A vueltas con el SMI (otra vez)

Pancarta Primero de mayo

Últimamente ha crecido una narrativa en contra del salario mínimo interprofesional (SMI, en adelante) basadas en que la inflación ha subido mucho y el SMI es insuficiente, y esta inflación es culpa del gobierno, así que, en una cierta cabriola lógica, se estaba mejor en 2016 (fecha que muchas veces ponen de referencia simplemente porque es «hace diez años») con un SMI bajo. Por un lado, parecen querer decir que la inflación es culpa del aumento del SMI o que el SMI, en todo caso, no cubre la inflación… pero entonces el problema sería que el SMI sigue siendo bajo, no que estábamos mejor cuando era aún más bajo.

Esta crítica suele partir de una visión puramente subjetiva («yo pagaba menos alquiler antes que ahora», «ahora más parte de mi salario se va en alquiler y comida y antes no era así»), sin dudas, hay rubros que han subido mucho más que el IPC general (en concreto, podemos pensar en la alimentación y la vivienda) y compara, muchas veces, dos cosas distintas; quiero decir, esa crítica y esa postura suele venir acompañada de una comparativa con el salario medio (no con el mínimo) o hablando del poder adquisitivo medio (nuevamente, no con el SMI) o, incluso, comparando lo que ahora se paga de media de alquileres con lo que pagaba de manera individual (en vez de compararlo, en su caso, con la media de alquileres de hace 10 años) y, a la vez, ambas cifras se comparan con el SMI. Si comparas el SMI con el alquiler medio, lo mínimo sería comparar anualidades y cantidades medias de ambos periodos, no una experiencia personal en un alquiler con el SMI del momento (donde, además, seguramente hace diez años las necesidades de vivienda de quien hace esa crítica desde su experiencia no eran las mismas que en la actualidad).

En otras palabras, si en 2016 el alquiler medio ofertado (según fuentes poco fiables como Idealista, pero muy citadas por la prensa de derechas) era de 7,7 euros el metro cuadrado en abril de 2016 y en abril de 2026 era de 15 euros el metro cuadrado, tenemos una subida de 94,81 %, mientras que el SMI ha subido el 83,55 % en ese periodo, eso nos da que, respecto al precio medio, una casa de 65 m² saldría a un 65,47 % del SMI, mientras que en 2026, esa misma casa saldría al 68,44 %, y esto, de manera innegable, es un problema. Pero es que la vivienda está disparada independientemente del precio del SMI (del precio de la vivienda ya hablé en otra entrada) y si no hubiera subido el SMI el problema sería mucho mayor. No ha comido «tanto» el alquiler sobre el SMI, roza los 3 puntos más. Sí, es mucho dinero. (Y hoy la situación es peor que hace dos años, porque aunque no lo parezca, el SMI no ha subido lo suficiente en los últimos dos años… bueno, hay años que se ha quedado por debajo del IPC).

Variación anual del IPC y del SMI
Variación anual del IPC y del SMI 2017-2026 (IPC anual de abril de cada año). Gráfico de elaboración propia, fuente de los datos: RD que establecen los SMI e IPC del INE.

Pero, aunque es cierto que el alquiler ha subido por encima del SMI, el resto de los precios lo han hecho muy por debajo de esa variación. El IPC ha subido en un 33,50 % de 2016 a 2026 (de abril a abril), los alimentos, que es una de las cosas que más lo hemos notado, ha subido un 47,48 %, pero en ambos casos (en todos menos en la vivienda en alquiler), la subida del SMI está muy por encima de la inflación, esto nos lleva a que el poder adquisitivo del SMI ha tenido un aumento real interesante: el poder adquisitivo (salario real) del SMI ha aumentado en más del 37 %. Ojo, el año pasado, en esos mismos términos, estábamos mejor que este, ¿por qué? Porque, siempre tomando como referencia la inflación de abril, la subida del SMI de 2025 a 2026 ha sido inferior al IPC anual de ese mes (durante el año, el SMI va modificando su relación con la inflación simplemente porque no se actualiza automáticamente).

Incluso con esta consideración, en que el esfuerzo en vivienda ha crecido sustancialmente, el SMI le gana la partida al precio de la vivienda en cuanto a que deja más dinero disponible «neto real» para adquirir otros productos; quiero decir, si en términos reales el SMI se ha revalorizado mucho (más del 37 %), podemos quitar el coste de la vivienda y comparar los netos (lo que se usaría para el resto de la vida, fuera de la vivienda) y se ve que el neto real del SMI, para alguien que está con un alquiler medio, sí ha aumentado (22,18 %), su calidad de vida ha mejorado.

