El policía de los Inmigrantes Corbacho, también conocido como Ministro de Trabajo e Inmigración realizó, hace unos pocos días (¿tres? ¿dos?) un anuncio la mar de grave: Se limitaban las contrataciones en origen. Y salvo el PP en un primer momento (que acogió con alegría la medida pidiendo más mano dura, cambiando de tercio rápidamente por boca de otro de los jefes y hasta salió Rajoy para decir “que no leñes, que lo de Corbacho era una barbaridad”) el resto de agentes sociales saltaron al cuello del gobierno. Y todos con razón. Todos por sus razones. Al final el gobierno reculó de mala manera, con la vicepresidenta cambiado los cuartos en vez de Corbacho (que espero tenga sus días contados en el Ministerio) y demostrando que este gobierno o no sabe lo que hace o hace lo que no sabe, la cosa es que “no se aclara“.

La cosa era grave, y todos los insultos de distinto tipo a Corbacho válidos: Xenófobo, racista, que quería acabar con el campo, que con eso destruiría la producción propia, etc., etc., etc. Y lo peor (que el primero en decirlo, además, fue uno del PP desautorizando de cierta manera a Soraya Sáenz de Santamaría): Con esa medida la inmigración legal desaparecía (digamos: Se reducía drásticamente) y la salida era clara, se favorecía entonces la inmigración ilegal. ¡Sensatez en el entendimiento de cómo funciona esto de la gente que hará lo posible para venir a Europa! (Porque, aunque muchos aun no se lo crean, ingleses incluidos, España está en Europa.)

Al gremio que escuché más rápido levantarse contra el gobierno fue al del Campo, a los agricultores, diciendo que sin contratos en origen de vendimias y demás se fueran olvidando los señores del gobierno, porque españoles que hagan esas ingratas y temporales tareas, ni el tato (máxime por los sueldos ridículos que pagan, es irónico ver a los andaluces yendo a la vendimia francesa mientras los rumanos, polacos, marroquíes y demás vendimian en suelo andaluz por las mismas fechas)…

Algunos comentaristas liberales comentaban que el problema de “necesitar” inmigrantes para esas tareas vienen por la “sociedad subvencionada” que prefiere no trabajar y cobrar el paro que hacer esos trabajos… Sí y no. Si supieran lo que pagan por hacer eso en España, y sin paro mediante, los españoles no se quedan a trabajar el campo acá, si no que se van temporalmente a otros países. Así que en parte (PER mediante) se vive mejor “sin” hacer esos trabajos (no son pocas las personas que trabajan unos meses al año en provincias distintas a la suya y viven de los réditos el resto del tiempo, y bien por ellos), pero si hay que hacerlos, se sale del país, no se quedan en España porque el empresario del campo acá o no tiene para pagar sueldos de verdad o no los quiere pagar (y no son los pequeños campesinos los que pagan mal, son los grandes propietarios).

Vuelvo al tema: los sectores sociales progresistas apuntaron al gobierno por xenófobo, que esta medida vinculaba paro con inmigracion de forma totalmente negativa, como si se culpara a los inmigrantes (encima a los legales) del paro actual (cuando, además, son los inmigrantes los que peor salen parados del crecimiento de la desocupación, ya que justo el sector que más copado está por la mano de obra barata que representa el inmigrante es el más duramente castigado y casi origen del problema en España), así pues, la medida de Corbacho era racista, peligrosa y retrógrada, pero teniendo en cuenta que los socialistas españoles aprobaron la Directiva de Retorno (bien llamada “de la vergüenza”), no sé por qué hay gente que se sorprende de esta cara de un gobierno que tiene la sinvergüencería de llamarse “socialista”.

Carlos Carnicero (conocidísimo socialdemócrata) escribió duramente contra Corbacho y la política actual del gobierno para el área de Inmigración (que dirige Corbacho, no lo olvidemos) donde concluyó:

Es una pena que José Luis Rodríguez Zapatero ocultará la intención de poner en práctica las políticas que está desarrollando por encargo del presidente el ministro Corbacho. Tal vez si se hubiera sabido en aquellas fechas electorales, los desplazamientos de voto útil desde Izquierda Unida y desde otros partidos minoritarios de izquierda hacia el PSOE no se hubieran producido porque hay muchos votantes socialistas que si pudieran gritarían: “no queremos que con nuestros votos, el ministro de Trabajo, por encargo del presidente Zapatero, haga el papel de policía de la inmigración”. Ese trabajo siempre le ha correspondido a la derecha.

A esto hay que sumarle la campaña puramente demagógica del PSOE en las pasadas elecciones, la compra de votos y medidas nefastas como los 400 euros (donde, sea dicho, los que menos tienen ni verán ese dinero, y los despedidos durante la crisis tampoco, tócate las narices con la medida socialista).

El tema no es si el PSOE “ocultó” o no la crisis (era algo obvio que se venía por la situación tanto nacional e internacional, pero todos fueron optimistas en general, es lo que toca en campaña, recordemos que el PP, Pizarro mediante, también falló, su plan económico se basaba en una economía creciendo al 2 – 3% si mal no recuerdo, que era menos que lo dicho por el gobierno, pero más que el 0 al que nos acercamos), si no lo mal que se está enfrentando a algunos temas. El gobierno, con medidas como la anunciada por Corbacho, quiere lanzar bombas de humo y termina haciendo explotar su propio chiringuito.

Espero sinceramente que pronto (más pronto que nada) Corbacho salga por la puerta de atrás del presente gobierno (demonios, nos está haciendo pensar que Jesús Caldera era un mago laboral y todo). El PSOE tiene muchas cosas que rectificar…