Es interesante cómo los promotores inmobiliarios (que ven cómo las ventas de las viviendas descienden, aunque los precios no se mueven mucho) han ido a llorar a todas las comunidades y se han acercado al Vicepresidente Segundo y Ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, para pedir ayudas a los compradores de pisos. “No pedimos ayudas para nosotros, sino para los compradores” suplicaron mientras ponían cara de cordero degollado. “Ellos necesitan los pisos”, recordaron. “Nosotros no pedimos ayudas directas al sector, como hacen otros, sino a los compradores”, matizaron. Y claro, avisan, porque hacer presión es importante, que el sector podría “prescindir” de la mitad de los empleos existentes, sin contar, claro, con los empleos indirectos…

Fíjense a quién se arriman, no a Beatriz Corredor Sierra, a la sazón ministra de Vivienda, para pedir que haya un buen plan de conversión de viviendas nuevas en una suerte de Viviendas de Protección Oficial o alguna fórmula nueva, no, nada de eso, los promotores inmobiliarios han ido a la fuente del dinero, que en España no es el Presidente del Gobierno, nada de eso, es Pedro Solbes, que a fin de cuentas es el que decide qué se hace con la plata de todos.

Al margen de ese detalle (que en todo el tema, como sólo se habla del plano macroeconómico o de la economía del sector y nos olvidamos que a fin de cuentas se habla de viviendas y tiene un ministerio para ellas solitas), Solbes ha respondido desde su corazoncito más bien liberal de una forma tal vez demasiado pro cíclica, esto es, dejando que el chaparrón se lo coman por completo las promotoras inmobiliarias (esas grandes especuladoras). Aunque no todo es malo para los trabajadores desde la morada de Solbes, bien dejó claro que se debería flexibilizar el mercado laboral (al menos en el sector), aunque con mayor “seguridad social”, a lo danés, vaya.

Eso sí, Solbes sabe que lo más indicado para que la crisis no se expanda son las medidas anti cíclicas justamente, por ello se insiste tanto en los cheques, los 400, y todas esas cosas, de las que ha pasado ser un opositor a entender cómo le puede servir, cómo se nota que al final las medidas no se ejecutan como se plantearon al público, como medidas sociales distributivas, cuando son o asistencialistas puras o anti -redistributivas o simplemente no progresivas (en las reformas fiscales), que funcionan como un “ingreso extra” para favorecer el consumo (todo ese dinero “dado” no será ahorrado).

Lo de las viviendas construidas y no vendidas es interesante, y el bajón de las ventas de viviendas usadas también, se producen dos fenómenos que se atoran entre sí, por un lado, los precios están muy por encima de los reales de mercado, o si se prefiere, del de producción y beneficio “considerable pero no infinito”, quiero decir, aún los precios podrían bajar sin que el sector perdiera, pero sí dejaría de ganar bastante (dejar de ganar y perder no es lo mismo, aunque muchas veces se plantee así), aunque sí hay casos de verdaderas pérdidas (no en las más grandes inmobiliarias y promotoras, por supuesto, que encima son las que más lloriquean), pero los promotores no quieren bajar los precios, lo reconocen, ya que si ahora las cantidades a pagar bajan perceptiblemente, los posibles compradores esperarán un poco más a que la vivienda baje de verdad, esto es, la vivienda aunque es una necesidad, normalmente la nueva puede esperar un poco haciendo un sacrificio, lo que sí podría degenerar en un estancamiento de la venta de pisos (o una disminución más que considerable, más que ahora con crisis encima).

Así que los empresarios del ladrillo quieren que los posibles compradores se animen gracias a la intervención del gobierno, hasta ahora nunca les había preocupado la vivienda como derecho (las de Protección Oficial), y ahora quieren que las ya construidas se reconviertan en dicho tipo de vivienda (o una intermedia), para que puedan ser compradas. Claro, con esa ecuación la promotora no pierde, ni se produce el “efecto espera” mencionado en el párrafo anterior. ¡Todo lo contrario! Los ladrilleros podrán seguir especulando con la vivienda a costa de todos. También quieren que el estado incentive la compra con las deducciones fiscales amplias.

