CrisiS

No deja de ser interesante, para todos, economistas, analistas, politólogos y opinólogos de todos los tipos y tipologías (como su servidor), esta crisis financiera – económica y la reacción de los gobiernos, sobre todo de los países con administraciones más bien a la derecha del espectro político que llevan años denunciando cualquier intervención por parte del Estado.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Hay que situarnos bien, esta gran crisis mundial, que llena los diarios con titulares apocalípticos, tiene su origen en una excesiva especulación, con controles laxos en cuanto a las idas y vueltas fiscales y financieras, sumado a malas prácticas de todos los agentes implicados, la falta de información y transparencia en los préstamos y demás juego bancario, y las burbujas generadas entorno a todo ese proceso especulativo, el más claro ejemplo es el mercado inmobiliario, burbuja entre las burbujas, que además arrastra consigo un amplio espectro de sectores productivos y de servicios.

A ello hay que sumarle dos agentes más, que han influido decididamente en que todo explote de forma abrupta: Mucho tiempo con un precio del dinero bajo que permitió abusar de esta condición a demasiada gente, con el consiguiente varapalo cuando el dinero aumento considerablemente de precio y una inflación alta ocasionada, en gran medida, por el desmedido aumento del precio de los carburantes (que se ha limitado con la crisis) y de los alimentos básicos (otra vez nos encontramos con una especulación brutal).

Como toda crisis económica, quien paga los platos rotos de la alta burguesía, de las malas prácticas bursátiles y financieras en general, son los trabajadores, son los primeros en ver amenazados sus puestos, en sufrir la caída de la productividad, de quedarse, en pocas palabras, sin empleo o con uno amenazado y precarizado. Son las rentas bajas las que más sufren la inflación sumada a la falta de trabajo y limitación de los préstamos.

Pero aun así, hablamos de una crisis concreta, no es ni la más grave ni, mucho menos, la más peligrosa para el ser humano. No voy a quitarle importancia, pero si jerarquizamos las crisis de escala internacional que actualmente vivimos en el planeta nos encontraremos con muchas que superan en números rojos a la actual “nueva gran depresión”, sin ir más lejos, tenemos una crisis alimenticia (solucionable, según FAO, con unos 30 mil millones de dólares bien invertidos), tenemos una crisis de agua bastante grave (¡cuántos muertos al año por no tener agua potable!), tenemos una crisis sanitarias, donde siguen muriendo tantísimas personas por enfermedades para las que ya existe cura y que, incluso, se consideran extintas en los países ricos, tenemos guerras civiles, internacionales y otros conflictos que siguen matando miles de personas, tenemos una crisis real, palpable, que obliga a cientos de miles de personas a buscarse la vida lejos de su casa, arriesgando su vida para ir a un mundo mejor, que queda al norte…

Planteo una falsa disyuntiva, nos podemos preocupar de todas las crisis, las coyunturales y las estructurales, a la vez, no debemos plantear un “uno por uno”, en tanto que todas están de una forma u otra interrelaciopnadas, vinculadas y estructuradas, a fin de cuentas, en el mismo mundo y desarrollo social.

Pero no soy el único que plantea la falsa separación radical, o mejor dicho, la exclusividad de atender a unas crisis y no a otras, son ellos los que lo hacen, los que ahora solo ven esta crisis económica, han hecho que sea la única en los medios, la única que importe, la única que se lleva ayudas públicas a niveles nunca vistos (literalmente), la única de la que los políticos, tan arrodillados a los bancos que hasta patético resulta, quieren dar salida. Y se nota, se nota de verdad en su actuar, en lo rápido que están reaccionando, en cómo se ciscan en sus propias normas de competencia y cómo aparcan sus principios. Y no lo hacen por todos, porque todos nunca hemos importado, aunque la intervención (el tener que intervenir, no las intervenciones en concreto) sea sensata dentro del sistema estructuralmente insensato.

Hablamos, entonces, de esa crisis, la que preocupa a banqueros y políticos, y la que nos destruye al resto, la que, una vez que pase, dejará más brecha entre ricos y pobres, donde los pobres seguirán siéndolo, y los ricos se habrán reordenado, pero ahí se mantendrán. Eso sí, ha quedado patente para qué sirve el Estado, de esa crisis hablamos…