto recién ha comenzado. Siempre tarde y mal, eso sí.