El aumento del SMI es lo que permite que las clases bajas de este país no se hayan quedado en la miseria por el alza descontrolada de los precios y de algunos productos básicos; esto no significa que la calidad de vida en general haya mejorado, pero tampoco se puede usar como argumento para decir que «a pesar del SMI» se estaba mejor en el 2016, máxime cuando la pandemia fue una crisis mundial y el alza inflacionario ha sido bastante generalizado en los países con economías como la española (o sea, no es una excepción).

Los salarios en España son bajos (comparándolos con los principales países de la UE), esta es una realidad constante; los salarios reales en España están estancados (con la referencia del IPC medio anual, entre 2024 y 2016, el salario medio ha crecido 3,11 % en términos reales, según datos del INE; en el mismo periodo, el PBI de España subió un 41,97 %). Los salarios nominales han aumentado por encima de la inflación (en general) pero muy por debajo de determinados bienes de primera necesidad que se llevan buena parte del salario (como son los alquileres, siendo que en torno al 25 % de la población vive bajo esta forma de tenencia de la vivienda).

No se puede decir que quien tiene un SMI ha sido especialmente perjudicado por la subida de los alquileres, al contrario, quienes mejor han aguantado esa subida son las personas que cobraban el SMI en 2016 y hoy siguen cobrando el SMI, el problema está en toda la demás gente, en realidad: haciendo el mismo ejercicio que con el SMI, un salario medio en 2024 dedicaba el 34,33 % de sus ingresos en un alquiler medio; el salario medio en 2016 dedicaba el 25,94 %, es un aumento de casi 8,4 puntos de mayor esfuerzo. En otras palabras, buena parte de la ganancia real de estos años, en un contexto de cierto estancamiento de los salarios, se transfiere como ganancia para quienes tienen un bien básico en el mercado.

El SMI ha ido creciendo en cantidad de personas que lo cobran, partía de algo menor a sobrepasar lo pactado en muchos convenios colectivos para varios grupos profesionales, con lo que las empresas se ven obligadas a complementar salarios para alcanzar el SMI, esto ha sido presentado como una verdadera debacle: somos más pobres porque más gente cobra el SMI… y esa es una lectura antieconómica de lo que ha ocurrido, que obvia el fuerte aumento del SMI en ese proceso. ¿Acaso los salarios habrían crecido más si el SMI no se tocaba? No, lo que habría pasado es que esa gente estaría cobrando, en términos reales, menos de lo que cobra ahora. Quiero decir, que si ahora cobras el SMI (1221 en 14 mensualidades) y tu CC dice que deberías cobrar 1000, si no fuera por el SMI, tendrías un salario menor ahora. ¿De verdad creemos que es «malo» cobrar el SMI cuando las negociaciones colectivas estaban estancadas y los salarios crecían muy por debajo de la inflación? El SMI ha subido el suelo de la negociación salarial.

Existe un argumento usado contra la subida del SMI vinculado a que al subir tanto esto perjudica a otros salarios, simplificando mucho: «como sube el SMI, no suben los convenios»; toda la experiencia previa de la negociación colectiva desde que comienzan a desindexarse las actualizaciones salariales en los CC demuestran que eso no es así; en periodos donde el SMI se ha estancado, movido poco o subido apenas por encima del IPC, los convenios han ido a su propio ritmo (y muchas veces, por debajo de la inflación).

Los salarios no dependen de la productividad (que ha subido muchísimo más que los salarios) ni de la bondad de nadie, dependen del poder de negociación de las partes (hace mucho escribí en De Igual a Igual sobre esto).

El SMI no afecta negativamente a la negociación colectiva, aunque tampoco la impulsa; por un lado, permite a la bancada sindical saber que hay un suelo y no tener que luchar por alcanzar algo medio digno, porque el SMI más o menos lo es, pero, por otro lado, no genera una necesidad confrontativa de la base de las personas trabajadoras contra condiciones económicas indignas, en tanto que el suelo es medio digno.

De hecho, el problema salarial en España se ha dado por el estancamiento en los convenios, sea porque no se firmaban nuevos (sectores con convenios de más de 5 años congelados) o porque se había firmado o prorrogado alguno antes de la crisis de la inflación de los últimos años (con lo que las subidas pactadas en el CC estaban muy por debajo del IPC, recordemos que el IPC medio del 2022 fue de 8,4 %, unos 5 puntos por encima de la subida media de los convenios). Mal que bien, ante un estancamiento de convenios colectivos y de salarios, el SMI obligó a subir muchos salarios que, de otra manera, no habrían variado.