Creo que no nos damos cuenta de algo, el subvencionar tanto la compra de vivienda frente a otros métodos que permiten la posesión correcta y útil de una vivienda (alquiler, por ejemplo) crea una verdadera dependencia de la economía al ladrillo en un tipo concreto de uso del mismo, lo cual es bastante negativo (no nos olvidemos por qué estamos como estamos, y claro, antes el dinero estaba más barato -tipos más bajos-, pero ahora eso no depende del todo del gobierno, y el BCE no quiere “presiones”).

Algunas de las medidas que están pidiendo los promotores, todo hay que decirlo, se estudian seriamente desde las administraciones de otras comunidades, así pues, Cataluña ya lleva unas semanas con un plan de reactivación del sector, que básicamente es más obra pública (estos han leído a Keynes), o mejor dicho, adelantar la planeada, más pisos de protección oficial (no tanto reconvertir los existentes, sino construir lo planeado para dentro de una buena cantidad de años en medio tiempo) y que la administración asuma parte de la subida de los tipos de interés. En Andalucía y Castilla-La Mancha planean otros tipos de VPO, por un lado, los andaluces estudian reconvertir unos 90 mil pisos en una vivienda con precio tasado (miedo me da) para familias con rentas inferiores a 40 mil euros anuales, los castellano-manchegos emprenderán la aventura de cambiar solares para viviendas libres en solares para VPO, donde el gobierno hará listas de demandantes de las viviendas para asegurar su compra. En Madrid, en cambio, se emprende otro camino, que es subir bastante el precio de las VPO por una razón y con un objetivo, la razón es que llevan años, dicen, sin actualizar el precio, el objetivo es que con el precio más alto los constructores hagan más de estas VPO. Pero claro, subir el precio no beneficia a los más necesitados de viviendas… Pero eso no es lo que importa, sino la cifra macro final.

Pero volvamos a Solbes. Él lo tiene claro, aunque aumente el paro, las arcas públicas no se resentirán demasiado (que para algo hay superávit, dice), y las prestaciones de desempleo (no piensa en todos esos trabajadores que están “en negro”, que en el sector de la construcción, lamentablemente, son demasiados… pero claro, la mayoría inmigrantes, y esos pueden irse) reactivarán la economía mediante el consumo. Y de todas formas, afirma desde una perspectiva del mercado impecable, que todos esos liberales deberían aplaudir, que el mercado se autoajustará más rápido si no mete mano, ya que toca que el sector se entere que ha construido más de las necesarias (en España no hay un problema de falta de viviendas, incluso hay demasiadas vacías, lo que sí existe es un problema de “ahorro mediante ladrillo”, o directamente de especulación pura y dura).

Lo interesante de la propuesta de Solbes (no por ser liberal para liberales que no quieren, ahora, mercado libre) es que quiere “reciclar” a los trabajadores, dice que hay que apostar por los sectores que pueden absorber a los próximos desempleados (lo veo difícil en muchos de los perfiles típicos de la construcción, pero habrá que ver qué plantea el ministro de trabajo -espero que lo plantee él-).

Ahora, ya que hay muchas viviendas que no se venden, y se dejará de construir bastante (un respiro para la corrupción urbanística, que se podrá tomar sus merecidas vacaciones tras cuarenta años de destruir el país), tal vez habría que replantear el sistema propietario y favorecer los alquileres, y hasta dar buenas ayudas en ese sector. Incluso, aprovechar los planes de muchos ayuntamientos y comunidades autónomas que gestionan el proceso de alquiler e incluso aseguran la fianza y el pago mensual, con lo que se favorecería la ocupación de esas viviendas, se cubrirá la necesidad real de vivienda y los promotores irán ingresando alguito. Oh, y ya no tendríamos problemas con los créditos hipotecarios y el precio del dinero, la petición de hipotecas bajaría un poco al menos…