Para poder tener un debate serio, siempre se deben evitar las falacias; se debe partir, además, de la buena fe de la otra parte. No hay otra forma de poder hacerlo. Pero a veces la otra parte construye su propio hombre de paja, la otra parte se empeña en mostrarse incoherente a rabiar y ¿con cuál de sus posturas contradictorias debes hablar? A veces eso pasa cuando quieres debatir sobre la realidad mostrada por los medios. No puede ser que un medio te hable de la escasez de la oferta de vivienda, de la necesidad de construir más y luego te cuente cómo hay viviendas vacías por todos lados, sin ningún análisis de por medio; no puede ser que un medio te diga y rediga que el problema del precio de la vivienda en el alquiler está en unos topes impuestos por una ley, así como las dificultades para ejecutar alzamientos, y luego te cuente que en una zona donde hay un serio problema del precio no se topan los precios porque el gobierno autonómico no aplica esa potestad dada por la ley y, además, la morosidad real es baja, sin más análisis; no puede ser que un medio te esté insistiendo machaconamente en las ocupaciones y lo que esto afecta para pequeñopropietarios, donde señalan que hay una caza de brujas contra inexistentes grandes tenedores, y, en la noticia siguiente, te hablen del imperio de veinte mil viviendas en manos de una empresa alemana (nota en tono positivo, en plan: «miren a estos muchachos, qué listos y cómo hacen negocio con la vivienda en España, son unos cracks»). Ah, y, por supuesto, callan sobre la cantidad de viviendas que sí tienen los grandes propietarios. Por supuesto, no se analiza el conjunto de posibles causas y consecuencias, solo se sueltan datos más bien contradictorios.
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