Pero sí es cierto que se ha disparado el número de personas trabajadoras que cobran el SMI o, como mucho, dos SMI al mes. Esto es, ese grupo antes representaba al 32,62 % en 2016 y ahora son el 58,88 % para 2024 de las personas trabajadoras a tiempo completo (según la Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE). Es significativo porque mucha gente siente que su salario va en retroceso… y es que es cierto; los salarios de los grupos profesionales medios se han visto perjudicados, los salarios en sectores con poca negociación colectiva se los ha ido comiendo la inflación. Pero son dos elementos que no dependen del gobierno. (Bueno, un poco sí, de la legislación laboral; por ejemplo, dando más o menos poder a la negociación colectiva, así las reformas durante el gobierno de Rajoy fueron un duro golpe a la negociación y permitieron el estancamiento salarial).

Cuando se hacen discursos en contra de la subida del SMI, o se está comprando un falso relato en que la subida del SMI perjudica al resto de salarios (algo que simplemente no es cierto, no tiene ninguna base, la experiencia no demuestra eso); o se está tiñendo todo de un discurso aporafóbico indirectamente, clasista de todas formas, donde se ve mal, en realidad, que las clases más bajas tengan importantes subidas salariales que no están teniendo el resto de clases trabajadoras. En vez de plantear el problema desde la lucha de clases, desde la reivindicación de mejoras salariales, desde la movilización colectiva para que suban todos los salarios como mínimo el IPC y algún punto extra (como se hacía antaño), lo que se quiere es que «el otro» no se te acerque en salario, parodiándoles un poco sería algo así lo que están diciendo: «¿por qué yo, supertécnico cualificado, cobro poco más del SMI?, ¡ha subido mucho el SMI!, ¡que no suba tanto, que se queden con las sobras!»; esta postura es cainita, absurda y contraria, justamente, a la unidad de clase que se requiere para poder luchar por una subida salarial real de todas las personas, es del egoísmo infantil de «si no me suben a mí, que no suban a nadie».

Aquí un pequeño inciso en toda esta discusión: cuando se habla de «salarios reales», más de una vez he visto la comparativa con el IPC para decir cosas como «miren cuánto ha subido el IPC y lo poco que ha subido el salario real»… el salario real ya descuenta el IPC, esto es, no es como comparar la variación del salario nominal con la inflación (esto es correcto), es restar dos veces la inflación al salario y eso sería hacer trampas al solitario.

Ahora bien, estamos hablando de los salarios medios y del SMI, pero es que la película no se cuenta igual en todos los sectores o para todas las profesiones, así pues, si trabajas en ocupaciones de «Trabajadores cualificados de las industrias manufactureras, excepto operadores de instalaciones y máquinas» (-1,81 %), «Trabajadores cualificados de la construcción, excepto operadores de máquinas» (-1,51 %) o «Técnicos; profesionales de apoyo» (-1,27 %), tu sensación seguramente sea cierta (máxime si vives de alquiler, que ha estado disparadísimo con respecto al propio IPC) y has perdido poder adquisitivo. En otras ocupaciones, el poder adquisitivo real ha subido mucho más que la media de todas (por poner dos ejemplos. «Empleados de oficina que no atienden al público», 12,39 %, y «Trabajadores cualificados en el sector agrícola, ganadero, forestal y pesquero», 12,14 %).

De la misma manera que no todas las ocupaciones tienen la misma suerte (y que dentro de cada ocupación hay gran disparidad entre sectores), tenemos que si trabajas en «Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado» tengas la sensación de que todo tu entorno de compañeras y compañeros viven peor (y en ese sector el salario medio ha caído en 8,17 %) mientras que si tu entorno es el del sector inmobiliario (un aumento del 11,59 %) o educación (16,80 %) tu sensación sea otra. O no, si tienes alquiler. (Todos estos cálculos hechos con «Ganancias medias» de la Encuesta anual de Estructura Salarial del INE de 2024, ajustados con el IPC medio anual, también del INE, tomando como punto de comparación el 2016). Si vemos la evolución anual, podemos más o menos comprender qué ha pasado:

Evolución (variación anual) del salario medio real con 2016 como punto de partida. Gráfico de elaboración propia. Fuente de los datos: Encuesta de estructura Salarial del INE y el IPC del INE.
Variación anual del salario medio real con 2016 como punto de partida. Gráfico de elaboración propia. Fuente de los datos: Encuesta de estructura Salarial del INE y el IPC del INE.

También podemos ver la comparativa de todos los años con respecto a 2016:

Variación del salario medio real comparándolo con 2016 por sectores económicos.
Variación del salario medio real de cada año comparándolo con 2016 por sectores económicos. Gráfico de elaboración propia. Fuente de los datos: Encuesta de estructura Salarial del INE y el IPC del INE.

La pandemia de 2020 supuso un parón importante y una restructuración salarial, viviendo un poco de las rentas de los convenios anteriores y de las medidas de protección social, que sufren un gran parón con la crisis de inflación de los años siguientes (que aún arrastramos), donde los convenios no se ajustan al momento inflacionario (todo lo contrario, en muchos sectores, ante las peticiones sindicales de actualizar salarios como mínimo con el IPC, realmente alto, la patronal se levantó de la mesa y dejó congelados los salarios).

También podemos ver que, efectivamente, hay años en que el salario medio real pierde capacidad adquisitiva con respecto al año anterior, aunque los salarios medios reales siempre han estado por encima del de 2016 (aunque prácticamente a cero en 2022 y en 2018, y la mayoría de sectores estuvieron en negativo en 2022).

En España, en 2016, el porcentaje de la población en riesgo de pobreza era el 28,8 %, en 2025 fue del 25,7 (datos de Euroestat); lo cual está muy por encima de la media de los 27 (20,9 %); este dato no ha tenido una bajada estable, más bien, con la pandemia alzó bastante (sin llegar a lo de 2016) y luego ha comenzado su nuevo descenso. Está lejos de ser un dato positivo, sigue estando en el debe del gobierno, sin dudas, pero no podemos decir que hoy se vive peor que en 2026, no si nos fijamos en las clases más necesitadas.

Si pensamos no solo en el bruto salarial y su posición frente al IPC, podemos afinar más y ver qué perfiles de hogares han perdido capacidad adquisitiva y buscar la raíz de esa pérdida (en buena cantidad de casos, la subida absurdamente alta de la vivienda) y, mientras luchamos en conjunto para que todos los salarios crezcan, atajar los problemas concretos que afectan a grupos determinados de población (como la crisis de la vivienda). Esta sería, creo, una postura más constructiva y útil que minusvalorar una de las pocas cosas relativamente positivas que ha hecho este gobierno (mejorar el poder adquisitivo del SMI) simplemente para atacar al gobierno o para atacar las bases de uno de los sustentos de las clases bajas del país (el propio SMI).

Ninguna de las previsiones catastrofistas que se hicieron en 2019 (cuando se subió más del 20 % el SMI) se han cumplido (en 2020 ya hablaba sobre esto), así que van cambiando el discurso para mantener un ataque constante al SMI que, además, va calando en algunos de los argumentos contradictorios que usan.

Variación anual del IPC medio y variación anual del precio medio de la vivienda ofertada en alquiler (Fuentes: INE para el IPC e Idealista para el precio de alquiler, referido a abril de cada año).
Variación anual del IPC medio y variación anual del precio medio de la vivienda ofertada en alquiler (Gráfico de elaboración propia. Fuentes de los datos: INE para el IPC e Idealista para el precio de alquiler, referido a abril de cada año).

El capitalismo nos está mostrando su cara más especuladora con bienes básicos, en el momento que ha vuelto a mirar a la vivienda (tras ese pequeño parón por la crisis que el sistema mismo provocó) se han disparado los precios y quienes mantienen y apoyan ese mismo capitalismo usa el sistema de medios y sus muletas políticas para desviar la mirada sobre el principal causante del problema, dándonos relatos con falsas comparativas para generar una nostalgia sobre una realidad que ni existía… en 2016, según Idealista, que es donde se ha referenciado todo el tema de la vivienda, el precio comenzaba a crecer varios puntos por encima de la inflación; a principios de 2014 se toca suelo en el precio de los alquileres ofertados –tomando como primer año el 2006–, comienza a subir para 2015, y los siguientes años se dispara, así que en 2016 el alquiler subió un 4,05 % –en un año con una inflación media de -0,2 %–, en 2017 fue de 11,69 % –inflación media de 2 %–y en 2018 la subida fue de 13,95 % –inflación media de 1,7 %–, los siguientes años, por efecto de la pandemia pero también del tope para determinados alquileres, el precio aguanta y vuelve a dispararse posteriormente (muy vinculado a la finalización de contratos); en general, siempre muy por encima de la inflación y esto independientemente de la variación del SMI.

El SMI es insuficiente, no es una política social ni distributiva (no realmente), pero es necesario que mantenga un pulso alcista ante una deriva en que, si no fuera así, las clases bajas estarían en mayores problemas de lo que ya están. Atacar al SMI porque otros elementos de la economía están mal es bastante tramposo, una cosa no quita la otra (al menos, las que más se usan para estos ataques).

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